Manuel Chacón, profesor de Historia: “Para bien y para mal, los españoles no hemos cambiado tanto en 3000 años”

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Manuel Chacón./Foto: Irene Lucena
Manuel Chacón./Foto: Irene Lucena

Mantenemos una curiosa relación con nuestro pasado, con nuestra historia, marcada en muchos casos por sentimientos bipolares ajenos a la propia historiografía más académica y neutral. Relación con la famosa leyenda negra, o el fatalismo, o la vergüenza o con sentimientos peores como el rencor y la venganza. Amén de las interesadas manipulaciones que en muchos casos desde la política se han incrustado, sobre todo en la últimas generaciones, para que los mitos refuercen el famoso lema “la democracia es dialogar y votar cuando queramos”. Pero también tenemos una humana necesidad de conocer de dónde venimos y cómo ha sido la vida de nuestros antepasados, qué sucesos, alianzas, batallas y conquistas ayudan a explicarnos cómo hemos llegado hasta aquí. Cuando más nos tratan de robar la Historia, como efecto rebote casi, más ganas nos entran de conocerla, más allá de las aulas escolares, los programas curriculares o los documentales televisivos.

Y en esto juegan un papel fundamental los historiadores que tratan de transmitir los conocimientos y preservar el legado. Manuel Chacón (Cabra, Córdoba, 1977) es uno de ellos, de los que no quieren quedarse recluidos en su ámbito docente, y que ejercen la investigación y la divulgación. Con charlas, con jornadas como las Hispano-visigodas Égabro, colaborando con asociaciones como las Dionisio Alcalá Galiano,   ‘Estudio y Acción’ dirigida principalmente a los jóvenes, o la Égabro 1240, Chacón hace tiempo que pasó a la acción frente al desconocimiento cada vez más generalizado, las manipulaciones taimadas y los distintos planes educativos partidistas. Porque le gusta su oficio y sobre todo, porque está comprometido con esa herencia de siglos que nos convierten en uno de los pueblos más grandes y con más patrimonio del mundo.

 

– Recientemente llenó usted el salón Julio Romero de Torres del Círculo de la Amistad con una conferencia sobre la primera vuelta al mundo y la conquista del Imperio Azteca. Parece claro que hay interés por la Historia.

– Sí, es como una ola que viene despertando. Muchos lo estamos percibiendo desde hace un lustro, aproximadamente, o quizá en una década, la que ahora concluye. En efecto hay interés por la Historia y por la historia de España. Creo que desde  muchos sitios, de toda la geografía nacional, y en diversos campos, la gente está despertando. Una especie de “2 de mayo” cultural, valga el símil, porque desde las instituciones públicas muchos pensamos que no se ha hecho lo suficiente en las últimas décadas. Quizá por unos complejos políticos  debido al  Régimen anterior se ha ido al extremo contrario, algo muy español. Pasamos de la sequía al torrente y del invierno al verano sin solución de continuidad. Y en el término medio ya decían los romanos que está la virtud y en eso a los españoles aún nos queda mucho camino.

Y sí, hay mucha gente que tiene ansias de Historia sin complejos. Tampoco sin nacionalismos, que bastantes hemos tenido y tenemos. Hay ganas de conocer nuestras raíces sin complejos y sin manipulación.

– Dos gestas objeto de su conferencia que cualquier país llevaría con orgullo pero que en España, o no se celebran, o son motivo de vergüenza.

– Sí, es muy curioso. Podríamos hacer varios congresos sobre este tema. Lo han dicho Ferrer Dalmau o Pérez Reverte: que si Elcano fuera inglés tendríamos 20.000 películas sobre él. Y es verdad. Se ha hecho una serie, parece ser, que no se ha difundido mucho aún. De Hernán Cortés se ha hecho otra serie que aún no he visto pero que me han dicho que está realizada sin muchos complejos. Pero, a ver, existen reparos y complejos en despertar un sano orgullo de nuestra historia con sus errores y sus aciertos. Quizá en otras épocas, desde el siglo XIX, se arrastra hablar solamente de aciertos, de una historia gloriosa que no responde tanto a lo que son las realidades muchas veces. Aquello que dijo don Joaquín Costa de “echar siete candados al sepulcro de El Cid”, porque solamente se hablaba de glorias y no se atendía a la modernización de España, tan necesaria. Ni ocultarla ni tampoco exacerbarla, sino un término medio, que es muy necesario.

Existen reparos y complejos en despertar un sano orgullo de nuestra historia con sus errores y sus aciertos.

– Dice que han sacado la cara por Elcano un pintor y un escritor. ¿Y dónde están los historiadores?

– Bueno, desde la Historia algunos intentamos modestamente hacer algo. Desde las instituciones hay que decir que el Ministerio de Cultura ha puesto en marcha una exposición en Sevilla, que ahora concluye. También en el Museo Naval de Madrid hay una exposición muy buena que dada la respuesta del público han tenido que prolongar hasta mayo. La exposición de Sevilla ahora va a San Sebastián está bastante bien. Pero es cierto que el año pasado comenzó con la mala sorpresa de que el gobierno portugués se adelantaba al nuestro en la conmemoración de lo que llamaron “La ruta de los portugueses”, quitando cualquier sombra de España de esta gesta que verdaderamente fue española. Financiada por nuestro país, con un 90% de tripulación española y con el absoluto apoyo de la corona,  del joven rey Carlos I. Los portugueses intentaron boicotearla.

Manuel Chacón./Foto: Irene Lucena

– Usted es profesor ¿Qué tipo de Historia se le está enseñando hoy en día a los chicos en los centros?

– Cada vez con menos contenido. Más competencias, lo cual en principio no es malo porque hay que aprender a desenvolverse en un mundo tan cambiante, pero los contenidos hay que saberlos. No podemos recurrir siempre a Wikipedia o a Internet. Uno debe tener ese conocimiento como una base fuerte y sólida, que se ha dado en generaciones anteriores. Quizá hace 50 años había excesivos contenidos, no lo sé con seguridad. Pero sí sé, ya en la época de mi generación, en el sistema del BUP y el COU de la ley de Villar Palací de 1970, que muchos profesores anteriores a mí coinciden en que esta ley y este sistema era muy buenos. Un punto intermedio muy bueno entre las actuales leyes que arrancan con la LOGSE de 1990. La Villar Palací ponía fin a la ‘Ley Moyano’ del siglo XIX, que quizá tenía muchos contenidos pero muy buenos también: conozco profesores o bachilleres que ahora mismo tienen alrededor de 60 o 70 años extraordinariamente formados. Pero los que nos criamos en los años 80 también nos prepararon muy bien. Ahora los chavales están mas formados en muchos aspectos – en inglés, probablemente mejor que otras generaciones- pero en cuanto a conocimientos de Historia esto es tremendo, una tragedia. Incluso en los últimos diez años, si coges un libro de texto del 2010 y otro del 2020, encuentras quizá un 60% menos de contenido. Es terrible. Cada vez se baja más el nivel y eso es trágico. Existen siempre excepciones, en todas las aulas, de niños mejores. Quizá por el entorno familiar, en el que suelen coincidir que tienen padres muy concienciados y responsables que están con sus hijos intentando siempre que se esfuercen, que consigan la excelencia, que aprendan más. O que les han transmitido amor por el conocimiento. Y siempre hay tres o cuatro alumnos excelentes, pero el resto están muy al socaire de los profesores que les toquen o de otros muchos factores.

– Comenta esto es una semana en la que ha habido movilizaciones en favor de la enseñanza pública.

– En mi modesta y humilde opinión habría que no atacar tanto a la enseñanza concertada como reforzar a la pública, y ya está. Muchas veces, además – y si me permite la opinión personal- muchos de los que dicen defender la pública son los que más la denostan.  Y a la enseñanza pública habría que mejorarla de otras maneras. Para empezar, con más presupuesto, desde luego. Intentar que la ratio fuera más baja, y eso acabaría con muchos problemas independientemente de la leyes educativas que se hagan, que además deberían ser por consenso, no partidistas.

– Menos contenido en la materia, apunta usted y yo le pregunto además por cómo se enseña: el otro día un joven adolescente de bachillerato me dijo que el New Deal norteamericano, tras la Gran Depresión, fue una gran conjunto de medidas socialistas, según su profesor.

Roosevelt no era socialista, evidentemente (risas). Es increíble. Se lo llegan a decir en esa época y al presidente le da un síncope. La intervención del Estado no es algo que solo se hizo en EEUU, sino también en Europa. Hay muchos disparates… Un error muy común. Incluso en historia de España se tiende a confundir a Miguel Primo de Rivera con su hijo José Antonio. Uno fue presidente del gobierno,  de un directorio cívico-militar (o dictador), pero el otro no llegó a gobernar nada. Y se confunden, incluso con sus fotografías. Y esto en revistas especializadas o de supuesta divulgación. Y en libros de texto, con algunos que hay que mirarlos y revisarlos porque se meten errores. Cada vez más.

Manuel Chacón./Foto: Irene Lucena

– Como historiador, ¿qué significa para usted la Ley de Memoria Histórica?

– Pues una ley que teóricamente tiende a restañar heridas y en realidad ha conseguido todo lo contrario. Porque parece que solo cuenta un bando de la antigua Guerra Civil y el otro no. Que habla de buenos y malos. Y esto no es así. La Historia demuestra que la guerra no fue así. Y después de tantísimos años, todos somos herederos, de alguna manera, de la gente que tuvo la desgracia de participar en ella en los dos bandos.

– ¿Ha acallado esta ley a los historiadores?

– A muchos. A otros se les ha dejado hablar más ¿verdad?. No hay suficientes debates. Y es politizar la Historia de una manera que es muy peligrosa. Deberían dejarnos a los historiadores hablar, debatir, hacer mesas redondas públicas para confrontar entre nosotros, porque nadie tiene el monopolio de la verdad. Y efectivamente habría que dar más voz a los historiadores y menos a los políticos en este tema.

Todos somos herederos, de alguna manera, de la gente que tuvo la desgracia de participar en nuestra Guerra Civil en los dos bandos.

-¿Es ese uno de los objetivos de la asociación Estudio y Acción?

– Creo que de momento no hemos tocado la temática de la Guerra Civil, pero sí, el objetivo es el debate, el conocimiento de la historia, hablar de valores y que se fomente el sentido crítico humanista en todos los aspectos para intentar mejorar la sociedad.

En su reciente disertación sobre los orígenes de Andalucía, en el Círculo de la Amistad de Cabra, fue particularmente crítico contra los mitos que usted tacha de falsedades andalucistas. ¿Tenemos de Andalucía una imagen distorsionada y oficial?

– Efectivamente. Empezando por los propios símbolos autonómicos, el color verde del Islam y el blanco de los omeyas que, evidentemente, forman parte del pasado y del patrimonio arquitectónico, culinario e incluso lingüístico que tenemos, pero que no son exactamente nuestros antepasados. Es algo que se ha venido diciendo desde hace mucho tiempo. Arrastramos una historia muy decimonónica, romántica, orientalizante, de gusto por lo exótico, por las emociones y la irracionalidad, que es como nos veían durante el Romanticismo ingleses, alemanes y franceses. Esto se ha adoptado en los nacionalismos vasco, catalán y andaluz, y hasta Franco, en ese sentido, estaba muy de acuerdo con Blas Infante. Era muy ‘maurófilo’, digamoslo así, y de gusto por lo oriental. Pero no es científico. Lo demostró don Manuel González Jiménez, catedrático de la Universidad de Sevilla, con sus estudios de los años 80 y 90 sobre los repartimientos, es decir, la repoblación y reparto de tierras y bienes durante los siglos XIII, XIV y XV en el reino de Sevilla y también un poco en el reino de Córdoba. La población musulmana fue expulsada, desde luego, en Córdoba, por Fernando III y luego por Alfonso X tras la revuelta mudéjar, es decir, los musulmanes que habían permanecido durante 25 años en Castilla, en la Andalucía castellana. Los expulsó totalmente y Andalucía quedó despoblada a finales del siglo XIII y principio del XIV. Y se repobló con gente llegada de Castilla, León, y en menor medida, de Aragón y otras zonas. Eso está demostrado por la Historia. Pero es que recientemente, hace año y medio, la Universidad de Santiago de Compostela, trabajando conjuntamente con la de Oxford han demostrado que genéticamente los andaluces coincidimos con el norte de España totalmente. Hubo un mapa que se difundió, muy interesante, con colores que ayudaban a ver esas trazas: bajaban desde Asturias, por León, Salamanca, Extremadura, hasta Sevilla, Huelva y Cádiz, y desde Cantabria y Castilla hasta Córdoba y Jaén. La inmensa mayoría de nuestros ancestros, alrededor de un 90% o más, provienen de Castilla y León. Y esto es irrefutable. Pero no llega a los libros de texto.

– ¿Esas mismas trazas genéticas valen también para el País Vasco y Cataluña?

– El País Vasco tiene una genética distinta. Ellos se romanizaron menos y luego, durante la Edad Medía, también estaban más aislados aunque colaboraban y se integraron en Castilla o Navarra indistintamente. Lo que no quiere decir que no tengan nada que ver con el resto de los españoles. La genética vasca, de las antiguas provincias vascongadas, sí se ha expandido fuera y Cataluña, parece ser, tiene  mucho que ver con Baleares y Aragón con Valencia, y no tanto Valencia con Cataluña.

 

En Andalucía arrastramos una historia muy decimonónica, romántica, orientalizante, de gusto por lo exótico, por las emociones y la irracionalidad.

Manuel Chacón./Foto: Irene Lucena

– Vivimos en una de las naciones más viejas de Europa . ¿Por qué nos empeñamos en discutir incluso ese dato?

Cierto. No sé si lo dijo Otto Von Bismark al que se le atribuye una frase que reza que “la nación más fuerte del mundo es España porque lleva varios siglos intentando autodestruirse y no lo consigue”. Pero es verdad que tenemos 3000 años de historia con el mismo nombre. Así nos nombraron los fenicios: Hispania significa “tierra donde se forjan los metales”, y no “tierra de conejos” que es otro mito que se ha formado. Lo que sí es cierto es que tenemos una genética y una tradición cultural muy cainita. Cuando llegan los romanos se encuentran aquí 20 o 30 tribus peleadas entre sí: íberos contra íberos, celtas contra celtas, celtíberos… Los fenicios no se adentraron mucho de la costa, comerciaban nada más. Pero es una tragedia y al mismo tiempo  increíblemente bonito también ver cómo no hemos cambiado tanto en 2000 o 3000 años, para bien y para mal. Descripciones que hacía Marcial de sus propios paisanos hispanos son muy actuales. Por eso, mirarse en la Historia, nos dice mucho de nosotros mismos. Y es muy importante aprender Historia y aprenderla bien, sin manipulaciones.

 

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