Carmen Gálvez, psicóloga : “Se han respetado las necesidades sanitarias pero se ha atentado contra las psicológicas”


Carmen Gálvez./Foto: Irene Lucena
Carmen Gálvez./Foto: Irene Lucena

La clínica está silenciosa y esto se debe, además de por la temprana y calurosa hora de la tarde en la que nos abre sus puertas, a las medidas profilácticas de la ‘nueva normalidad’ que obliga a ser más estrictos con las citas previas para evitar contactos humanos. Pero el contacto humano es necesario: verse, hablarse sin máscara, darnos la mano, un abrazo. Sin él perdemos el equilibrio emocional. De eso venimos a hablar con Carmen Gálvez (Lucena, 1978) que es psicóloga sanitaria y entre otras cosas, ejerce la docencia en la Universidad Loyola y dirige Psikos, una clínica en Lucena con varios años ya de experiencia y en la que solo trabajan mujeres: cinco psicólogas más, dos psicopedagogas, dos logopedas y una psiquiatra. Mujeres desbordadas atendiendo pacientes porque el confinamiento, la epidemia, la crisis y el estado de alarma nos han dejado tocados. Buscamos alivio para la angustia, estrategias para sobrevivir, algo de calma ante la incertidumbre. En marzo quizá solo pensamos en rebajar unos kilos de cara al verano y resulta que en este verano lo que sobra no es peso, que también, sino ansiedad.

 

 ¿Padecíamos una epidemia emocional antes que la vírica?

Lo que pasa es que los trastornos de salud mental están  muy difuminados y tampoco existen los recursos necesarios para atenderlos como merecen. Ahora hay una demanda en psicología porque lo que ha ocurrido tiene unas consecuencias y viene una pandemia emocional, que es lo que estamos viendo. Una auténtica avalancha de consultas. Yo llevo 17 años ejerciendo y más o menos se conoce la demanda, pero ahora los profesionales de la psicología – que también somos personal sanitario- estamos desbordados después del COVID. Cuadros de ansiedad, de hipocondría, trastornos obsesivos compulsivos y cuadros depresivos que se han acentuado mucho sobre todo en personas jóvenes, en adolescentes. Eso también ha sido muy llamativo, porque adolescentes que antes ya tenían un estado de ánimo más bajo estaban más a salvo por sus rutinas: salir de casa, ir al instituto, estar con los compañeros… Pero te quedas en casa, no hay horarios ni salidas, no están los amigos ni el instituto. Ahora que pueden salir sorprende la cantidad de chicos jóvenes, de 15, 16 o 17 años que están manifestando esos cuadros depresivos. Eso, junto con la ansiedad que es lo que más se ha incrementado, además de la hipocondría. Es lo que estoy viendo y también me comentan compañeros con los que mantengo contacto, y coincidimos en ello. Los estudios que se están realizando desde China a EEUU sobre cuales son los síntomas más acusados también coinciden.

O sea, que no hemos salido más fuertes.

En algún caso habrá podido beneficiar el confinamiento. Por ejemplo, los cuadros de estrés han mejorado. Quien estaba en un episodio de estrés grave, parar, relajarse y conectar un poco consigo mismo pues ha podido ser beneficioso.  Pero los cuadros de ansiedad y depresivos han aumentado. ¿Más fuertes? Como sociedad deberíamos reflexionar sobre lo que está ocurriendo. Nos hemos privado de muchos estímulos. Los adolescentes se han quedado solos en sus habitaciones con la tecnología. Eso nos demuestra que no es el camino para estar bien emocionalmente, que necesitamos contacto social, rutinas, salidas. Corrobora cosas que los psicólogos ya sabíamos. No hemos descubierto nada distinto.

Necesitamos contacto social, rutinas, salidas. Corrobora cosas que los psicólogos ya sabíamos. No hemos descubierto nada distinto.

Da la impresión de que existe una fragilidad emocional en la adolescencia muy acusada ¿Estamos criando a nuestros hijos entre algodones?

Efectivamente. Es verdad que ahora mismo algunos han sacado otros recursos y otros muchos han conectado con sus familiares, familias que se han unido más. Pero en otros casos, los más sobreprotegidos, y con esta situación, lo han pasado mal.  En casa uno se encuentra a solas consigo mismo y si no posees recursos internos el confinamiento pasa más factura a los adolescentes y a los adultos también. Hay adultos que han disfrutado el confinamiento porque se han reencontrado. Tienen vida interna. Y eso es importante como algo preventivo, porque depender de estar continuamente saliendo o de fiesta y no cuidar algo que realmente te llene puede ser un problema.

Carmen Gálvez./Foto: Irene Lucena

Esta es una sociedad muy preocupada por la salud física: gimnasios, dietas, centros de belleza… ¿Y la salud mental?

Estamos todavía a años luz. Si me permites la expresión, somos bastante analfabetos en ese nivel como sociedad, de manera general. A veces les explicamos cosas a pacientes cuando acuden a consulta y se quedan sorprendidos. “Ojalá esto me lo hubieran explicado con 15 años, o 18. ¡Cuánto sufrimiento me hubiese ahorrado!”. Y soy consciente de la gran evolución que hemos tenido como sociedad desde que yo empecé a ejercer hasta ahora, ante la figura del psicólogo. Había mucho estigma, muchísimo. Yo observo que, a veces, a mayor nivel cultural, más se demanda esa atención del psicólogo. Es algo que ya se está normalizando porque también estamos asumiendo que yendo al psicólogo podemos aprender cosas: cómo funcionan tus pensamientos, qué emociones son sanas y cuales no tanto… Nos estamos educando en una sociedad tan hedonista que cuando hemos tenido que sufrir el estar encerrados ha habido personas que no soportan sentir ciertas emociones que son humanas. Y eso es lo que quizás ha hecho que aparezca tanta ansiedad.

Muchos compañeros suyos hacen un diagnóstico relacionado en cómo nos tomamos la vida. Coinciden en que nos la complicamos innecesariamente. Algunos recuperan en sus consultas esa corriente filosófica de hace miles de años que es el estoicismo. 

Estoy completamente de acuerdo y lo tratamos de aplicar. Ahora, en las corrientes de psicología, tratamos de aplicar el denominado mindfulness, que consistes en trabajar la consciencia y la atención plenas. Son técnicas que a veces aplicamos en terapia para aprender a disfrutar del momento presente. Porque realmente vivimos lamentándonos del pasado o preocupándonos por el futuro, y ahí se van cociendo los trastornos depresivos o ansiosos. Los cuadros depresivos son un exceso de pasado y los de ansiedad, un exceso de futuro. Pero la vida, realmente, sería mucho más sencilla y fácil si de verdad disfrutásemos cada instante. Estar en esta entrevista, aquí, en este momento, es un momento muy agradable si somos conscientes de que la podemos estar disfrutando. Si estamos pensando en todo lo que nos queda por terminar a lo largo del día y mirando el reloj, no sería consciente de este momento y no lo podría disfrutar al cien por cien.

Vivimos lamentándonos del pasado o preocupándonos por el futuro, y ahí se van cociendo los trastornos depresivos o ansiosos.

 De todas formas ahora casi que es inevitable preocuparnos por el futuro. La incertidumbre, sobre todo laboral, es patente.

Claro, y ahí encontramos colectivos o personas que si económicamente esta pandemia no les va a perjudicar, seguramente en ellos no habrá tantas patologías. Eso también ocurrió en la crisis del 2008, cuando hubo tanta pérdida económica y de empleo y aumentaron mucho los cuadros depresivos. La economía es un aspecto muy importante y es cierto que estamos con esa incertidumbre. Hay mucha gente además esperando si hay o no un segundo brote, cosa que incrementa la ansiedad. Estamos, como decía antes, en ese exceso de futuro. Pero es lógico que anticipemos eso para buscar soluciones.

Carmen Gálvez./Foto: Irene Lucena

 Usted ha atendido durante estos meses, como voluntaria, a parte del colectivo sanitario madrileño. Háblenos de esa experiencia.

Una cosa es la situación que puedes imaginar encontrarte y otra la que te encuentras. Te encuentras, por ejemplo, a una enfermera, con 30 años, que lleva tres ejerciendo en consultar externas y por tanto no se ha enfrentado en realidad a pacientes graves y se ve en UCI con covid. Imagina la cantidad de estresores  que esa persona está soportando. Ya no es solamente el miedo al contagio, sino aprender a manejar maquinaria que no habían utilizado nunca, máquinas difíciles y concretas que tienen su manejo en la UCI. Saber que la vida de otra persona depende de la tuya. Se han enfrentado a una cantidad de estresores tremendos, y hablamos de que en esos casos puede haber un estrés post traumático que de hecho lo están padeciendo algunos profesionales. Comentaba en otra entrevista que esto es como las muñecas rusas, la matrioskas . En Madrid han vivido lo difícil de la epidemia pero aparte tenían sus microestresores: no es lo mismo el sanitario que vive solo al que tiene hijos o padres a su cuidado, el miedo al contagio. O no poder vivir con tus hijos porque te tienes que ir solo a un hotel hospitalizado. ¿Cuántos cambios han asumido esas personas en tan poco tiempo? Había sanitarios que por el deber de atender no querían darse de baja pero emocionalmente estaban devastados. De vivir circunstancias casi apocalípticas, de cadáveres, de situaciones que no se han vivido, por suerte, en Andalucía.

 Como psicóloga ¿qué opinión le merece el que no se nos haya mostrado la realidad? Los medios y el Gobierno han evitado enseñar la crudeza de la enfermedad, los ataúdes, la tragedia que usted nos comentaba antes.

A veces, imágenes que no aportan mucho pueden dañar quizá a algunas personas, y de hecho a muchos pacientes les hemos recomendado que no viesen continuamente las noticias, que no atendieran el número de contagios porque incrementaba los niveles de ansiedad.  Ha sido una medida preventiva, pero a ciertas personas que padecen trastornos de ansiedad.  Pero lo que está claro es que la incertidumbre aumenta el malestar y aquí hemos pasado desde una cosa que “no iba a tener más de dos casos de contagio” a ver que la gente moría y muy rápido. Un Gobierno que ahora toma una decisión y después la contraria. Y como sociedad, el nivel de incertidumbre que hemos asumido ha perjudicado pero no solo por las imágenes. Los psicólogos siempre animamos a hablar de la verdad. Ocultar la verdad lo único que provoca es que fantaseemos o llegar a crear una ‘realidad’ incluso peor. Por tanto, creo que ha podido perjudicar porque cada persona ha asumido lo que su trastorno, si lo padecía, le ha permitido o en otros casos porque no se ha sido consciente en realidad de lo que estaba pasando. Los empresarios, que también han vivido en la incertidumbre de las medidas que se han ido adoptando, han experimentado unos niveles de estrés y angustia que les han impedido hacer uso de la capacidad de decisión. No se nos informaba, o se nos informaba mal, o se cambiaba de opinión. En ese sentido hay que optar por la información veraz y fidedigna, aunque sea dura.

Hemos pasado desde una cosa que “no iba a tener más de dos casos de contagio” a ver que la gente moría y muy rápido.

 ¿Hemos salido a la calle sin hacer un proceso de duelo?

Hay diferencias. Tengo amigos en Madrid que lo están viviendo con más cautela que en Andalucía. Allí se está haciendo un duelo porque casi todos han conocido casos: amigos, familiares, vecinos… Aquí ha sido de otra forma. También están los duelos reales que no se han podido realizar porque ha habido gente, como sabemos, que no ha podido despedirse de sus familiares fallecidos. Eso genera también un proceso de trauma.  Era lo primero que pensaba cuando comenzó esta situación: es muy duro morirse pero ¿y la persona que no pueda despedirse de su familiar? Duelos en los que además nadie te abraza. Es que se ha atentado mucho contra las necesidades psicológicas aunque se hayan respetado las sanitarias, y los psicólogos somos profesionales que podemos aliviar mucho el sufrimiento emocional. No solo en esta reciente crisis, sino, por ejemplo, en una UCI, donde haya un enfermo que se esté muriendo y además no pueda ver a nadie. Se atiende la necesidad médica pero no se contempla la parte emocional, no se considera.

Carmen Gálvez./Foto: Irene Lucena

 ¿Y quién atiende a los psicólogos que también han sido afectados emocionalmente por todo esto?

Precisamente en Loyola tuvimos un curso en el que se nos dieron algunas pautas y ha habido universidades que han puesto en marcha servicios de atención a profesionales. A veces es necesario crear nuestros propios foros donde compartimos experiencias, que es una forma de descarga también. Yo he  seguido ese curso, impartido por un profesor de la Universidad de Salamanca y gracias a la tecnología, que nos lo ha permitido. Los psicólogos a veces también necesitamos una descarga emocional. En Madrid han hecho grupos de apoyo entre ellos, porque ha habido compañeros que se ha ido a los hospitales voluntarios y han visto y vivido lo mismo que los sanitarios.

Carmen Gálvez./Foto: Irene Lucena

De todas formas, los psicólogos reclamamos más presencia. Ahora mismo la salud mental pública está desbordada y hacen falta más profesionales. Somos los privados y no damos abasto, y eso que hay gente que no puede asumir el coste de este tipo de terapias. Creo que es el momento de tomar consciencia de que, más allá de un cuerpo, somo también un alma, una esencia. Somos emoción. Y en eso nuestra sociedad va un poco atrasada.

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