Esperando que llegue el calor para combatir al coronavirus


“No sabemos cómo puede evolucionar este virus, pero sí podemos compararlo con lo que sabemos de otros coronavirus conocidos”.

Espejo Córdoba coronavirus Médico con una muestra de Covid-19./Foto: LVC
Médico con una muestra de Covid-19./Foto: LVC
Espejo Córdoba coronavirus
Médico con una muestra de Covid-19./Foto: LVC

No se han cansado de repetirlo, las altas temperaturas son uno de los grandes aliados para combatir la propagación del coronavirus. Aunque los estudios que se han realizado aun no son concluyentes con el Covid-19 y aunque el calor no lo combatiría por completo, no deja de ser cierto que las altas temperaturas debilitan a este tipo de virus.

En ese sentido, el catedrático de Veterinaria, Antonio Arenas, señalaba en una entrevista concedida a La Voz de Córdoba, que “no sabemos cómo puede evolucionar este virus, pero sí podemos compararlo con lo que sabemos de otros coronavirus conocidos”. De ese modo, el catedrático indicaba que “todos los coronavirus son enormemente estacionales, ya que son muy sensibles a las condiciones ambientales. Las condiciones disgenésicas relacionadas con la desecación, la temperatura y las radiaciones UV acaban con ellos en pocos minutos; además, la mayoría de ellos se transmiten por vía respiratoria (aunque algunos tienen un contagio feco-oral, dependiendo del tropismo) y su supervivencia en el ambiente es muy limitada. Por eso es muy probable que ocurra como con otros coronavirus humanos (los virus 229E, NL63, OC43, HKU1) que suelen tener una ventana desde noviembre a abril, o la mayoría de los virus animales que tienen una distribución temporal similar, desde mediados de otoño a mediados de primavera”. 

Arenas ejemplificaba como “el virus de la gastroenteritis transmisible porcina, un coronavirus típico, sobrevive en los meses de invierno y desaparece en verano; además se ha comprobado que es más patógeno y capaz de producir mayores títulos de virus en los lechones mantenido a bajas temperaturas (8-12ºC) que en los que son mantenidos a temperaturas altas (35-37ºC), lo que ayuda a explicar la mayor cantidad de virus circulando durante los meses fríos”. 

A lo que agregaba que “el coronavirus respiratorio porcino también desaparece durante el verano, y un virus serológicamente relacionado con los virus SARS, el Betacoronavirus bovino también es típicamente invernal (tanto es así que la enfermedad que provoca se conoce en ambientes ganaderos como ‘diarrea de invierno). En definitiva, lo más probable es que cuando llegue el tiempo caluroso y seco la COVID desaparezca. Podría reaparecer en otoño, aunque creo (y deseo) que ya, con menor gravedad e intensidad, como ha ocurrido en otros brotes por coronavirus”.

De momento, a esas temperaturas altas (35-37ºC) no se llegará en breve, pero esa es una de las grandes esperanzas para frenar una pandemia que, en el caso de Andalucía, se ha estabilizado en los últimos días, con un crecimiento estabilizado en torno al dos-tres por ciento, en cuanto a nuevos contagios diarios se refiere. Por lo que un mes de mayo cálido podría ser otro gran aliado.

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