Rafael Casaño, presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Córdoba: “Hacemos una labor sanitaria a diario pero estamos muy desaprovechados”

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Rafael Casaño./Foto: Irene Lucena
Rafael Castaño./Foto: Irene Lucena

Los farmacéuticos no quieren trabajar menos sino hacerlo con más efectividad. Es lo que demandan a la Administración y además de manera proactiva: presentando planes, proyectos, soluciones. Su objetivo siempre es el paciente, mejorar la atención al mismo y responder con mayor efectividad a lo que realmente son: el primer eslabón en la cadena sanitaria. Rafael Casaño (Córdoba, 1967) preside un Colegio que acoge a más de 1000 miembros, donde la mayoría son mujeres y en una profesión que cuenta con un tasa de paro por debajo del 10%. Casaño es un presidente relativamente nuevo (desde abril de 2019) pero conoce perfectamente tanto el Colegio como sobre todo la profesión que ha mamado desde la cuna y desde su botica en Ciudad Jardín. En su cabeza bullen propuestas que repercutan en mejorar la modernización en la que está el Colegio desde hace años y que respondan a los retos de una población más envejecida pero mejor comunicada. Le preocupa la situación de sus compañeros en los pequeños pueblos de la provincia, a los que considera fundamentales y piezas clave de un sistema, este que disfrutamos en la Europa mediterránea, que convierte al boticario en alguien más de la familia.

– ¿Valoramos en su medida el modelo de farmacia del que disfrutamos?

– El modelo mediterráneo de farmacia ya es solo prácticamente en España donde queda vivo. Es un modelo basado en la capilaridad de la farmacia, en que llegamos a todos los sitios, y ha demostrado absolutamente su valía y por eso estamos. Si en Córdoba tenemos 30 oficinas de farmacia en núcleos de menos de 1000 habitantes y en poblaciones de menos de 500,  el farmacéutico se convierte en el único referente sanitario. Lo que pasa es que estamos desaprovechados. Le pedimos a la Administración que nos tenga más en cuenta. Somos capaces de ser el primer eslabón de la cadena sanitaria y estamos resolviendo constantemente, porque nuestro objetivo es el paciente. Es el que viene, consulta y tú cribas, cuándo tiene que ir al médico o cuándo no. Se está haciendo una labor, inmensa, diaria, y que nos encanta. Estamos pidiendo que nos aprovechen más, metednos en nuestros planes. Hay ejemplos como el cribado de cáncer de colon, que no ha sido tan exitoso por la toma de muestras sobre todo en las poblaciones pequeñas, y podía haber resultado más efectivo. Y nosotros estamos para esto, y encantados de colaborar con la Administración.

El modelo mediterráneo de farmacia ya es solo prácticamente en España donde queda vivo. Es un modelo basado en la capilaridad de la farmacia, en que llegamos a todos los sitios, y ha demostrado absolutamente su valía.

– Administración andaluza que ha cambiado y en la Consejería de la que dependen, con un cordobés y médico como es Jesús Aguirre ¿han notado ese cambio y una mejora de relaciones?

– El consejero es una persona muy cercana. Antes estaba Marina, con lo cual han sido dos cordobeses los que han pasado por ahí. El consejero tiene un carácter absolutamente dialogante y cercano. De todas maneras, las relaciones de las farmacias están establecidas con nuestro interlocutor, Antonio Mingorance. El Consejo Andaluz, los ocho colegios, nos reunimos y tomamos la decisión de negociar todos juntos con la Administración. Tenemos muchos proyectos, el consejero está recién llegado y creo que nos está escuchando y dando cuenta de la importancia de la farmacia. Tiene que ver que nos debe de aprovechar y que estamos para todo, para hacer planes juntos. No digo que antes no entendieran la importancia que tenemos, pero no la hicieron efectiva quizá porque hay siempre tantos problemas que al final se anteponen a la cercanía de la farmacia.

Rafael Castaño./Foto: Irene Lucena

– ¿Y qué proyectos han presentado?

– Hay un proyecto que comentaba con el consejero, precisamente, y es para los diabéticos. Existe una forma de medición que es intradérmica, y deseamos pilotar ese proyecto que la Junta quiere aportar a los diabéticos, que es mucho más cómoda que tener que andar pinchándose a diario. De esta manera, mediante un pilotaje que queremos que se ejecute en Córdoba, comenzaremos a ver de qué manera se puede llegar a los pacientes. Y esto sí necesita un sanitario que explique cómo se coloca el dispositivo y cómo realiza la medición. El consejero ha tomado nota y parece que tiene idea de llevarlo a efecto.

– El hecho de ser la primera línea de salud que un paciente encuentra, en su calle, barrio o pueblo, a ustedes les dota de un conocimiento que va más allá de lo sanitario. Tienen una idea más humana de lo que ocurre a su alrededor, ¿no?

– El farmacéutico no sólo es una persona que sabe escuchar y conoce su barrio o localidad. Nosotros no tenemos únicamente proyectos sanitarios: hemos presentado al Ayuntamiento – y pido desde aquí que nos escuchen- el ‘Proyecto Faro’. Somos capaces de detectar en la población del barrio y en sitios donde la soledad de las personas mayores es tan común, aspectos como que no haya adherencia al tratamiento o problemas mentales que pueda tener una persona mayor. Somos los primeros en darnos cuenta, En enero lo queremos presentar al Ayuntamiento para ir de la mano con los servicios sociales. Seríamos ‘el faro que ilumina´’ – de ahí el nombre- porque tenemos la información más cercana. Si detectamos algo raro queremos saber dónde comunicarlo para que, con los mecanismos legales que haya que tener para salvaguardar su intimidad, crear un sistema de prevención. Son personas que viven solas, que no toman tratamientos… Aparte del ahorro sanitario que produciría, es personal y humano también.

Nosotros no tenemos únicamente proyectos sanitarios: hemos presentado al Ayuntamiento – y pido desde aquí que nos escuchen- el ‘Proyecto Faro’.

 

– Ese sentido pragmático y de servicio les ha llevado a firmar un reciente convenio con el hospital San Juan de Dios. Háblenos de él.

– Estoy muy ilusionado con este convenio porque es increíble que en el siglo XXI uno tenga que comunicarse con un médico prescriptor, es decir, mediante un paciente, que viene a tu farmacia, te hace una consulta o detectas una anomalía en su prescripción que luego tenga que aclararte el médico. O sea, que no se tenga una línea directa con ese médico. En Córdoba tenemos tres grandes hospitales como Quirón, San Juan de Dios y Cruz Roja y sería lógico establecer una vía de comunicación con las oficinas de farmacia. A San Juan de Dios los felicitamos por su rapidez, ya que esto se lo planteamos en abril, lo firmamos la pasada semana y lo pondremos en marcha a partir de enero. Cualquier error o anomalía que pueda haber en la receta no obliga al paciente a volver al hospital a consultar, sobre todo si viene de una urgencia. ¿No es más lógico comunicar directamente con San Juan de Dios, informar de ello y que se solvente? Pues esto no estaba en funcionamiento: vamos a ser pioneros. Y estoy convencido que también se hará con Quirón y Cruz Roja, que nos han mostrado su disposición.

Rafael Castaño./Foto: Irene Lucena

– Un espíritu pionero e innovador que ha sido muy impulsado por su anterior presidente, Práxedes Cruz, etapa en la que usted ha estado como tesorero, en la ‘sala de máquinas’. ¿Ha cambiado mucho su vida desde que es presidente?

– Lógicamente ha cambiado. He pasado a estar en primera línea de batalla. Práxedes ha sido para este Colegio, a mi entender, de los mejores presidentes que han pasado por aquí. Lo ha modernizado, desde la sede hasta la manera de trabajar. Ha hecho un Colegio moderno y yo eso lo he vivido con él en la ‘sala de máquinas’, como has dicho. Ahora me ha tocado ,por las circunstancias – y así lo han querido los colegiados- continuar. Es una labor continuista. Evidentemente, siempre con ambición de mejora porque tenemos unas bases muy buenas. El primer objetivo que se planteó la actual Junta de Gobierno fue igualar la labor de Práxedes y eso no quita que tengamos que seguir caminando. Pero como el listón está muy alto, eso nos obliga a que no se note su ausencia. Mi vida ha cambiado a nivel personal porque me requiere más tiempo, más esfuerzo y todo lo que conlleva el cargo. Pero yo estoy encantado, porque amo a la farmacia y amo la profesión. Y son muchos años en este Colegio y se le quiere, porque forma parte de mi vida. Nadie de la Junta tiene aquí sueldo y trabajamos por el bien de la profesión de manera desinteresada. Estoy muy ilusionado, como no puede ser de otra manera.

– El hecho de tener aún un Gobierno en funciones y suponiendo que se forme el que ya parece acordado ¿les preocupa  que afecte a asuntos como el de la subasta de medicamentos?

– La situación de la subasta es clarísima: el Colegio, como la farmacia en sí, sabemos que está demostrado que el sistema no ha funcionado correctamente. Y no ha funcionado porque, aunque no se puede negar que haya producido unos beneficios económicos que son innegables, – aunque no sabemos tampoco a qué se han dedicado- estamos hablando de salud. Y cuando se habla de salud es algo totalmente distinto que hablar de una subasta de luz, de energía eléctrica. La subasta de medicamentos ha provocado una falta de adherencia a los tratamientos por la falta de los mismos. Y luego también ha repercutido económicamente, cosa que no se ha valorado. El tejido industrial andaluz, por ejemplo: si se tienen varios laboratorios  trabajando y solo dejas uno, pues han reducido personal, como no puede ser de otra manera. Sanitariamente, que es lo que a mí me preocupa, ha producido muchas faltas de medicamentos y de adherencia que hemos ido solventando como hemos podido. Pero ahora, con la nueva situación, no sabemos qué va a pasar. El Gobierno andaluz lo ha llevado en su programa, pero aún no ha derogado el decreto de la subasta aunque no dudamos que lo hagan. Llevan poco tiempo. Lo único que ha hecho hasta ahora, que no es poco, es que cuando ha habido que renovar una subasta no la han renovado y digamos que queda muerta. Pero el decreto sigue. Entiendo que la situación es complicada porque, políticamente, llevamos sin gobierno nacional mucho tiempo.

Rafael Castaño./Foto: Irene Lucena

– Alrededor de un 70% de los colegiados son mujeres. Debe ser muy tranquilizador no soportar arengas feministas sobre el tema de las cuotas ¿no?

– (Risas) Pero desde la Facultad, donde hay mayoría de mujeres. Aquí nunca hemos tenido un problema en ese sentido, gracias a Dios, en este mundo en el que vivimos. Muy al contrario, aquí hay una mayoría y en mi Junta de Gobierno estamos, como ahora dicen, en paridad. En farmacia, como no puede ser de otra manera, no hemos diferenciado nunca entre farmacéuticos y farmacéuticas. Somos farmacéuticos en general. Y ellas aquí son mayoría. Mayoría absoluta, prácticamente.

En farmacia, como no puede ser de otra manera, no hemos diferenciado nunca entre farmacéuticos y farmacéuticas. Somos farmacéuticos en general. Y ellas aquí son mayoría.

– La reciente crisis económica afectó sobre todo a las oficinas de farmacia ¿Cómo han salido de ese periodo y qué ha cambiado desde entonces?

– Las oficinas de farmacia, como todos los españoles, sufrieron una crisis terrible. Se les aplicaron unos decretos que, en esa situación, venían a tratar de paliar esa etapa de crisis. Ha pasado la crisis y continúan los decretos. La farmacia española está creciendo ahora mismo por debajo del IPC, de forma moderada, teniendo en cuenta que la población cada día está más envejecida. Esto lleva a un aumento del uso del medicamento que estamos soslayando con un correcto seguimiento terapéutico, evitando duplicidad de medicamentos. Lo que sí es verdad es que no solo continúan los decretos que te comentaba sino la libertad de elección de los medicamentos, con la subasta. Cada vez lo tratan de arreglar desde un punto de vista económico y lo que se debería hacer es un plan integral para la farmacia, no medidas puntuales. Ahora sólo se mira el gasto de la oficina de farmacia, pero es el minoritario dentro del gasto de la Administración, el más controlado. Somos absolutamente transparentes. Hoy en día, con la Receta 21, sabes al minuto lo que está prescribiendo un médico y lo que dispensa un farmacéutico en cualquier población de Andalucía. Siempre se toman medidas con las luces cortas y eso no arregla nada. Las luces deben ser largas: ver el modelo que tenemos que es buenísimo, trabajar sobre eso y hacer un plan integral para la farmacia. El primer interesado en que la sanidad sea sostenible es el farmacéutico.

Rafael Castaño./Foto: Irene Lucena

– Una visión integral y a largo plazo que se corresponde con la manera en que el Colegio cordobés cuida a la farmacia rural, entiendo.

– La farmacia rural para nosotros es la base del modelo. Son los que nos sustentan y tenemos que cuidarlos. El farmacéutico que está en pueblos de menos de 500 habitantes, y en Córdoba tenemos 15, es un esclavo del siglo XXI. No puede salir, o ir a una boda, porque está de guardia 24 horas 365 días al año. Es un modelo ejemplar de lo que es el amor a la farmacia y a su trabajo, cuando además eso no se corresponde económicamente. Hay que cuidarlos como oro en paño. A la Diputación le hemos presentado un proyecto de SPD – Sistema Personalizado de Dosificación- que sería, para entendernos, organizarle la medicación para un mes a un paciente. Personas mayores en núcleos de menos de 1000 habitantes. Ayudaría a la farmacia rural a darle visibilidad.

 

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