Antonio Arenas, Catedrático de Veterinaria de la UCO: “Lo más probable es que cuando llegue el tiempo caluroso y seco la COVID desaparezca”


Este titular invita a la esperanza. Pero estamos en plena batalla y todavía queda mucha guerra por librar.

Los veterinarios conocen al enemigo y a su familia. Llevan luchando contra ellos más de un siglo y hay  que agradecerles que hayan sido uno de los muros de contención para otras epidemias que podían haber adquirido la categoría de la que nos está haciendo sufrir. Antonio Arenas (Coria del Río, Sevilla, 1957) es catedrático de Veterinaria en la Universidad de Córdoba en el Departamento de Sanidad Animal, director del Servicio de Diagnóstico de Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba desde 1992. Ha trabajado como docente y lo hace como investigador: entre las líneas de investigación sobre las que ha trabajado, destacan la de ecopatología, epidemiología y lucha frente a enfermedades infecciosas en diferentes especies animales, tanto domésticas como silvestres. En la actualidad preside el Colegio Oficial de Veterinarios de Córdoba y ha sido uno de los profesionales que han levantado la voz respecto al trato que se le está dando a su colectivo, como hace unas semanas lo hicieron los farmacéuticos, esto es, que no se les está teniendo en cuenta lo suficiente a la hora de ayudar con su asesoramiento y experiencia en esta crisis.

 

 Hay un dato tremendamente importante que no es conocido por la opinión pública: los veterinarios sostienen la mayor parte de la salud humana con su trabajo…

– Una buena parte. Según la OMS, las enfermedades infecciosas suponen, hoy, el 11 por ciento de los más de 56 millones de defunciones que ocurren anualmente en humanos a nivel global. Estas cifras han ido paulatinamente reduciéndose (hace unos años suponían más de la mitad) gracias a las medidas de política sanitaria que vienen aplicándose. Y en estas medidas tenemos mucho, muchísimo que ver los veterinarios. Enfermedades que eran muy prevalentes hace unos años, tras el control veterinario apenas suponen ya un problema; hablamos de la rabia, la brucelosis, el carbunco, las fiebres tifoideas y paratifoideas, la hidatidosis, el tétanos, la triquinelosis o la tularemia. Otras, pese a su elevada prevalencia, están sometidas a una estrecha vigilancia, como son las campilobacteriosis, salmonelosis, hepatitis A, leishmaniosis, colibacilosis verotoxigénicas o la listeriosis.

La labor, siempre callada, del veterinario es la de asegurar la salubridad de los alimentos que tomamos, primero manteniendo la salud de los animales de abasto (sanidad animal), para seguir con el control de la cadena alimentaria (seguridad alimentaria). Por ejemplo, la opinión pública desconoce que los profesionales que se encargan de inspeccionar los productos alimenticios que llegan desde distintos países a nuestras fronteras, o a las lonjas, mercados de abasto, supermercados, tiendas…, así como del diseño y control de los menús en los hospitales o en los colegios y guarderías, entre otras muchas funciones, son los veterinarios.  

Pero, además, hay otro aspecto que no quiero olvidar y es el esfuerzo que realizamos para el aseguramiento alimentario, es decir para la producción de alimentos, suficientes y de calidad, para todos. Esto último es un asunto que nos preocupa enormemente, ya que la población mundial está creciendo en número y en calidad de vida y por ello la demanda de alimentos de calidad y en cantidad suficiente, es cada vez mayor; el problema radica en que los recursos son los mismos, así que estamos aguzando el ingenio para mejorar la sanidad y optimizar la producción animal intentando mantener en buen estado el medio ambiente. Además, y esta es la labor más conocida del veterinario, nos encargamos de la salud de los animales que conviven con nosotros en nuestros hogares.

En definitiva, nos encargamos de la salud animal, de la salud medioambiental y de nuestra propia salud, lo que hoy se conoce como “Una sola salud” (One health). Estas diferentes facetas sanitarias de la veterinaria son poco conocidas, incluso hasta por nuestros políticos (pero esto es lógico porque estos son una mera representación de la opinión pública) quienes mantienen un injusto IVA, como si la salud, nuestra salud, fuera un artículo de lujo, menos importante que el cine (que sí tiene IVA reducido).

– ¿Están ustedes en ese grupo ‘al máximo nivel’ de expertos con el que dice contar Pedro Sánchez?

– No. Mientras que el Gobierno central no cuenta con ningún veterinario en su asesoría técnica, la Junta de Andalucía conformó en enero pasado el “Grupo asesor de seguimiento del COVID-19 en Andalucía”, grupo al que pertenezco desde el principio. Hace unos días, la Junta de Castilla y León ha incorporado también a un compañero de la Facultad de Veterinaria leonesa.

Creemos que nuestra aportación puede ser interesante desde los puntos de vista etiológico (existen casi 550 especies de coronavirus y el 99 por ciento son virus de los animales), epidemiológico, diagnóstico y de lucha. Hoy día, todos los equipos tienden a ser multidisciplinares, ya que el conocimiento científico es enormemente amplio y el dominio de un tema complejo debe ser abordado desde diferentes perspectivas, pero nuestro gobierno central parece que no opina lo mismo.

Es evidente que el problema principal de esta epidemia es el manejo de una concurrente cantidad de enfermos e incide muy directamente con la gestión hospitalaria, pero también tiene un fuerte componente de manejo de poblaciones (en una epidemia, si no hay contagio, desaparece) y los veterinarios tenemos mucha experiencia en el manejo y control de epidemias y podemos dar una perspectiva de lucha integral muy útil. En este sentido, los veterinarios, con la imprescindible ayuda de los ganaderos, hemos erradicado multitud de epidemias (peste bovina, fiebre aftosa, pestes porcinas, peste equina, brucelosis bovina…) siguiendo unas pautas que se basan en el diagnóstico precoz para detectar portadores, en el control de movimientos y en el apoyo logístico (material técnico, humano y económico).

Creo importante la participación del conocimiento veterinario en el control de una epidemia humana, y algunos ejemplos clarificarán lo que digo: en Alemania hay 3 fallecidos de COVID por cada 100 mil habitantes y el principal responsable de la lucha contra la epidemia es el Dr. Lothar Wieler, veterinario. En las Islas Feroe, no hay ningún fallecido y el responsable es el veterinario Dr. Debes Christiansen. Desgraciadamente, en España la proporción de fallecidos es de 34 por cada 100 mil habitantes, en Italia 30, en Francia 18 y en Reino Unido 14, por citar países de nuestro entorno. En China donde esta tasa es de 0,2 el Director General del Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades es el Dr. George Gao, también veterinario. Puede ser casualidad… o no.

Las diferentes facetas sanitarias de la veterinaria son poco conocidas, incluso hasta por nuestros políticos.

– Los betacoronavirus son especialmente conocidos por los veterinarios. Proceden principalmente del mundo animal ¿A qué nos estamos enfrentado en este caso, dada la excepcionalidad de la situación?

– Los coronavirus son virus animales. Provocan enfermedades que conocemos bien desde finales de los años 20 del pasado siglo, como la bronquitis infecciosa de las aves, o las diferentes especies de coronavirus del perro, del bovino, del caballo o del gato. Muchas de ellas hemos sido capaces de controlarlas hasta que han alcanzado niveles mínimos, aunque continuamente siguen surgiendo coronavirus nuevos. Lo llevan en su esencia. Son virus que presentan una elevada capacidad de variabilidad genética, tanto por recombinación (por intercambio de proteínas -polimerasas- durante la coinfección de dos virus en una misma célula) como por mutación (muestran una tasa de mutación elevadísima dado el escaso control sobre la replicación vírica, especialmente de su proteína S). Esto hace que coexistan poblaciones de virus con genomas muy estrechamente relacionados. Curiosamente, el coronavirus SARS-COV-2 es un virus animal que por mutación ha logrado adaptarse para infectar a humanos (hecho que es muy frecuente entre muchos virus) y luego ha sido capaz de mantener un ciclo de transmisión interhumana.

Y digo que es muy frecuente porque virus como los de la gripe, el SIDA, el Zika, el Ébola, el de la fiebre de Crimea-Congo, los Hantavirus y un largo etcétera, son virus animales que han dado ese salto de especie. Es decir, no es un hecho raro, sino más bien, viene ocurriendo desde siempre. Esto va en contra de esa teoría de la conspiración que todos hemos visto en redes sociales que propugna un virus artificial creado con intereses espurios. Si revisamos la prensa de octubre de 1918, vemos cómo la gran pandemia de gripe H1N1 suscitaba los mismos sentimientos que tenemos ahora: temor, preocupación, aprensión, desconfianza, miedo… y causó una gran depresión económica a nivel global, así como paupérrimas condiciones en los sectores sociales más desfavorecidos. Tal y como está ocurriendo hoy. La humanidad conoce estos mismos sentimientos desde tiempo inmemorial, solo que antes se achacaban a ignotos poderes taumatúrgicos.

– Este es un problema de salud pública que afecta sobre todo a los humanos. Sin embargo, y como comentaba antes, los veterinarios ya han contenido y erradicado otras pandemias, con menos medios que ahora y empleando estrategias que al final resultan ser las verdaderamente válidas en este tipo de contagios.

– Curiosamente, solo los chinos han hecho caso a los modelos epidemiológicos que intentaban predecir la evolución de un posible brote de SARS y que se prepararon desde 2003. Estos modelos preveían los problemas que nos hemos encontrado ahora, así que ellos lo han llevado a la práctica sin dilación. Estrategias como el aislamiento de casos, el secuestro (en epidemiología, secuestro es una palabra técnica que define el mantenimiento de los individuos en el interior de las construcciones -viviendas- a fin de evitar el contagio, hoy le hemos llamado confinamiento), la prohibición de movimientos sin analítica, el cierre inmediato de fronteras, etc. así como la bioseguridad, son medidas que se citan como factores determinantes en el control y que en veterinaria se llevan a rajatabla.

– Sostiene el presidente del Gobierno que, aun actuando tarde, España ha sido de los primeros países en aplicar medidas ¿qué opina al respecto?

– Cuando comenzó la epidemia nadie sabía cómo podía evolucionar. Se trataba de un virus completamente nuevo, con características que se desconocían. Sólo se sabía lo que nos llegaba de China: que causaba procesos neumónicos leves, aunque en algunos casos alcanzaban gravedad, una tasa de letalidad sobre el dos por ciento y una tasa de contagio elevada (similar a la de la gripe). Pronto se apreció su capacidad de dispersión geográfica, muy relacionada con los movimientos aéreos nacionales e internacionales, como ocurrió con el SARS. Pero, desde este momento ya comenzaron a producirse fallos importantes, la primera la OMS. En epidemiología, definimos una epidemia cuando el número de casos de una enfermedad está significativamente por encima del número que esperamos que se presente. No preveíamos que se presentara ningún caso, así que la epidemia estaba ahí. Definimos la pandemia como una epidemia de una amplia distribución geográfica. Y la difusión geográfica también estaba ahí. Creo que la OMS tardó mucho tiempo en declarar la pandemia (el 11 de marzo, más de tres meses después y cuando ya se habían declarado más de 126 mil casos). Craso error, porque la precocidad en las medidas de control es crucial.

En España, se detecta el primer caso el 1 de febrero y a finales de ese mes ya hay 45 casos. El 9 de marzo, con más de 1.000 casos (¡1.000 casos!) se recomienda el teletrabajo en Madrid y Vitoria. El sábado 14 de marzo, con más de 5.700 casos, el colapso de las urgencias y casi 200 fallecidos declarados, se publica el RD 463/2020 que declara el estado de alerta. Desde el 24 de febrero hasta que se publica el estado de alerta (20 días), la incidencia (nuevos casos) se duplicaba cada 42 horas. ¿Es eso una rápida aplicación de las medidas?

–  Preocupa en parte de la opinión pública que el COVID19 se pueda contagiar a los animales. De hecho, un tigre del zoo de Nueva York parece que lo ha contraído. ¿Es esto posible? Y de serlo ¿la pandemia puede adquirir un derroteros peores de los que ya está teniendo?

– Se tiene noticias de que algunos animales han sido infectados por sus cuidadores, pero siempre el sentido de la infección ha sido desde el hombre hacia los animales, y nunca de los animales hacia los humanos. Y esto, desde un punto de vista epidemiológico tiene mucha importancia. Así que, por ahora, y hasta que tengamos más noticias, podemos estar tranquilos con nuestras mascotas. Por eso es muy importante trasladar a la opinión pública que no abandonen sus mascotas, que no son una fuente de contagio efectiva para transmitir del SARS-2 a los humanos según se conoce hoy.

– ¿Cómo está viviendo el sector ganadero esta situación? ¿Qué recomendaciones les hacen los veterinarios?

– Con preocupación. La inquietud de la sociedad hace que apenas se vendan productos agroganaderos, lo que colapsa muchos sectores económicos. Pero me preocupa también que descuidemos otros aspectos de la sanidad animal, con la posible aparición de enfermedades ya controladas. No podemos bajar la guardia.

Creo necesario hacer notar que los veterinarios han demostrado en esta crisis una gran solidaridad, recordemos que han donado desinteresadamente casi todo su material de protección (guantes, mascarillas, batas, protectores, calzas…) a centros sanitarios, así como respiradores y concentradores de oxígeno. Se han mantenido trabajando por la salud pública y por la sanidad animal y, en definitiva, han estado a la altura de lo que se esperaba de ellos.

-¿Por qué cree que se compran fuera los tests de diagnóstico? ¿No estamos capacitados en España para producirlos?

– Desconozco el por qué. En España tenemos un alto nivel tecnológico en investigación y transferencia y hay empresas capaces de desarrollar kits diagnósticos de calidad en un tiempo razonable. Si se hubiesen autorizado, claro.

Además, en veterinaria estamos acostumbrados a realizar análisis de gran cantidad de muestras que son analizados en los laboratorios de sanidad animal con una cadencia que puede llegar a varios miles a la semana. Pero, incomprensiblemente no se han utilizado a pesar de la gran cantidad de análisis que hacen falta. A la gente le puede extrañar, pero las técnicas diagnósticas que se emplean son absolutamente las mismas (RT-qPCR, inmunocromatografía, iELISA…)

En España tenemos un alto nivel tecnológico en investigación y transferencia y hay empresas capaces de desarrollar kits diagnósticos de calidad en un tiempo razonable.

– Por cierto, ¿es usted partidario de los análisis masivos?

Por supuesto. La base fundamental del control de una enfermedad es el diagnóstico. Hasta que no conozcamos quiénes son TODOS los individuos infectados no podremos controlar el contagio, que es la esencia de las enfermedades infecciosas. Sin contagio no hay nuevas infecciones y, por tanto, el brote desaparece.

– Algunas preguntas que rondan con inquietud entre la población y que no sé si usted se atreve a contestar ¿puede haber una segunda oleada de contagios? De ser así ¿las medidas que se tomen deberían ser las mismas?

– La segunda oleada dependerá del grado de cumplimiento del secuestro (o confinamiento), de la inmunidad colectiva alcanzada y de las condiciones ambientales. Un tiempo seco y caluroso acabará con el brote casi con toda probabilidad, como ocurre con el resto de las coronavirosis, y esta no tiene por qué ser distinta en este aspecto. Otro cantar será en el próximo otoño, porque ya no depende tanto del virus como de la capacidad de respuesta de algunos individuos que pueden quedar como portadores, especialmente personas inmunotolerantes.   

No sabemos cómo puede evolucionar este virus, pero sí podemos compararlo con lo que sabemos de otros coronavirus conocidos. Todos los coronavirus son enormemente estacionales, ya que son muy sensibles a las condiciones ambientales. Las condiciones disgenésicas relacionadas con la desecación, la temperatura y las radiaciones UV acaban con ellos en pocos minutos; además, la mayoría de ellos se transmiten por vía respiratoria (aunque algunos tienen un contagio feco-oral, dependiendo del tropismo) y su supervivencia en el ambiente es muy limitada. Por eso es muy probable que ocurra como con otros coronavirus humanos (los virus 229E, NL63, OC43, HKU1) que suelen tener una ventana desde noviembre a abril, o la mayoría de los virus animales que tienen una distribución temporal similar, desde mediados de otoño a mediados de primavera. El virus de la gastroenteritis transmisible porcina, un coronavirus típico, sobrevive en los meses de invierno y desaparece en verano; además se ha comprobado que es más patógeno y capaz de producir mayores títulos de virus en los lechones mantenido a bajas temperaturas (8-12ºC) que en los que son mantenidos a temperaturas altas (35-37ºC), lo que ayuda a explicar la mayor cantidad de virus circulando durante los meses fríos. El coronavirus respiratorio porcino también desaparece durante el verano, y un virus serológicamente relacionado con los virus SARS, el Betacoronavirus bovino también es típicamente invernal (tanto es así que la enfermedad que provoca se conoce en ambientes ganaderos como “diarrea de invierno”).

En definitiva, lo más probable es que cuando llegue el tiempo caluroso y seco la COVID desaparezca. Podría reaparecer en otoño, aunque creo (y deseo) que ya, con menor gravedad e intensidad, como ha ocurrido en otros brotes por coronavirus.

La base fundamental del control de una enfermedad es el diagnóstico. Hasta que no conozcamos quiénes son todos los individuos infectados no podremos controlar el contagio.

– ¿Qué estamos aprendiendo y que no de esta pandemia?

– Esta es la respuesta más difícil de contestar. Se está aprendiendo mucho, no cabe duda, pero lo que es seguro es que los cambios en la sociedad ya serán indelebles.

21 Comentarios

  1. Este señor se olvida que junto con los veterinarios existen farmacéuticos que también hacen vigilancia de salud pública y control de seguridad alimentaria
    El egocentrismo de los veterinarios es abismal

    • En repuesta al anónimo de las 3:49, decirle que no se ha olvidado, ha hecho una artículo desde una perspectiva veterinaria, que es su campo y del que debe hablar. Imagino que el suyo es el de farmacéutico, así que le invito a escribir un artículo sobre su perspectiva antes de insultar al colectivo veterinario. Ensalzar su campo no debe ir en detrimento del de los demás. Luche por su valía sin desprestigiar a otros. Gracias.

      • Yo creo que no es un insulto, es una clara definición de la situación actual del acaparamiento y protagonismo español del que se precia dicho colectivo, al que admiro como compañeros. Los farmacéuticos de Salud Pública nos dedicamos a trabajar y defender la Salud Publica junto a resto de compañeros sin menospreciarlos y sin escribir artículos menospreciando la labor de cualquier profesional en la gestión de esta crisis.

    • En ningún momento de la entrevista he hablado de farmacéuticos, colectivo al que admiro y quiero. Supongo que a este señor, también anónimo, lo que le ha molestado han sido mis palabras: “La labor, siempre callada, del veterinario es la de asegurar la salubridad de los alimentos que tomamos…”.
      Creo que este anónimo debe saber que una cosa es el control de la seguridad alimentaria y otra, bien distinta, el control de la cadena alimentaria (que fueron mis palabras).
      El mantenimiento de la sanidad animal corresponde al veterinario, el control de la cadena alimentaria, también (al menos así lo dice toda la normativa europea -Reglamento (CE) nº 882/2004, del Parlamento Europeo y del Consejo- y española), los profesionales que se encargan de inspeccionar los productos alimenticios que llegan desde distintos países a nuestras fronteras (también el control oficial en los PIF es exclusivo del veterinario), o a las lonjas, mercados de abasto, supermercados, tiendas…, que también hacemos mayoritariamente, así como también hay muchos veterinarios como Técnicos Superiores en Nutrición y Control de Alimentos de hospitales (por ejemplo en el Reina Sofía de Córdoba).
      Mi intención, en ningún momento ha sido menospreciar o ningunear a una honorable profesión como es la de Farmacia.

  2. Acá en México en mi ciudad estamos a más de 30 grados y en sequía y cada vez hay más muertos y más contagios , no tiene nada que ver el clima

    • Siento mucho lo que están sufriendo en México, como en otros lugares. Pero recuerde que están ustedes en el hemisferio norte. Es primavera. Ánimo.

  3. Los meses más fríos son más secos y los más calurosos más húmedos. Puede ser un lapsus o un error de transcripción, pero covid-19 prefiere ambientes por debajo de 45% de humedad, es decir, secos.

    • En efecto, estoy totalmente de acuerdo con su apreciación. Comento en la entrevista que es muy disgenésica para el virus la desecación, es decir la pérdida de humedad, en cuyo caso el virus apenas sobrevive unos minutos. Cuando hablé de tiempo caluroso y seco, me refería a tiempo con falta de lluvias.

  4. Es la primera vez (y la última) que contesto a estos comentarios. He querido ser amable respondiendo a D. Bernardo Romero, que ha hecho unos comentarios constructivos, pero al ver otros he querido dejar clara mi postura. La bilis que destilan algunas personas…, creo que no merece la pena gastar más tiempo en esto.
    Buena suerte a todos

    • Don Antonio no se enfade usted.
      Los comentarios de los lectores son iguales de constructivos y con la misma bilis que los suyos.

      http://www.diarioveterinario.com/texto-diario/mostrar/1886249/control-pandemia

      Habrá que enseñarle (aunque a este puesto debe llegarse ya aprendido) al Dr. Simón que los Betacoronavirus causantes del SARS, del MERS y de la COVID-19 proceden todos ellos de especies animales…
      Pero, lo que no cabe duda es que la clase política mundial no ha estado en absoluto a la altura de las circunstancias, ha ido siempre muy por detrás de la epidemia, apagando fuegos en vez de evitar que se prendan…
      Ahora, la pregunta que habría que hacerle al Dr. Simón es ¿por qué cree que en Alemania la COVID-19 ha tenido menos repercusión que en cualquier otro país europeo? Se la respondo yo, tal vez porque la crisis la gestiona un veterinario….

      En mi tierra dicen … si tienes la lengua larga, mejor que tengas el lomo …
      Usted parece tener la piel muy fina.

  5. Es logico que se vaya. Lo que dice en la entrevista es de vergüenza, y barbaridad con respecto a los tests de diagnóstico, lo mismo que otras entrevistas anteriores citadas en los comentarios. Sr. Catedrático, flaco favor le hace al colectivo veterinario, habla cada vez una cosa y falla más que una escopeta de caña. Desde luego, carece de la prudencia que exige el método científico. Sr. Arenas, comprenda al menos que si hacen un barrido buscando opiniones de expertos y se encuentran con las suyas, nadie se atreva a llevar a veterinarios a un comité de “expertos”, señor, de ¡expertos!, distinto de charlatán de tómbola de feria.

  6. Señor catedrático ( de estos tiempos, en otros ya se vería). Parece mentira, increíble, que mantenga “Son más peligrosos el sida o la gripe, pero lo que se lleva es el coronavirus”, titular copiado de cordopolis. Afortunadamente no lo han puesto al frente de comité alguno y debería quedarse en su casa, calladito. Así no nos deja mal a los demás.

  7. Vaya, nos acabamos de enterar del comité Andaluz y junto al familiar del consejero está usted, junto a alguna honrosa excepción. Otro petardazo

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