José María Bellido (PP), alcalde de Córdoba: “Esta crisis nos ha unido aun más como equipo de gobierno. Hemos crecido”.


José María Bellido, alcalde de Córdoba./Foto: Irene Lucena
José María Bellido, alcalde de Córdoba./Foto: Irene Lucena

Son las doce y cuarto del mediodía y el alcalde nos recibe dándole sorbitos a una botella de Coca Cola. “Este es mi desayuno”, dice. Desde un punto de vista liberal, un alcalde puede tomarse la cafeína del desayuno en el formato que guste y a la hora del brunch, si le apetece. Pero el refresco apresurado se debe más a la agenda, particularmente complicada en una semana en la que ya ha concedido numerosas entrevistas porque todos queremos que nos haga un balance. Cosas de los medios de comunicación. El balance en cuestión este año está particularmente mediatizado. Un alcalde expeditivo lo despacharía diciendo “todo iba medio bien hasta que vino el coronavirus y la vida cambió”, pero no es el caso de José María Bellido (Córdoba, 1977) que aunque ejerce una socarronería que se agradece sobre todo en política y en las distancias cortas, es un alcalde expeditivo pero serio y trabajador, con barniz senequista, esto es, estoico. Se hace obligado y necesario preguntarle por la salud a quien ha estado, como otros muchos cargos públicos, bregando en plena pandemia, y salvo un pequeño accidente doméstico de una de sus hijas – “cosas de niños”, comenta- la salud del edil y de los suyos está perfectamente. Nos confiesa que comenzó a tomar medidas preventivas, de manera personal, mucho antes de que el Gobierno declarara oficialmente la pandemia tras el 8M, porque Bellido es oyente y consumidor de podcast, y en concreto de ´La Contracrónica’, de Fernando Díaz Villanueva, y sobre todo del ‘Milenio’ de Iker Jiménez o ‘La reunión secreta’, del doctor José Miguel Gaona. Eran los programas en los que se contaba lo que verdaderamente venía de China y don José María tomó buena nota. Que un alcalde escuche podcasts también nos revela que es alguien que sabe optimizar su tiempo, escaso no solo por el cargo en sí, sino por las circunstancias sobrevenidas.

Produce una sensación extraña ver la casa consistorial tan vacía. Se mantienen las distancias preceptivas y profilácticas, los nuevos saludos con el codo (un horror) y en general el ambiente es frío a pesar de la educada cordialidad. El alcalde apura su desayuno, se sienta junto a una gran mesa de cristal que ahora parece oceánica y comprueba que podemos quitarnos las máscaras. De eso se trata.

 

– No he podido evitar recordarle en su etapa de teniente de alcalde de Hacienda con Nieto. Entonces el problema es que tenía telarañas en la caja. Ahora como alcalde se encuentra con dinero pero no puede disponer de él. Es como el mito de Sísifo, pero en su caso, la roca es la liquidez.

– (Risas) Es cierto que el hombre propone y Dios dispone. Venía con un escenario completamente distinto al que ahora tengo. Un escenario económico que ha ido mejorando poco a poco, un Ayuntamiento con liquidez y saneado y con perspectivas de hacer grandes proyectos. De golpe y porrazo, estamos en un marco completamente distinto. Es verdad que ahora tenemos el problema de no poder usar ese superávit y espero que el Gobierno  se dé cuenta de que como no nos dejen utilizarlo se van al garete todos los ayuntamientos, todas las ciudades. Y con las ciudades, todos sus vecinos, claro. Pero si nos dejaran usarlo, la parte buena es que ahora estamos en disposición de poder ayudar a superar esto. En esa etapa con Nieto éramos nosotros los que teníamos que ir pidiendo ayuda para sacar el Ayuntamiento adelante.

– Su primer año como alcalde no se le olvidará, desde luego: desde la crisis del coronavirus hasta la muerte de Anguita.

– Lo que tenemos que distinguir son dos cuestiones. Una es lo que a mí me parezca personalmente, que es lo menos importante, y otra es saber adaptarnos a las cosas que pasan. Desgraciadamente nos ha tocado lidiar con asuntos que ojalá no hubieran ocurrido. Uno que afecta a toda la población, como es la pandemia, pero que creo que en Córdoba hemos reaccionado francamente bien, y ahí están los datos de fallecimientos e infectados. Todos han supuesto una desgracia y nos habría gustado que no hubiera afectado a nadie, pero es incomparable a otras ciudades. Yo hablo con alcaldes de la Comunidad de Madrid, de ciudades mucho más pequeñas, y en algunas de ellas ha habido más de 1.000 muertes. En nuestro caso, aunque repito que son una desgracia, solo 40. Y luego la muerte de Anguita, que tampoco fue un buen trago, la verdad. Más allá de las evidentes diferencias ideológicas era una persona querida en Córdoba. Es un mal rato el que se pasa con la familia y más en estos momentos en los que no se pudo acompañar como se hubiese querido. Pero bueno, creo que también se le dio una despedida digna, como merecía, dentro de las circunstancias.

– Se cumple un año de un mandato marcado por un pacto político entre Partido Popular y Ciudadanos. ¿Sigue en forma dicho pacto?

– Sí, y la verdad es que muy buena. Yo no tenía experiencia de gobernar con otros partidos y mis socios de gobierno, Ciudadanos, tampoco. Y es evidente que esto ha requerido un rodaje, de ir conociéndonos, las personas y los equipos. Afortunadamente en los programas, que es lo importante, sí nos pusimos pronto de acuerdo. Ahí hay una identidad clara de qué proyecto tenemos, algo que es importante y se mantiene. Fíjate, esta crisis que ha pasado ha servido para unir aun más a los equipos. Y para que muchas de esas personas que conforman los equipos también hayan crecido. Porque muchas veces el choque de la responsabilidad pública, para el que viene de la parte privada, es complejo, ya que esto tiene unos mecanismos y procedimientos completamente distintos. Y de repente, porque no ha habido más remedio para solventar lo que se nos venía encima, esa adaptación ha sido de un día para otro. Había que resolver demasiadas urgencias y muy pronto. Nos ha unido la adversidad, hemos sido muy solidarios en la gestión, y a muchos de los concejales tanto del PP como de Ciudadanos yo les he visto crecer en estos meses y en esa asunción de responsabilidades. En ese aspecto hemos salido fortalecidos como equipo de esta crisis.

José María Bellido, alcalde de Córdoba./Foto: Irene Lucena

– Desde luego, en comparación con otros cogobiernos que hemos conocido – e incluso padecido- en Córdoba, sí se tiene la impresión de que ahora no hay una lucha de siglas políticas ni egos. De momento, en este primer año.

–  Te pongo algunos ejemplos que lo acreditan así. Porque es muy normal que la oposición critique. Está en la primera página del manual de la política: si hay dos fuerzas en el gobierno, que se señale que son dos gobiernos y demás. Como te digo, es la ‘página uno del librillo’. Pero doy ejemplos concretos: en materia de servicios sociales ha habido momentos durísimos en estas semanas anteriores, porque era una avalancha de peticiones. Eva Timoteo, de Ciudadanos y responsable de esa área, es una de las concejalas que he visto asumir su responsabilidad sin miedo. La hemos reforzado desde Hacienda, desde Asesoría Jurídica. Yo he estado pendiente con ella como podía estarlo con Miguel Ángel Torrico o Salvador Fuentes, con los que además tengo una relación de hace muchos años. Hemos estado trabajando juntos con la misma intensidad y lo hemos sacado porque es de locos pensar que ante esa situación se hubiera mirado las siglas. No. Somos un gobierno y solidarios en lo bueno y en lo malo. Si hay necesidades específicas de una delegación todos la arropamos. Es importante que se sepa cómo funciona un equipo de gobierno por dentro, porque, no nos olvidemos, al final somos personas los que estamos aquí.

Somos un gobierno y solidarios en lo bueno y en lo malo. Si hay necesidades específicas de una delegación todos la arropamos.

– Pero usted sabe, porque además lo vivió en la oposición, que eso no siempre ha sido así.

– Hay una cosa para mí que es ‘la prueba del algodón’, o sea, lo que te dicen los que están en la continuidad, los empleados públicos. Y no solo ellos o yo. Cualquiera de vosotros puede comparar tratos, gestiones, formas y aquellos equipos. Vamos a ver, esto tampoco es ahora ‘el país de las maravillas’. Como en todas las familias o en los grupos de trabajo, de vez en cuando hay diferencias, pero se tratan y se resuelven. Pero no tiene  nada que ver: antes había compartimentos estancos. E incluso te diría más, creo que había hasta zancadillas. Había cuestiones y discrepancias que no se resolvían. Yo me he encontrado expedientes de Caballerizas Reales en los que firma la alcaldesa con Defensa un protocolo para adquirirlas aun determinado precio y a las dos semanas un informe de la Gerencia de Urbanismo diciendo que ese precio no puede ser, que no se puede pagar tanto. La única forma de interpretar eso es que unos se estaban zancadilleando a otros.

– Respecto a los empleados públicos, uno de los retos desde hace años es la denominada ‘administración electrónica’, que se ha convertido en obligadamente necesaria durante el confinamiento ¿Cómo se ha respondido a eso desde el Ayuntamiento?

– Humildemente no sé si son aciertos, es suerte o que Dios a veces te pone en el camino cosas que al cabo del tiempo te das cuenta lo importantes que eran. Pero yo aposté por la transformación digital desde hace dos años, lo he mantenido en mi discurso de forma reiterada y, sobre todo, creamos la delegación y un equipo con una ingeniera informática al frente, con un coordinador general que vino semanas antes de toda esta situación, una empresa  privada de las más grandes como Vodafone, una directora general que había implantado ya la transformación digital en el ayuntamiento de Marbella y en la Diputación de Málaga y con un nuevo jefe del servicio de informática. Es decir, todo un equipo nuevo que, con franqueza, si no lo hubiéramos tenido esto hubiera sido un auténtico desastre. El caos más absoluto, porque no había nada. Y por fortuna, desde la concejala hasta el último empleado público de la delegación de transformación digital, han hecho un esfuerzo y un trabajo que ha dado un resultado que nos ha permitido tener en tres meses 500 personas teletrabajando, un tramitador electrónico de expedientes… que era impensable. Y cualquiera que se haya relacionado un poco con el ayuntamiento sabe que no había nada.

José María Bellido, alcalde de Córdoba./Foto: Irene Lucena

Estoy muy agradecido al trabajo que han hecho estas personas y a que tuviéramos ese acierto o suerte, no sé, de haber generado esa delegación y equipos. Ahora lo que tenemos que hacer es seguir adelante. Lo más importante es que la transformación digital del ayuntamiento pasa por dos o tres principios muy básicos. Uno de ellos es contar con una unidad de atención al ciudadano única en todo el consistorio, con un registro único. Eso se va a volcar todo en un solo tramitador también para todo el ayuntamiento, de manera que ya esa transformación digital permite que desde el empleado público que tenga responsabilidad hasta el concejal puedan realizar una ‘trazabilidad’ y un seguimiento de un expediente, todo de manera electrónica. Y luego nos permite, si viene una segunda ola del virus, teletrabajar, es decir, que el empleado pueda hacerlo desde su casa. Esto es un esfuerzo enorme porque supone desde implantar la tecnología, o el gasto de adquirir las licencias, hasta la formación on line que se ha hecho con todos para que aprendan a manejarlo. Como te digo es impensable que en tres meses hayamos avanzado lo que en un tiempo normal hubieran supuesto dos o tres años.

Es impensable que en tres meses hayamos avanzado digitalmente lo que en un tiempo normal hubieran supuesto dos o tres años.

– La vida sigue, y esta semana ya se ha hablado de la reapertura del edificio de La Normal, de retomar el proyecto del Centro de Convenciones… Si todo va bien, parece que vamos a ver cumplidos algunos de los asuntos que se han atascado tanto en Córdoba.

– Hemos tenido el parón obligado de estos tres meses. Hay detalles que desgraciadamente no llegan a la información general, pero es que el Estado cerró la plataforma de contratación. Nosotros, en estos meses que podían haber servido para avanzar, pues no hemos podido. Hemos estado con las manos atadas. Ahora sí, por fin, podemos terminar lo que si no hubiera ocurrido esto ya estaría hecho. O adjudicado. Por ejemplo, la obra del Centro de Ferias, que estoy convencido que antes de agosto se queda adjudicada para iniciarse. En La Normal ha tenido un mérito enorme Salvador Fuentes en un asunto que estaba judicializado, que se ha resuelto y terminado la reforma. Se va a abrir de inmediato para llevar allí, fundamentalmente, toda la delegación de transformación digital, más el acuerdo que hay con los vecinos en materia de empleo, actividad cultural y demás. Y luego  tenemos en carga un paquete  de 80 millones de euros en inversiones que van a entrar en este próximo año y van a culminarse en este mandato. Muchas tienen que ver con asuntos ‘históricos’ de los que nos suenan más, porque estaban atrancados y otros que también lo son pero que ni siquiera se habían metido en carga. Me refiero a temas del PGOU, como equipamiento o zonas verdes que nunca se habían planteado, salvo en el gobierno de José Antonio Nieto, pero que desgraciadamente no se llegaron a realizar. El Parque del Canal está en el PGOU desde el año 86, hace 34 años, y ahora mismo vas allí y solo hay matojos, que hemos tenido que cortar por riesgo de incendios.  Yo quiero que eso esté terminado. Igual que en el Plan se contemplaban todas las casas de alrededor y las avenidas, estaba también la zona verde. ¿Por qué la dejamos atrás? Otro ejemplo es El Patriarca que precisa una actuación para poner en valor ese gran parque periurbano sin afectar su esencia como zona natural. O el parque de Levante. Parques y equipamientos para mejorar la vida ciudadana. El Plan se había desarrollado en la parte que da dinero, que se monetiza, pero se nos había olvidado que acompañado a ese crecimiento de ciudad tienen que venir los equipamientos y las zonas verdes que nos permitan que también la ciudad sea amable. Pongo un ejemplo muy visual: el corte que existe entre El Tablero y la zona sur es un descampado, que es lo que hemos dejado mientras la ciudad crecía alrededor.  No tiene sentido.

José María Bellido, alcalde de Córdoba./Foto: Irene Lucena

– Lo de la ‘ciudad amable’ suena bien. Han peatonalizado parte de la Viñuela y han pintado nuevos carriles-bici. Cuando se ponen ustedes en modo sostenible les ganan a Ecologistas en Acción.

– Yo creo que alguno estará diciendo “¿Y ahora que hago yo? ¿Cómo protesto?” (Risas) Más allá de la broma, hay que adaptarse a algo que no es una cuestión de ideología, y lo he explicado mucho esta semana, y es la nueva realidad que sí que es cierto que viene. La movilidad es algo que no solo afecta a Córdoba sino a más ciudades y es una reflexión que hemos hecho en un entorno mucho más amplio. Problema que tenemos: el uso del transporte urbano, a pesar de su seguridad, está cayendo probablemente por miedo a montarse en un autobús o en el metro, donde haya, y contagiarse. En el número anual total son millones de viajes que se pierden. En Córdoba estamos hablando de unos 5 millones de viajes, y si toda esa gente opta por el coche la ciudad se colapsa, no está preparada para absorber de marzo a septiembre- que es el horizonte por la vuelta al curso escolar- tal cantidad de tráfico con las mismas avenidas e infraestructuras. ¿Qué estamos intentando? Primero, recuperar el transporte público, que es fundamental. Pero, mientras que llega esa recuperación, hay que permitir distintas formas de movilidad, en bicicleta o andando, y facilitar que puedan convivir. Si se pone en una avenida de varios carriles uno de 30 km/h , es más seguro que por ese carril pueda ir una bici, un vehículo de movilidad personal y también un coche, pero con menos miedo que si van a 50 o 60 km/h. Y de eso se trata. No es tanto ideología. Yo no tengo nada en contra del coche, todo lo contrario, pero sí tener un poco de sentido común a la hora de organizar la movilidad en la ciudad. Y la movilidad que viene ahora es esa, aquí y en Zaragoza, Madrid, Alicante, Málaga o Sevilla.

Tenemos en carga un paquete  de 80 millones de euros en inversiones que van a entrar en este próximo año y van a culminarse en este mandato.

– Hay que hablar de ideologías en cualquier caso porque tanto la recuperación de Córdoba, como la de España, dependen de gobiernos concretos y diferentes.  ¿Le preocupa lo que se está viviendo en nuestro país?

– La verdad es que sí. Me preocupa la sensación que tengo  de que al presidente del Gobierno lo único que le importa es permanecer en el poder. Y con poca responsabilidad respecto a lo que pasa en su país, en España, y a su alrededor. Cuando he tenido la oportunidad, muy breve y a través de videoconferencia, de interactuar con él, esa sensación se me ha reafirmado. Es decir, cuando lo conozco, es peor. Felipe González dijo en una ocasión, y me lo creo, que “es muy difícil hablar de España con Pedro Sánchez más de media hora”. Eso es preocupante porque cuando no hay valores ni principios, aunque sean socialdemócratas que yo no puedo compartir, acabas haciendo lo que quieren otros. Y el problema es que esos otros son Podemos, Bildu o partidos que hasta hace dos días estaban haciendo referendums  ilegales para independizarse. Si yo no tengo principios, me da igual todo y me echo en brazos de estas personas, pues claro, tiene mala pinta. A mí me gustaría que gobernara el PP, por supuesto, pero si gobierna el PSOE, que sea el partido socialista que hemos conocido todos hace unos años. Puedo no estar de acuerdo con ese partido pero habría pluralidad política, buena alternancia en el poder y un partido socialista ligado a los valores constitucionales, con sentido de Estado, y que ahora mismo se echa mucho en falta.

José María Bellido, alcalde de Córdoba./Foto: Irene Lucena

– ¿Cómo espera el alcalde acabar el año 2020?

– Para la ciudad lo que espero es que la caída no sea tan grave como algunos piensan. No somos islas. Estamos en un conjunto que es España y va a depender mucho de la tendencia nacional. Pero lo que queremos con ese plan de choque de 100 millones de euros es intentar que la caída de empleo no sea fuerte. Tenemos dos objetivos que son que la gente pueda trabajar y que aquellos que desgraciadamente no tengan empleo, no se queden atrás. Y esto no es baladí. Cuando yo digo que queremos que la gente pueda trabajar ahí sí hay política. Hay otros que apuestan por soluciones distintas, pero yo lo que quiero es que se recupere el trabajo y que lleguemos a la normalidad con la gente valiéndose por sí misma. Estamos tratando de que puedan recuperarse sectores como la hostelería, comercio, turismo y la industria agroalimentaria. Que esto comience a tirar hacia adelante y que no haya tanta gente que necesite la ayuda social. Creo que ese es el gran objetivo. La ayuda social es necesaria e importante, pero debe ser lo último, no lo primordial. Tiene que ser el mecanismo que queda para aquel que ya está en una situación en la que hay que ayudarle. Lo primero es recuperar la economía, reactivarla, generar empleo, favorecer que los autónomos y los empresarios vuelvan a producir.

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