Pablo López, presidente de Silbon: “Soy de los que piensan que al país no hay que construirlo. El país estaba”.


Pablo López, en el nuevo outlet de Silbon / Foto: Silbon
Pablo López, en el nuevo outlet de Silbon / Foto: Silbon

Cercano. Un tipo normal. Alto, eso sí, pero por la videoconferencia no se aprecia. Pablo López (Córdoba, 1980) vive una semana excitante y eso sí se nota. Acaban de abrir su primera tienda outlet en el Polígono de Chinales y cuando realizamos esta entrevista las tiendas Silbon  están recién abiertas tras el parón y en breve le seguirán las grandes superficies, con lo que ello supone. A pesar de la pandemia y del reciente confinamiento, que ha dejado sus secuelas económicas y psicológicas, se asoma una normalidad que puede que sea menos nueva de lo que se pretende y más parecida a cómo éramos antes, aunque con mascarillas y ciertas distancias. Sólo añadiremos profilaxis a las viejas costumbres.

Se han cumplido ya diez años desde la apertura de la primera tienda Silbon que puso en marcha Pablo López junto con su socio Rafael Díaz. La marca Silbon ha crecido en ese tiempo como también su expansión: Tenerife, Málaga, Jaén, Granada, Madrid (dos tiendas), Valencia, Jerez, Zaragoza, Sevilla, Badajoz y París. Silbon es moda masculina y una forma de ser. Una actitud también para la incertidumbre presente y para el futuro: López es optimista en un elevado porcentaje aunque a veces sufre la humana sacudida de imaginar un escenario peor. Todo esto le ha cogido a él y su empresa con buenos números y una trayectoria de crecimiento, y su respuesta ha sido: “Vamos a abrir dos tiendas más “.  ¿Quién dijo miedo? Los hombres Silbon son así.

 

– Hay que comenzar preguntado por la salud. ¿Qué tal sus compañeros y usted?

– Muy bien, la verdad. No hemos tenido ningún caso con virus en la empresa. Es cierto que en Córdoba no ha habido muchos afectados, pero nosotros tenemos tiendas en bastantes provincias e incluso una en París, y no hemos tenido ningún afectado. Ha sido una suerte, sobre todo en Córdoba, donde más empleados tenemos. Tampoco entre los familiares. En el tema de salud muy bien.

– ¿Qué se siente cuando llega el 13 de marzo y se decide cerrar todas las tiendas?

– Pues al principio un poco de incredulidad. Te preguntas: “¿Qué está pasando? ¿Esto es verdad?”. Se siente mucha inseguridad porque no sabes lo que viene. Entonces tratas  de entenderlo, que fue lo que intentamos hacer esos primeros días. Tratar de conocer hasta qué nivel llega la amenaza para la salud. El viernes por la tarde ya decidimos el cierre de las tiendas y los hicimos con mucha inseguridad por eso, porque no sabíamos a qué nos enfrentábamos.

– Tengo la impresión de que a fecha de hoy no se ha ganado precisamente seguridad. La incertidumbre sigue siendo protagonista.

– Pues sí. ¡Es que hay tantas teorías al respecto…! De repente la curva de contagio, al encerrarnos todos en casa, se ve que ha empezado a bajar. Parece que los sistemas sanitarios ya no tienen esa saturación que tenían al principio, pero por otro lado la información que llega es que el virus está totalmente vivo, que está ahí, y que no podemos relajarnos con las medidas de prevención. Sin embargo se están relajando. ¿Ocurre eso porque la economía lo necesita? No sé. Y existe cierto miedo a que haya una segunda oleada sin que exista vacuna.

– No me refería tanto a la incertidumbre sanitaria, que sigue presente, como a la empresarial.

– Van un poco de la mano. Desde que empezó esto tuvimos claro que teníamos que controlar el nivel de gastos. Negociamos con los propietarios y hemos conseguido rebajas en los alquileres, incluso la excepción del pago en algunos. También nos acogimos a todas las ayudas que ha sacado el Gobierno: un ERTE al 90 % de la plantilla, solicitud de líneas ICO para garantizar la tesorería de la sociedad… Pero, bueno, ya que esto empieza a pasar, que la semana pasada abrimos nuestras tiendas con cita previa y que este lunes ya las abrimos con normalidad, hemos visto que la realidad de la calle está muy fría. Tenemos la suerte de que nuestra tienda on line factura bastante, con una cuota de venta por Internet muy alta para nuestro sector. Esto supone un 30% cuando la media está en un 6 a 8 %. Por Internet estamos creciendo en ventas, en torno al 50% respecto al año pasado. Pero la realidad de la tienda física, ya te digo que estos primeros 7 o 10 días no ha sido buena. Entonces estamos comenzando a mirar el horizonte, y este horizonte es un estado de alarma que es probable que dure hasta el 30 de junio. A partir del 1 de julio nos podemos ver con una masa laboral de gente con unos costes salariales y de Seguridad Social a la que vamos a tener que hacer frente, además de los alquileres. Y esto, si no cambia un poco la cosa, con muy pocos ingresos. Tenemos esa incertidumbre de ver que las tiendas están recién abiertas, de observar qué pasa hasta final de mayo y si en junio las noticias sanitarias son buenas. Si hay seguridad sanitaria segura que habrá salud empresarial.

Hemos visto que la realidad de la calle está muy fría. Tenemos la suerte de que nuestra tienda on line factura bastante, con una cuota de venta por Internet muy alta para nuestro sector.

Estamos también a la expectativa, porque es muy importante, de que las tiendas de más de 400 m2, los gigantes, abran. Porque al final son el motor de la calle. Aquí en Córdoba, hasta que no abra El Corte Inglés, en el centro, y hasta que no lo haga el grupo Inditex -Zara, la calle no toma el pulso. El comercio pequeño o mediano como nosotros podemos abrir y comenzar nuestra actividad, pero El Corte Inglés y Zara son los que ‘abren’ la calle y los que al final hacen que haya cierta normalidad. Estamos muy expectantes de ver qué pasa en la calle cuando reabran los grandes.

Nuevo outlet de Silbon, en el Polígono de Chinales / Foto.: Silbon

– No suele ser muy habitual que los pequeños y medianos comerciantes se vean apoyados por las grandes superficies.

– Tiene que haber de todo. Aquí en Córdoba nosotros no estamos dentro de El Corte Inglés, pero sí en otras ciudades. Y se están portando estupendamente bien. De lo que se vende de Silbon ellos se quedan con una comisión y ahora no nos están cobrando absolutamente nada. Es verdad que es difícil competir con los grandes, con las economías de escala que ellos tienen, pero al final son los que animan a que el público salga a la calle. En cierta medida dependemos de ellos.

– El mes de abril ha sido un mes excelente en ventas on line para Silbon, cosa que ha coincidido con un casi absoluto parón económico ¿Cómo se explica eso?

– Pues la segunda quincena de marzo fue mala. Cayeron las ventas por un Internet casi un 40% con respecto al año anterior. Y ahí nos temimos lo peor. En abril cambió, y creo que fue al ir apareciendo noticias positivas sobre la famosa curva de la pandemia, que se iba moderando. Tuvimos una primera semana de abril regular y poquito a poco el mes se fue enderezando. La segunda quincena fue fantástica y esta primera de mayo ha sido espectacular. En el fondo yo creo que la gente tiene esperanza de que esto haya sido un parón, y que no va a costar a echar a andar la economía tanto como se dice. He llegado a oír que vamos a una economía de posguerra, y yo soy de los que piensan que el país no hay que reconstruirlo: el país estaba. Es verdad que va a haber empresas que lo van a pasar peor y que va  a haber gente que va a caer, pero que también hay otra con ganas, con ilusión, y soy muy optimista.

Es verdad que es difícil competir con los grandes, con las economías de escala que ellos tienen, pero al final son los que animan a que el público salga a la calle.

– Tan optimista que el pasado año tenían planeado abrir su tienda outlet y la acaban de inaugurar en pleno estado de alarma.

– En efecto. Nos pilló con la reforma casi terminada, la abrimos la pasada semana y ha tenido una acogida fantástica. Desde el primer día está siendo la tienda número uno en facturación de la empresa y ha tenido una acogida estupenda por los cordobeses. La gente de fuera de la provincia no está muy contenta porque todavía no puede venir a verla (ríe). Nosotros ya tenemos un cierto volumen, con más de veinte puntos de venta, y por muy poco que te sobre de cada tienda al final necesitas un punto para darle salida a esa mercancía. Por cierto, mucha gente me pregunta si la ropa del outlet son restos de temporada y en realidad es una mezcla: se encuentran restos de temporada pero también tenemos una producción específica para ese outlet ¿Por qué? Pues porque de restos de temporada es muy difícil hacer una tienda atractiva, no tienes un tallaje completo. Por tanto fabricamos una línea específica para ese centro, que tiene la misma calidad que la de la tienda, pero con menos margen de beneficio para nosotros.

– Aunque quizá ha sido también una de las mejores iniciativas que, en este escenario de crisis, se puedan tener ¿no?

– Nosotros teníamos para 2020 un presupuesto de crecimiento de un 30% de facturación respecto al pasado año. Cuando nos cierran las tiendas pues hacemos cálculos y la primera cuestión es cómo organizamos la producción. Teníamos dos opciones: tirar los precios en nuestras tiendas o buscar la manera de darle salida sin una alta bajada de precios. Una de las medidas ha sido el outlet de Córdoba y otra será un outlet más que vamos a abrir en Málaga a final de junio. Eso nos servirá para que cuando acabe la temporada de verano en septiembre, todo el sobrante de ropa de las tiendas pueda tener salida sin la necesidad de tirar los precios

. Nuestro negocio no se sostiene con constantes descuentos y además el cliente no valora la marca como tal si entras en esa dinámica de bajada de precios.

– Debo decirle que produce alegría oírle hablar sobre abrir una nueva tienda, porque el panorama que se nos dibuja económicamente tiene, para muchos, tintes apocalípticos.

– Pues la verdad es que sí. Como te digo es una tienda estratégica, porque nos va a servir para darle salida al stock que no vamos a ser capaces de vender este verano. Y el panorama, si no hay recaída, no va a ser ‘apocalíptico’. Si vamos pasando de fases y tenemos un verano ascendente en cuanto a esa recuperación, yo confío en que haya un otoño, no bueno, pero al menos no catastrófico. Mi preocupación sería muy grande si hubiese un rebote, un repunte de infectados. Si en septiembre o en octubre se volviera a hablar de cierre de negocios. Ahí sí que estaríamos entonces en manos de las instituciones y de una nuevas líneas de ayudas que tendrían que sacar. Si eso ocurre sí que nos iríamos a un escenario malísimo. Pero bueno, de momento las noticias que nos llegan no son esas.

– El sector del textil sigue siendo un sector importante y de peso en España. Por eso ha sido llamativo que para adquirir mascarillas, el Gobierno haya tenido que acudir a China, y a veces con lamentables resultados.

– Es lo que pasa en esta economía global que tenemos. Una economía global en la que las normas no son las mismas para todos. Al final terminamos todos comprando en China. Si aquí, en España, o en cualquier país del primer mundo, hay unos requisitos legales, una normativa, un respeto por los derechos humanos, por el nivel salarial de la gente… eso implica que fabricar en estos países, comparado con hacerlo en países como China o India, pues los costes allí sean ínfimos. Y aparece esa contradicción: resulta más barato traerlas de China, a pesar del gasto de transporte tan grande que tiene y el paso por aduanas, que fabricarlas aquí en España. Es verdad que ha habido muchos fabricantes que se han puesto a hacerlas y se han buscado alternativas en muchos casos de manera solidaria. Nosotros, de hecho, estamos regalando mascarillas de Silbon a nuestros clientes, por pedidos de más de 100 euros.

Pero ahí está la contradicción y son las reglas de juego que hay. Si en China un empleado cobra 50 dólares al mes por trabajar y aquí se paga un salario digno, es imposible competir. La única manera es crear una marca, darle un valor añadido al producto y que te permita defenderlo a un precio que soporte los gastos de una empresa normal.

Vivimos es una economía global en la que las normas no son las mismas para todos. Al final terminamos todos comprando en China.

– Hace poco leí en su blog cómo celebraba la llegada de la primavera. Las estaciones están muy ligadas al sector de la moda, pero por delante nos quedan unos meses más de cierta reclusión, de salir poco o con prudencia,  que de celebrar el verano, me da la impresión. ¿Esta pandemia afectará al mundo de la moda también?

– Creo que va afectar, primero, en la manera de consumir. Hay mucha gente que era reacia a comprar por Internet pero que debido al confinamiento ha dado el paso. El cambio en ese sentido, que ya estaba produciéndose, va a ser más rápido, se ha acelerado unos años. ¿Implica eso que van a desaparecer las tiendas físicas? No lo creo. Como te he dicho, un 30% de nuestra facturación procede de las ventas por Internet, pero el 80% de todo lo que se vende por Internet se hace en las provincias que tienen tienda física. Entonces eso indica que nuestro sector ha cambiado y yo lo entiendo como que los grandes grupos, las grandes empresas, han acostumbrado a los clientes a poder comprar on line sin gastos de envío y a hacer la devolución de su casa de la misma manera. También a tener una tienda cerca de su casa o en casi todas las ciudades y un producto de moda a un precio muy barato.

Lo analizaba el otro día con un grupo de empresarios: en los últimos 15 años lo único que no ha subido de precio es la moda, la ropa. Incluso ha bajado. Se compra más barata. En nuestro sector hay un ajuste en cuanto a la rentabilidad. Estamos obligados a seguir dándole al cliente esa facilidad de compra por Internet, pero también la seguridad de que tenga una tienda cerca para devolver o tocar el producto cuando quiera. Y vamos a tener que seguir ajustando precios, porque es lo que demanda el público.

Pablo López, en el nuevo outlet de Silbon / Foto: Silbon

También hay una atomización de marcas importante, aunque creo que  se ajustará. Vamos a tener que hacerlo bien y que estemos en ese club de los privilegiados que, dentro de 4 o 5 años, podamos seguir hablando con medios como vosotros y decir que hemos sido capaces de crear más valor añadido a la marca. Al fin y al cabo es lo único que nos va a permitir defendernos. Siempre va a haber gente capaz de elaborar ropa más barata que nosotros, pero esa no es nuestra guerra. La nuestra es la apuesta por la calidad y por tratar de transmitir unos valores y un espíritu con nuestra ropa. Que la gente vea las raquetas y le guste, y que sepa que somos una empresa con estilo, que respetamos los cánones clásicos de elegancia pero a la vez mantenemos una tendencia actual. Que somos una empresa comprometida con nuestra sociedad, que nuestros trabajadores están a gusto y que todo eso envuelva al final a lo que es la marca. Es lo único que vale dinero de lo que tenemos en la empresa, porque lo demás son todo pasivos (ríe).

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