Luis Huete, consultor empresarial, profesor y escritor: “De la presión a la que nos somete esta crisis saldrán diamantes.”

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Luis Huete / Foto: luishuete.com
Luis Huete / Foto: luishuete.com

Una de las tareas más atractivas de realizar una entrevista es encontrar el titular. A veces el entrevistado te lo da casi con fulgor. Es esa frase inesperada que resume todo lo demás. En ocasiones cuesta encontrarlo. En otras, son varios los que a lo largo de la charla pueden concretar el espíritu de la misma y el perfil del protagonista.

En la que realizamos esta semana a Luis Huete (Madrid, 1956) son varios los titulares que podrían, perfectamente, encabezar esta entrevista. Algunos despistarían al lector: un economista y consultor, que habla de un futuro incierto y arremete contra la gestión de la crisis con la frialdad de un preciso cirujano. Pero no. Este señor, hijo de madre cordobesa, es además de profesor, consultor, conferenciante y coach, un humanista que cree con firmeza en las personas y en su potencial creativo para el bienestar común. Su currículum es impresionante: profesor del IESE Business School desde 1982, licenciado en derecho y Doctor en Administración de Empresas por la Universidad de Boston. Ha asesorado a equipos de alta dirección en los cinco continentes, que traducido a cifras significa haberlo hecho en más de 70 países y para más de 800 empresas. En 1988 obtuvo el premio Decision Science Institute  a la mejor tesis doctoral del año en Estados Unidos por su trabajo sobre estrategias de retail de bancos norteamericanos.

Es autor de doce libros entre los que destacan “Construye tu sueño” (en dos versiones y ediciones diferentes y un auténtico best seller) y los últimos publicados “Liderar para el bien común”(2015) y “50 líderes que hicieron historia” (2017). Suele escribir con periodicidad artículos para revistas económicas y de empresa y es precisamente uno de ellos (“Salvar vidas o salvar economías. Un falso dilema”, publicado recientemente en Expansión) el que nos ha hecho contactar con él, porque se ha convertido no sólo en una publicación ‘viral’ sino en una interesante referencia para uno de los debates que existe desde el comienzo del estado de Alarma y el duro confinamiento que ha paralizado a España   y una pandemia que ha afectado a la producción y la salud de medio planeta.

 

– La disyuntiva “salvar vidas o salvar la economía” nos ha acompañado desde el principio de la pandemia. Usted sostiene que este debate es inútil.

– Sí. Yo creo que lo es como planteamiento, porque son dos variables que llegan en un momento en que se pueden interrelacionar de una manera viciosa – que es lo que ha pasado en algún país europeo y en concreto en España, Italia y Francia-,   en donde ambas cosas se retroalimentan y ya es muy difícil salir de una dinámica en las que las dos variables influyen negativamente. Lo mismo ocurre en otros países, donde, en gran parte porque han salvado vidas y la economía, se ha creado también un círculo virtuoso. Pero lo interesante es ver que ha habido países intermedios en los que han tenido un impacto menor en la economía, por la forma en cómo ha tomado el confinamiento, pero han sufrido un impacto en cuanto a salvar vidas digamos que relativamente alto. Y viceversa, otros países donde no han salvado muchas vidas pero sí que han estado salvando la economía. Lo que vengo a decir en mi artículo es que cuando hay dos variables, mezclarlas vale la pena porque muchas veces te das cuenta de que no es cierto que exista una correlación entre una y otra, sino que hay también espacio para países que por su política han conseguido, al menos, que una de las dos variables no sea tan negativa.

Gráfica ‘Salvar vidas’

– Es también un planteamiento un tanto tramposo porque ¿quién se va a oponer a salvar vidas?

– Efectivamente. Y además creo también que el concepto de que ‘la economía va en contra de las personas’ es un falso dilema. Si miramos históricamente pues sí ha habido abusos en la configuración de algunas empresas o lo que han hecho algunos empresarios, pero hay una correlación altísima entre lo que es la prosperidad económica y bienestar social y esperanza de vida. En gran parte la economía, por fortuna, es y seguirá siendo por muchos años, factor de un bienestar muy grande.

Fuentes en las que se basa la gráfica ‘Salvar vidas’

– En España lo que sí parece claro es que no se ha hecho bien ni una cosa ni la otra, porque son muchos los fallecimientos y la economía se ha quedado muy atrás.

– Es así. El símil que pongo es que esto es un incendio, no hemos sido capaces de vislumbrarlo y advertir que había focos y hemos dejado que este incendio tome una virulencia grande.  Y claro, se ha creado un círculo vicioso entre las dos variables. Y en el caso de España ha sido patético porque éste es un país de turismo, de servicios, es un país que vive, digamos, “a la calle” y ambas cosas nos han traído la tragedia. En Expasión lo titulaban ‘Las coordenadas de la tragedia’. El impacto en las dos variables va a ser trágico en España durante años. Y las consecuencias sociales que eso va provocar en personas sin recursos, sin empleo, en empresarios en quiebra y en proyectos vitales que en muchos casos se van a cercenar por una mala gestión de lo que ha sido la respuesta a la epidemia.

Esto es un incendio, no hemos sido capaces de vislumbrarlo y advertir que había focos y hemos dejado que este incendio tome una virulencia grande.

– Entre sus facetas profesionales está la formación en liderazgo. En España en estos meses hemos tenido un ‘mando único’ pero mucho me temo que hemos carecido de verdaderos líderes durante la crisis.

– Siempre he entendido que el liderazgo es hacer que la presencia de una persona haga mejor a los demás. Que alguien, por su presencia y trabajo, consiga mejorar a los demás. Y que ese impacto positivo en los otros perdure incluso en la ausencia de esa persona. Existe un sesgo cognitivo que es el de la visibilidad, es decir, los ciudadanos tendemos a asociar a quien es más visible con los sucesos que están pasando. No quiero calificarlo con el concepto de manipulación, pero aquí se ha dicho “tenemos que asociar imágenes positivas al líder del país”.  Por eso se han evitado fotografías de féretros, o se han asociado las imágenes de los ministros a aplausos. Cuando se está teniendo una percepción mayor de que esto ha sido una tragedia también se está poniendo mucho cuidado en que no se pueda asociar esa tragedia a un nombre en particular y que de alguna forma se difumine lo que pueda ser esa responsabilidad. Si ha habido una falta de liderazgo ha sido, creo, por un cierto intento de no asumir responsabilidades por las consecuencias debidas a las decisiones que se han tomado.

– Resulta llamativo que el Gobierno haya prescindido de la iniciativa privada de distintos sectores que podían haber contribuido a ayudar en esta crisis. ¿Ha tenido más peso, en este sentido, lo ideológico que lo pragmático?

-Creo que sí, claramente. Pienso que ha habido la oportunidad de poder utilizar todo lo que es el ‘know-how’ de compras o logística de empresas españolas, tipo Zara, y creo que no se ha hecho por razones ideológicas. Y eso es parte de la tragedia que ha condenado a decenas de miles de profesionales del personal sanitario a que se contaminen, que podrían no haberse infectado si se hubiese hecho esto mejor. Son los ‘a priori’ donde las decisiones no se toman en base a datos, sino por intuiciones que nacen de creencias que tienen un poso ideológico muy grande.

– Usted asevera que aquí se ha llegado tarde y mal.

– Sí. Esto es como un incendio. Cuando llegas tarde y mal, cuando no tienes medios, cuando la persona que dirige los trabajos para apagar el fuego no es profesional… el incendio llega un momento en que no lo dominas. Y es lo que ha pasado. En ningún país ha habido tal descontrol del incendio como en España. Y es una pena.

– El primer mensaje que nos dio el presidente del Gobierno fue ‘Papá Estado se encarga de todo’.

– Eso tiene repercusiones a largo plazo también. Al final al Estado lo financia los impuestos o la deuda. La deuda la pagarán tus hijos y los míos y los impuestos, tú y yo. Y eso tiene un cierto límite. Ya tenemos un Estado endeudado y con los impuestos relativamente altos: el IVA, la renta… Un 60% o 70 % de nuestros ingresos se van en impuestos directos e indirectos. ¿Cuánto más se puede sacar de las personas? Cuantos más altos son los impuestos se acaba recaudando menos. Y también en ese sentido es una pena, porque hay tantos recursos interiores de las personas, tanta iniciativa y capacidad de salir adelante si se apela a ella, que cuando se hace un uso excesivo de ‘el Estado te lo va a resolver’ al final generamos personas con una cierta inmadurez e incapacidad de valerse por sí mismas. Y eso  te crea personas dependientes y  puede ser objeto de una cierta manipulación política, o sea, tener a ciudadanos dependientes de lo que el Estado apruebe. Y además quita libertad personal.

Al final al Estado lo financia los impuestos o la deuda. La deuda la pagarán tus hijos y los míos y los impuestos, tú y yo. Y eso tiene un cierto límite.

– En ese sentido ¿qué opinión le merece la renta mínima vital recién aprobada?

– Si se articula bien puede ser una buena idea. Hay familias que están en una situación verdaderamente extrema y creo que si consiguen que haya una cierta capacidad de filtrar, para evitar gente que se aproveche o que sea algo que se mal utiliza, pues es una buena medida. En el siglo XIX, con la primera Revolución Industrial el PIB por persona se disparó en cuestión de 40 o 50 años. Hay algunos autores que dicen que con la revolución digital podría pasar igual, que se disparara la riqueza de los países y que eso permitiera, en cierta forma, que los estados o las sociedades tuvieran la capacidad de crear una renta mínima que no desincentivara el buscar trabajo o querer buscar alternativas pero que generara una malla de seguridad. Porque una de las cosas que están pasando y es muy peligrosa, es la polarización. Las nuevas tecnologías están favoreciendo que haya más gente con más conocimiento y con la capacidad de trabajar en cualquier lugar del mundo frente a personas que no tienen esas habilidades, y por tanto nos encontramos con los que pueden ganar una renta muy alta y otros que están teniendo dificultad para entrar en el mercado de trabajo. Eso como sociedad no nos interesa. Un sociedad fragmentada, polarizada, es una sociedad que es mucho más propensa al conflicto.

Autores incluso liberales sí que piensan que si de da esa oleada de riqueza, que posiblemente pueda traer la revolución digital que está empezando, se debería articular una renta mínima no solo ahora, por el tema del Covid, sino también algo que pudiera permitir que no se descolgara de la sociedad del bienestar un determinado porcentaje de la población, debido a esa polarización de conocimientos que antes refería.

Luis Huete / Foto: luishuete.com

-Usted trabaja por el cuidado de las marcas y sobre todo de los clientes. Los turistas son nuestros principales clientes ¿Cómo está ahora mismo la ‘Marca España’?

– Se ha deteriorado mucho. Los informativos nos dicen que España es el país donde más muertes ha habido por millón de habitantes y donde también la economía va a estar más afectada y quieras que no eso genera un cierto sentimiento de incertidumbre en el turista. El año pasado tuvimos un récord de visitantes, más de 80 millones. Si no me equivoco, éramos el segundo país en cifras, por delante de Francia, cosa que es impresionante. Es muy probable que eso tarde años en que volvamos a verlo. No sé cuales son las estimaciones pero es posible que esa cifra se pueda reducir a un tercio. En la industria más importante en España, que es el turismo, va a tener unas implicaciones grandes – las empresas que dan servicio a los grandes tour operadores, hoteles, etc.- y eso es parte de lo que se ha pronosticado, desde algunas fuentes, como una caída del PIB que puede ser del 10 o 12%.

– Una frase muy de coaching es el lema que está empleando el Gobierno: “Saldremos más fuertes”. ¿Vamos a salir más fuertes de verdad?

– Pues fíjate que yo creo que eso tiene muchas dimensiones. Soy de los que piensan que la presión genera diamantes. Aquí ha habido una presión brutal en familias, en personas, en empresas, en instituciones… y creo que esa presión hará que se generen joyas. Gente que saldrá muy fuerte porque lo ha pasado muy mal durante estos meses. No obstante, tengo mis dudas de que como sociedad salgamos mejor. Ha habido un llamamiento más propagandístico a la unidad y demás, pero después a la hora de articularlo políticamente no ha sido muy cierto. No está siendo muy inclusivo. La misma mesa de reconstrucción que han creado: si ves las cualificaciones técnicas de los componentes resulta patético. Como mucho son abogados, casi nadie ha trabajado en empresas privadas, muchos de ellos han estado toda su vida en el sector público. Tienes el ejemplo de Italia, que al frente de su mesa de reconstrucción han puesto a un empresario de valor, que va a tener que vérselas con políticos, cosa que no será fácil. Esa sí sería una respuesta que me haría pensar que, como país, vamos a salir más fuertes por crear esa inclusión de lo público con lo privado, de izquierda con derecha, de distintos territorios. Y creo que no estamos todavía en esa fase de hacer que haya una respuesta que no sea ideológica, sino que esté más basada en técnicos y en un proyecto de país que sea asumible por todos, porque es bueno para la ciudadanía, no para una ideología o para otra.

Tengo mis dudas de que como sociedad salgamos mejor. Ha habido un llamamiento más propagandístico a la unidad y demás, pero después a la hora de articularlo políticamente no ha sido muy cierto.

– ¿Le habría gustado que le llamaran a usted para participar en esa mesa de reconstrucción?

– Hay cientos de personas mucho mejor cualificadas que yo. Sí me hubiera encantado pero hay muchas personas que he conocido a lo largo de mi vida que podrían aportar mucho más que yo. Insisto en que sí me hubiera gustado que esa mesa estuviera mejor representada por gente que genera riqueza, del norte y del sur, y sobre todo que hubiera un propósito en común que no sea divergente sino convergente. Hacer algo por encima de los intereses particulares.

Luis Huete / Foto: luishuete.com

– Tiene usted, como autor,  12 libros publicados. Algunos de ellos son auténticas referencias en el área de negocios y crecimiento personal ¿Qué libro saldría después de toda esta situación?

– Pues es interesante porque no he parado de escribir durante estas semanas. Tengo como 12 artículos ya acabados de unas 8 o 10 páginas y eso te da casi para un libro. He estado escribiendo, desde luego, temas sobre el covid19: cómo van a cambiar de contexto las empresas, cómo salvar empresas desde el primer momento o cómo construir su mañana. Estoy acabando uno sobre cómo va a afectar el covid en el modelo de trabajo. He abordado el tema de las estructuras organizativas y que los equipos se anticipen, y cómo aprovechar la crisis para fortalecer la cultura de empresa. Si tuviera que juntar estos artículos creo que saldría un libro interesante que tenga que ver con el concepto de resiliencia, de cómo generamos empresa e incluso familias o países que sean más fuertes y mas capaces ante crisis de este tipo. Que no se tambaleen. Se trata de prever estas cosas y poder reaccionar con más rapidez, de tal manera que al final utilizo un poco lo que es un símil, o sea, que las empresas también tienen un sistema inmunológico. Y al igual que una persona con un buen sistema inmunológico tiene menos probabilidades de  que este virus la mate, pues a la empresa le sucede igual. Con una buenas vitaminas puede capear por rutas como ésta.

Mi tesis al final es que las empresas son las instituciones más eficientes desde el punto de vista del progreso económico y social. Lo que hace que un país sea moderno y tenga bienestar es que existan empresas competitivas. Salvar empresas en el fondo es salvar la sociedad. Y también pienso que la familia es la institución más eficiente desde el punto de vista educativo, por tanto, familias resilientes también son un factor de progreso en la sociedad. Por ahí iría ese nuevo libro.

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