La obligada dimisión de Ábalos


A continuación, les reproducimos de forma íntegra el artículo realizado por el diputado nacional del PP por Córdoba, Andrés Lorite

Andrés Lorite./Foto: BJ Ábalos
Andrés Lorite./Foto: BJ
Andrés Lorite./Foto: BJ Ábalos
Andrés Lorite./Foto: BJ

José Luis Ábalos es ese personaje malhumorado que se le puede reconocer en la tv ante un fondo rojo, con un rictus de pocos amigos y lanzando improperios permanentes contra Pablo Casado y el Partido Popular con voz engolada. No es uno de los favoritos de la audiencia por su empatía, ni quiere ni puede serlo; pero él sólo cumple con su cometido que es ser el hombre-aparato del PSOE, secretario de organización le llaman. Esa función la hace de maravilla, se le da fenomenal ser el tipo duro y con una dosis justa de escrúpulos en el puente de mando de Ferraz. Todo sea para mayor gloria de Pedro Sánchez, quien ha confiado en él la fontanería de unas cañerías, las del “sanchismo”, que en no pocas ocasiones se obstruyen por las osadías de los socialistas de viejo cuño. A todos esos socialdemócratas los mantiene a raya… El brabucón Ábalos se ganó la confianza de su jefe durante las primarias, aquellas que aparecían en los versículos del antiguo testamento socialista ganadas con seguridad por la reina trianera Susana Díaz. El escudero de Sánchez por fin vio el pago a sus servicios prestados tras el encumbramiento de su amado caballero andante, que una vez recuperada la secretaría general del PSOE le propició un importante puesto a su derecha (con perdón). Trastabillado y sin argumentos fue su señalado debut en la tribuna del Congreso de los Diputados para presentar aquella infame moción de censura contra quien ofrecía un saldo objetivamente positivo para España, el Gobierno de Mariano Rajoy. Mentira tras mentira Ábalos cosió los apoyos parlamentarios a una injusta moción de censura que prosperó para mayor desgracia de España. 

Finalmente Ábalos terminó siendo ministro, fíjese usted. ¿Quién lo iba a decir? Pero el problema es que don José Luis no tiene tiempo ni paciencia para esos menesteres ministeriales más allá del que dispone entre el exabrupto del día en Ferraz y el sopapo y tentetieso que tiene que propinar a las federaciones díscolas. En fin, un lio…

Siempre se dijo que en el PSOE existen dos almas y en la actualidad esto es quizá más evidente. En relación a Venezuela se contraponen las tesis de González que claramente considera a Maduro un tirano y la de Zapatero que ejerce de mediador y parece cautivado por el dictador chavista. Ni que decir tiene que Sánchez, la peor versión del zapaterismo, está más en la segunda posición. Pudimos verle hace un año cuando rehusaba reconocer a Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela, hasta que no tuvo más remedio; hemos podido verle en estos días con una actitud reprobable evitando recibir a Guaidó en su visita oficial a España a diferencia de Europa y todo el Grupo de Lima. El colmo de esa actitud es lo ocurrido el pasado lunes cuando el ministro Ábalos fue el encargado de protagonizar un encuentro con la vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodríguez en nombre del Gobierno de España. La reunión se produjo en una sala de autoridades del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas según manifiestan testigos del episodio. Cabe recordar que la mano derecha de Maduro no puede entrar en territorio comunitario al tener impuesta una sanción por parte de la Unión Europea que considera a Rodríguez como responsable de la violación de derechos humanos en su país. Una vez hubo transcendido el encuentro secreto producido de madrugada entre la representante de Maduro y Ábalos, lo que de constatarse podría haber supuesto una grave vulneración de la legalidad, el ministro se apresuró a negarlo, tras ello aceptó que se produjo y volvió a contradecirse ofreciendo dos versiones diferentes a la opinión pública.

Es notorio que Ábalos ha mentido al verse acorralado e involucrado en este gravísimo episodio, igualmente ha sido incapaz de argumentar con qué objeto se produce dicho encuentro con una representante de la dictadura venezolana ni el contenido sobre el que versó la reunión. Por ello es de obligado cumplimiento que el ministro de las explicaciones oportunas en sede parlamentaria conforme ha solicitado el Partido Popular. Ante este cúmulo de hechos extraordinariamente graves, a Ábalos ya sólo le queda una única opción digna: la dimisión. España no se merece un ministro que le mienta.

¿Debería dimitir el ministro Ábalos, tras reunirse con la vicepresidenta bolivariana de Venezuela?

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