Monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba: “Acudamos a San Rafael, que nos ha librado de muchas calamidades”


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Monseñor Demetrio Fernández./Foto: Irene Lucena

El hombre propone y Dios dispone: este refrán adquiere un rotundo sentido cuando realizamos esta entrevista, agendada hace varias semanas y planteada, principalmente, para que el obispo de la diócesis, don Demetrio Fernández, nos hiciera un breve balance de sus diez años en Córdoba, de la Semana Santa en puertas, del trabajo que se desarrolla con los jóvenes o la labor de los seglares comprometidos día a día.

Pero, en este viernes 13 – que es cuando la realizamos- el Obispado acaba de emitir un comunicado con medidas preventivas de cara a la pandemia que afecta al planeta y que ha llegado a España de una forma contundente. Se había decidido el cierre de la Mezquita Catedral y el presidente del Gobierno estaba a punto de anunciar el estado de alarma. El escenario es el que es y don Demetrio, en cualquier caso, nos recibe en medio de una ajetreada jornada en el palacio episcopal y no exento de buen humor, a pesar de la incertidumbre que produce el vertiginoso devenir de los acontecimientos y de lo que, a esa hora del viernes, solo son tristes previsiones. La suspensión de las estaciones de penitencia en Córdoba, por ejemplo, poco después de que se anunciara la misma medida en Sevilla, cuando ya escribimos estas líneas. El peor de los presagios, en este aspecto, se ha hecho realidad en un marco ciertamente confuso sobre todo por otras medidas sanitarias que habrán de venir. Esta entrevista, por tanto, adquiere otro sentido y ha tenido otro desarrollo al previsto. Prueba diáfana de que ni la vida ni los acontecimientos son algo que podamos controlar. La pandemia pasará y nos habrá dado una lección de humildad impagable.

 

– Una crisis de estas características nos permite también un reencuentro con nosotros mismos ¿no cree usted?

– Sí. Dios está cerca de nosotros especialmente en los momentos de dificultad. Por tanto, es un momento de mayor cercanía de Dios, así que acudamos a Él. Y a todos los cordobeses decirles que acudamos a San Rafael, que para eso es el custodio, que nos ha librado de terremotos, de calamidades, de pestes… ¿Y no nos va a librar de ésta? Además yo hago un voto: que la fiesta de este año la celebraremos con mayor solemnidad. Así que todos a rezar a San Rafael.

– Estamos preocupados por la celebración de la Semana Santa. Me llama la atención cómo se confunde, e identifica, en general, la Semana Santa con los desfiles procesionales.

– Bueno porque, lógicamente, es una expresión de la Semana Santa y más en esta tierra, en la que el que no quiera saber que estamos en Semana Santa se tiene que ir. Porque es una cosa que te alcanza por ósmosis. Tu vas a cualquier otro lugar de España y la Semana Santa puede ser paralela a la vida de la ciudad. Pero en Córdoba no se entiende si no es con las procesiones, mañana, tarde, noche y todo lo que sigue… Los que sois de aquí quizá no os días cuenta. Yo, que no soy cordobés, cuando llegué aquí una cosa que me asombró enormemente  fue esa celebración tan solemne, y con tanta ‘bulla’, que es la Semana Santa. Entonces es lógico que la gente identifica la Semana santa con eso. Si Dios quiere y estamos vivos y sanos, pues celebraremos la Semana Santa litúrgicamente, como Dios manda, en la Catedral. Y la retransmitiremos por televisión, porque, probablemente para entonces esté cerrada la Catedral no sólo a los turistas, sino al culto. Y celebraremos la misa a puerta cerrada, transmitiéndola por televisión. La liturgia de la Semana Santa la celebraremos, si Dios quiere, como siempre, aunque con pocos participantes. En cuanto a lo demás, yo no lo sé, pero ya dan todos por hecho que no se va a celebrar. [ Recordamos de nuevo que esta entrevista se hace casi 24 horas antes de que se decidiera suspender las estaciones de penitencia en Andalucía y posteriormente en todo el territorio nacional ]

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– Eso también nos permitiría vivir una Semana de Pasión también de una forma muy especial. ¿Qué nos recomienda usted en ese sentido?

– Yo veo que con toda esta circunstancia tenemos que sacar bienes de ella. Es una llamada a un cierto retiro. Vamos a cortar actividades ordinarias; el trabajo lo haremos, si podemos, telemáticamente, aunque otros tendrán que estar presencialmente… y, bueno, pues vamos a tener tiempo para acercarnos a Dios. Yo creo que esto es una llamada de Dios: ”Acercaos a Mí”. Así que nada, así lo haremos.Creo que de aquí sacaremos muchos bienes. Dios quiere acercarnos a Él, nunca nos obliga. Ni siquiera en los momentos de dificultad. Pero en esos momentos está más cerca, para librarnos del miedo a la muerte, que dice la Carta a los hebreos que “nos atenaza y nos hace vivir esclavos”. Jesucristo no se libró de ese miedo. Otra cosa es que, bueno, la libertad de Jesucristo todavía no ha llegado del todo a nuestro corazón. Y luego todo el misterio de la enfermedad, de la debilidad, nos hace entender lo frágil que es la vida. Que cuando uno tiene buena salud, y años, y energía, parece que se come el mundo entero. Y vienen estar circunstancias que nos hacen pensar, no sólo a nivel personal sino también colectivo, sobre la fragilidad de la vida. Y se rompe por un ‘bichito’, en este caso, por un virus.

Dios está cerca de nosotros especialmente en los momentos de dificultad. Por tanto, es un momento de mayor cercanía de Dios, así que acudamos a Él.

– Ocurre, además, en una sociedad donde el hombre se ha puesto en el centro a sí mismo y ha matado a Dios.

– Sí, creo que nos hará reflexionar mucho. Y habrá gente de todo tipo que pensará a fondo en estas circunstancias. Pienso que será un bien, será un avance en la vida y en la convivencia. Es una forma que tiene Dios de decirnos algo en relación con Él y en relación con los demás, porque la protección que uno busca no solo es para él: yo me protejo en bien tuyo y en bien de la sociedad. Tengo obligación de protegerme. Tiene un sentido solidario la protección. No es un ‘sálvese quien pueda’ y quedarse en una campana de cristal… no, no. Se trata de ayudar a los demás.  

– A este respecto se está siendo particularmente crítico con la gente más joven, por su falta de protección y quizá su inconsciencia. Una imagen de los jóvenes en muchos casos alejada de la realidad. Esta diócesis viene desarrollando un importante trabajo con la juventud, sobre todo escuchándoles para conocerlos mejor.

– Ayer, por ejemplo, se tuvo a puerta cerrada el Adoremus como una actividad propia de la Iglesia y de los jóvenes, para transmitir también a través de gestos que los jóvenes  tienen que aportar, no solo su vitalidad, que lógicamente la tienen mayor que los adultos o ancianos, sino también su manera de entender la vida. Sí, la Iglesia escucha a los jóvenes pero también tiene que enseñarles la experiencia de siglos y ayudarles a que no sólo piensen en sí mismos sino en los demás. Fíjate que las grandes pestes, calamidades e infortunios que ha habido en la historia han sido las grandes ocasiones de solidaridad. vamos a pensar que esta lo va a ser también.

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– ¿Qué reflexión le merece que, sobre todo en las grandes ciudades y con esta pandemia los niños se hayan convertido en un problema?

– Bueno, eso no solo por el coronavirus sino que ocurre desde hace tiempo. Los niños estorban. Llevamos 40 años con la tasa de natalidad más baja del mundo. La gente tiene la vida planteada de otra manera y una de las tareas principales de esta generación es transmitir la vida a la siguiente. Tarea que no cumplimos suficientemente. Ese mal lo tenemos y es endémico, peor que el virus. Porque quiere decir que la vida está planteada para mi propio egoísmo , para mis intereses. Falla el cimiento principal de la sociedad.

– De las medidas preventivas que ha adoptado la diócesis ¿cuáles destacaría?

– La medida principal va en sentido espiritual. Decir a la gente que es momento de esperar, y de esperar en Dios, de ayudar a los demás. En la propia familia tienen un campo continuo, porque en las próximas fechas se van a declarar casos muy cercanos a cada uno. Hay que salir al encuentro, ayudarlos. Ese es el principal mensaje, porque en torno a las actividades concretas o las cautelas, es la autoridad civil la que nos va diciendo lo que hay que hacer. Nosotros estamos a lo que nos digan.

– En Italia, y en Roma en concreto, se han suspendido misas y ha habido católicos que no lo han entendido.

– Sí, bueno, ya lo entenderán. Hay cosas que no entendemos en la vida y las comprendemos después. ¿Cuántas cosas te han dicho a ti de joven que no has entendido? Cuando vas creciendo te dices: “Pues que razón tenía mi madre, o mi padre”… Es así la vida. Hay cosas que se entiende con el tiempo. Pues mira, incluso fue el arzobispo de Milán el que dijo de seguir celebrando las misas. Me parece muy bien pero esa dejadez, tanto de las autoridades civiles como eclesiásticas, ha dado como resultado que allí, proporcionalmente, se haya expandido el virus más que en China. Entonces en España tenemos que aprender de los errores de los demás. Yo estaría hoy dispuesto a cerrar todas las iglesias porque me parecen un lugar de contaminación, porque la gente va a misa, entra, sale, se da la paz… y si se juntan 20 o 30, es probable que el virus esté en alguno. Y se transmite a todos. Esto es así. No hay que darle más  vueltas y no hay ser muy matemático.

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– De hecho, una de las medidas ha sido el cierre de la Mezquita Catedral.

– Pero eso es obvio. Fíjate tú que a los cordobeses no les importa tanto que se cierre la Mezquita Catedral como que se cierre el Patio de los Naranjos, que se cierra también. Porque la gente le tiene mucho cariño al Patio de los Naranjos, pasarlo, atravesarlo, estar allí… En la gente del Casco es muy frecuente. Cuando se encuentren la puerta cerrada, pues ya verás. Porque que la Mezquita Catedral esté cerrada, pues muchos la han visto o la verán. Es el turista el que se sorprenderá de que el templo esté cerrado. Pero la sorpresa para los cordobeses será que esté cerrado el patio, que estará cerrado, claro, porque templo y patio pertenecen al mismo dueño.

A los cordobeses no les importa tanto que se cierre la Mezquita Catedral como que se cierre el Patio de los Naranjos, que se cierra también. Porque la gente le tiene mucho cariño al Patio de los Naranjos, pasarlo, atravesarlo, estar allí…

– Teníamos una entrevista preparada, pero los acontecimientos nos han obligado, desde luego, a realizar otra. Por eso me gustaría pedirle un último mensaje para los feligreses en estas circunstancias excepcionales.

– Pues en primer lugar, que no tengan miedo. Jesucristo ha vencido a la muerte y los que somos amigos suyos tenemos la muerte vencida ya. Hay que pasar por ella pero está vencida. Con lo cual, lo vivimos con mucha esperanza. Y luego,  tenemos a nuestro alcance muchos medios para esta epidemia. También hay que ponerla en su sitio. Es decir, hasta ahora, el 97% o más de los que la contraen se curan. Vamos a tener también esta esperanza humana en la ciencia. Pensemos en tantos lugares donde esto sucederá y no tendrán los medios que tenemos nosotros. Eso hay que tenerlo en cuenta. Igual que comemos todos los días y hay mucha gente que no come y se muere de hambre, pues nosotros tenemos toda una sanidad a nuestro servicio. Y si esto llega a África, pues no nos enteraremos, porque aquí hay muertos que salen en el periódico y muertos que no salen. Pero han fallecido los dos. Cuando este llegue a zonas como África o América, la gente morirá como chinches, porque no tendrán los remedios a su alcance. Y no saldrán en los medios.

Si esto llega a África, pues no nos enteraremos, porque aquí hay muertos que salen en el periódico y muertos que no salen.

Esto nos debe abrir a la solidaridad universal, a la sanidad, a los medios de salud… porque tenemos mucho a nuestro alcance y  de ello debemos dar gracias a Dios. Y hay mucha gente que no tiene ni siquiera lo elemental. Yo he estado cuatro veces en Picota, en Perú. ¿Tú sabes que allí, con una colitis que te dé, te puedes ir al otro mundo? El hospital más cercano está a una hora y la gente muere en el camino. Ahora que estamos un poco apretados es cuando uno se da cuenta de lo que es la salud, y de lo que es tener medios que te ayudan a curar las enfermedades, pero hay gente que no dispone de eso en toda su vida. Yo lo he visto de cerca.

¿Un mensaje? Esperanza. Y he dicho a todo el mundo, y lo repito, que acudamos a San Rafael, que es custodio de Córdoba que nos ha librado de muchas calamidades. Este año, si Dios quiere, celebraremos su fiesta por todo lo alto.

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Monseñor Demetrio Fernández./Foto: Irene Lucena