El kiosco de San Hipólito lucirá en breve como nuevo


El "pabelloncito" se construyó en 1925 para la venta de tabaco y terminó su actividad en 1991 como administración de lotería

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Proyecto del kiosco de San Hipólito (1925). /Foto: GMU

Cuando la plaza de las Tendillas no existía tal y como se conoce en la actualidad, la actividad pública de los cordobeses se concentraba en el primer tramo del Gran Capitán. En esta avenida con aspecto de bulevar, se desarrollaba buena parte de la actividad social de los cordobeses con dos clubes, el Mercantil y el Labradores; tres teatros: el Gran Teatro, el Duque de Rivas y el Salón Ramírez, así como los primeros hoteles con el concepto moderno de su época: el Simón y el España y Francia. Tampoco hay que olvidar el Palacio de la Audiencia y los palacetes de los marqueses del Mérito y de Gelo o del conde de Cárdenas.

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Gran Capitán, a comienzos del siglo XX. /Foto: LVC

Todo esto convertía al Gran Capitán como el mejor escaparate de la ciudad, donde era casi imprescindible estar, tanto para ver como para ser visto. Se podía pasear a pie o en coche, pero había que ir al Gran Capitán si de verdad se le quería tomar el pulso a la ciudad en las décadas finales del siglo XIX o en las primeras del XX.

Aquella zona se dotó con kioscos de prensa adosados a los muros de los templos del Gran Capitán, San Nicolás y San Hipólito. Por cierto, en un lateral de la Colegiata había un elemento urbano que se consideraba imprescindible en esta época, como es un urinario, similar al que había en la calle Fitero o en el centro del Patio de los Naranjos, sí, dentro de la Mezquita-Catedral.  Todos ellos estuvieron envueltos en la preceptiva polémica por la mala imagen que ofrecía de la ciudad, hasta que poco a poco fueron desapareciendo. El mismo lugar que ocupó el urinario de San Hipólito dio paso en 1925 al kiosco que, con diversos usos, estuvo activo hasta hace unas décadas y que la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU) va a restaurar para devolverle la calidad que tuvo en un principio.

Un proyecto de la Gerencia de Urbanismo

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Proyecto original del kiosco de San Hipólito (1925). /Foto: GMU

Las obras van a comenzar en unas semanas y se va a ejecutar el proyecto elaborado por los arquitectos Rafael García Castejón y Rosa Lara. En el mismo se hace un pormenorizado estudio del minúsculo recinto para recuperar los valores estéticos que tuvo hace casi un siglo. Además, este trabajo se completa con un recorrido documental en el que se ve los avatares que tuvo un kiosco que llegó para la venta de tabaco y terminó sus días como administración de lotería.

En el expediente se señala que el PGOU no contempla ningún tipo de protección sobre el mismo, aunque “es cierto que reúne una serie de características arquitectónicas que hace interesante su conservación y puesta en valor”, ya que “se trata de un proyecto y obra representativos de una época de principios del siglo XX”.  

La intención es recuperar la decoración original, actualmente oculta, como es el caso de la crestería situada sobre el alero del tejado o los azulejos que hacen referencia a su actividad como estanco y que están tapados por varias capas de pintura. También se pretende recuperar la policromía original y reponer los elementos perdidos con el paso del tiempo. Lógicamente, se dotará de los servicios imprescindibles para su funcionamiento, como luz, agua, voz y datos, así como aire acondicionado.

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Esquina de San Hipólito antes de 1925. /Foto: LVC

La historia, como se ha dicho, arranca en junio de 1925, cuando el arquitecto Vicente Macho presenta en el Ayuntamiento un proyecto para la construcción de un “pabelloncito” que venía a sustituir un estanco que estaba adosado a la fachada de San Hipólito recayente al Gran Capitán. El motivo del cambio era que ocupaba bastante espacio de la acera, lo que da una idea del alto tránsito de personas que lo frecuentaban en aquella época. El solicitante propone ubicarlo en el lugar en que estaba el urinario, lo que no obstaculizaba el paso de carruajes, “dando así más realce a este trozo del acerado y a esta fachada del edificio”.

Un kiosco “digno del paraje donde está instalado”

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Proyecto del kiosco de San Hipólito (1925). /Foto: GMU

A los cuatro años propuso una diversificación del negocio y pidió al Ayuntamiento permiso para vender “libros de literatura”. Para ello, solicitaba también que se le permitiese colocar en el lateral del mismo, junto a la puerta, una vitrinas de seis centímetros de profundidad, para poder exhibir la mercancía.

José González propone en el verano de 1940 darle otro giro de tuerca al negocio y pide poder vender “bebidas refrescantes y espirituosas”. La curiosa explicación que da para justificar su solicitud se base en que la venta de tabaco no da para los gastos de personal ni para abonar el canon anual que debe satisfacer por la concesión y que se fijó en 1925 en 7.500 pesetas. Además, argumenta el “elevado importe que supuso en su día la construcción del referido kiosco en su forma artística, digno del paraje donde está instalado, que motivó como consecuencia al considerársele como establecimiento de lujo, al establecerle un canon por arbitrios en cantidad muy superior a la que vienen pagando los demás kioscos”.

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Estado actual del kiosco. /Foto: LVC

Tras un largo intercambio epistolar, el concesionario se quedó sin poder vender bebidas alcohólicas y sin ver reducido el canon municipal, por lo que tuvo que seguir con el tabaco y con los efectos timbrados, tan frecuentes en la época.

La siguiente etapa arrancan en 1961, cuando tras una reforma en el alero, el kiosco se convierte en administración de lotería. Esta circunstancia estuvo envuelta en una serie de avatares que hicieron que se subarrendase sin conocimiento del Ayuntamiento, lo que aceleró el final de la vida activa del kiosco en 1991, que es cuando cierra la persiana definitivamente.