Música a las 20:00 ¿sí o no?

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Una comunidad en el barrio de San Andrés decide si los altavoces salen a los balcones tras los aplausos

Carteles sobre la música a las 20:00 en los balcones.
Carteles sobre la música a las 20:00 en los balcones. /Foto: LVC

Lo prolongado del periodo de confinamiento está generando problemas de convivencia en algunas comunidades de vecinos. Tras los aplausos de las 20:00 se ha establecido la costumbre de amenizar al vecindario con música, pero no todo el mundo tiene por vecino a Alberto de Paz y cada uno hace lo que puede. Quien tiene un piano lo arrastra hasta el balcón y quien sabe tocar la guitarra no desaprovecha la oportunidad de lucirse. Ahora, en plena Semana Santa, hay quien canta saetas y quien no tiene piano, ni sabe tocar la guitarra, ni cantar saetas, saca el equipo de música para amenizar a los demás.

Carteles sobre la música a las 20:00 en los balcones.
Carteles sobre la música a las 20:00 en los balcones. /Foto: LVC

Lo que en un principio se tomó como una medida divertida que ayudaba a relajar los rigores del confinamiento y a fomentar los vínculos entre los vecinos, parece que ha llegado a cansar. En un portal del barrio de San Andrés apareció ayer un cartel en el que se hacía notar no tanto la presencia de la música, sino el volumen con que se proyectaba al vecindario. 

En el aviso sólo se pide si es posible “poner la música un poco más baja”, subrayando el “un poco” para que nadie interprete que se pide su prohibición. Se explica, además, que el volumen es tal que es imposible identificar el piso del que procede. Pero, al poco, este cartel ya tenía respuesta. A su lado se fijó otro en el que se identifica la persona que pone la música “a petición popular del vecindario” y explica que “el estado de alarma nos ha llevado a un estado de convivencia, conocimiento y tolerancia diferente -y creo que mejor- al que acostumbramos”.

Con el objetivo de alcanzar la paz entre los vecinos sin fractura la convivencia, esta persona propone una votación sobre la música, sí o no. Al final del folio hay dos recuadros en los que cada vecino que lo desee puede poner una cruz para decidir si se prosigue con este entretenimiento o se suspende.

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