Julián Molina, director de Teatro Avanti: “Si Salesianos no nos hubiera abierto sus puertas, Córdoba no tendría este espacio escénico”


Julián Molina./Foto: Irene Lucena
Julián Molina./Foto: Irene Lucena

Los niños de ahora crecen rodeados de pantallas, por eso tiene mucho mérito que descubran un pirata de carne, hueso y parche en el ojo fuera de ellas. O un grupo de hadas. O un arbusto que habla. La vida de verdad, quién nos lo iba a decir, se le puede enseñar hoy en día a nuestros pequeños desde un escenario. En realidad, el teatro siempre ha querido plasmar el mundo y mostrárselo a los hombres, porque todo, de principio a fin, es una sucesión de actos. Porque no podemos escapar de la tragedia, del drama, de la comedia. Se trata de representar lo que nos sucede, lo que ya ha ocurrido antes, aquello que nos define y explica.

El Proyecto Avanti creyó en el legado milenario del teatro, de las artes escénicas, pero sobre todo miró al futuro que siempre son los niños y hacia la curiosidad de los adultos que se niegan a crecer completamente. En 2005 encontraron la oportunidad donde otros no se la daban, y en el viejo teatro del colegio Salesianos se acogieron a sagrado frente a la desidia oficial. Hasta hoy. Catorce años, más de 1.700 representaciones y casi 500.000 espectadores. Once temporadas de gestión de las escuelas de teatro, música y danza por las que han pasado más de 3.500 alumnos. Once espectáculos producidos para casi 250.000 espectadores,  y un entusiasmo que sigue siendo palpable en la charla que mantenemos con Julián Molina (Córdoba, 1968), director de Avanti. El mismo entusiasmo que mantienen Daniel Ceballos o Paco Santofimia, compañeros entonces, al comienzo de esta aventura,  y ahora, con el trabajo consolidado.

– Son ustedes un milagro: han demostrado que se puede vivir del teatro y casi sin subvenciones.

– Bueno, milagro sí que lo es. Pero hay dos cosas fundamentales: una es capacidad de trabajo y la otra son las ideas. Y entre las ideas también está el ofrecimiento por parte de las administraciones, y recurrimos a distintos tipos de ayudas. Y nosotros lo hacemos y lo hemos hecho. ¿No nos gustan? Yo digo que no me gustan, pero que ojalá la partida fuera igual para todos los jugadores y que ganase el que más ideas y capacidad de trabajo tiene. Ahora bien, tal cual está montado el ‘circo’, pues hay que recurrir evidentemente a las ayudas. Y nosotros lo hacemos porque sería inviable. Tal y como funciona, sería inviable vivir de una sala sin tener algún tipo de ayuda.

– Cuando todos hablan de la importancia de la cultura, ustedes lo demuestran programando desde sus inicios teatro para niños. El arbolito, desde chiquito ¿no?

– Exacto. Y además, dirigido, para que no se tuerza, como decía el refrán (risas). Creemos firmemente que si no educamos en las etapas más jóvenes va a ser difícil que cuando entren en otra adulta se sientan integrados. Para nosotros hay dos patas fundamentales: una es ofrecer productos, las representaciones escénicas dirigidas al público infantil y juvenil, y otra es la formación. Porque el que  conoce la vida, el trabajo del ámbito teatral, de las artes escénicas – música, danza-  pues en un futuro se sienta cercano y buscará, seguramente, espectáculos de esa temática.

– Han ofrecido en estos años espectáculos de todo tipo y de toda España ¿Cuánto trabajo hay detrás de eso?

– Muchísimo. La capacidad de trabajo, como he dicho antes, es fundamental, porque si no esto es imposible de llevar. Creo que esto es un modo de vida. La mayoría de las personas tienen un trabajo al uso, entiéndase, a qué hora entro y a qué hora salgo, y cuánto gano. Aquí, no. Aquí no hay horas, tampoco hay días y no sabemos lo que vamos a ganar. Intentamos consensuarlo con nuestra vida privada y ya digo que es una manera de vivir. Así no se miran tanto las horas. Yo aquí paso mi vida, pero es que además, por volver otra vez a los refranes, ‘sarna con gusto no pica’. Y a mí no me pica… por ahora (risas)

Julián Molina./Foto: Irene Lucena

– Eso les obliga a estar atentos a las novedades en cuanto a representaciones y compañías en nuestro país.

– El mundo está cambiando muchísimo y además muy rápido. Y eso nos fuerza a saber cómo se gestiona un espacio escénico, con todo lo que ello conlleva, en este caso representaciones, formación y producción de espectáculos. No nos olvidemos que Proyecto Avanti de las Artes tiene esos tres pilares. Uno es lo que el público de Córdoba y los visitantes ven sobre el escenario del teatro, pero luego hay otra parte que es la formación – este año son más de 400 alumnos los que forman parte de las escuelas de teatro, música y danza-, y luego la producción de los espectáculos que nosotros hacemos y que se ofrecen a cualquier sala o teatro del resto de España. En esas tres vías, tenemos que conocer qué es lo que está ocurriendo en el mundo y dotarnos de las herramientas para saber, y atraer también nuevas propuestas escénicas, porque los lenguajes escénicos van cambiando y tenemos que adaptarnos y ofrecerlos, como productores y como exhibidores.

Esto es una manera de vivir. Aquí no hay horas, tampoco hay días y no sabemos lo que vamos a ganar a fin de mes.

– ¿El hecho de estar en Salesianos les ha supuesto un problema a la hora de programar algún tipo de obra?

– Totalmente ninguno. En estos 14 años de programación no ha habido ningún tipo de reparo. Al contrario, nosotros decimos siempre, y así lo hacemos público, que gracias a Salesianos Córdoba existe un teatro en la ciudad. Porque no olvidemos que antes, cuando nuestro proyecto era solo papel, llamamos a muchas puertas, y en aquel momento, a tres instituciones: Ayuntamiento, Junta de Andalucía y Universidad de Córdoba. Ninguna nos abrió la puerta. Y de pronto encontramos que hay una institución, que es Salesianos Córdoba, que nos abrió y ofreció este espacio. Todo han sido facilidades, buen hacer y muy buen ambiente para que el resto de la ciudad pueda disfrutar de un espacio que si Salesianos no nos lo hubiese ofrecido en aquel momento, Córdoba no lo tendría.

– Trabajan en el terreno cultural ¿Se creyeron de verdad aquello de la Capitalidad 2016?

– Yo creo que se depositaron demasiadas esperanzas, como que era nuestro flotador, nuestro salvavidas. Y, bueno, tendríamos que haber aprovechado la dinámica que se creó para, del error o del fracaso, sacar una ventaja. Pero creo que no fue así. Cuando nosotros ponemos en marcha un proyecto y por algún motivo no funciona, vemos otras vías. Y muchas veces salimos hasta más valientes y fortalecidos. En este caso eso no ocurrió, y creo que fue un error no coger esa ventaja, ese impulso que ya estaba hecho.

Julián Molina./Foto: Irene Lucena

-¿Se puede decir que la labor formativa que desarrollan llega a donde las administraciones públicas no lo hacen?

– Es evidente. A ver, siempre hemos dicho que, en el caso del teatro, han surgido en la ciudad otras iniciativas y eso nos alegra y nos congratula porque creemos que la competencia es buena. Nos hace mejorar, se trate del producto que se trate. Pero en el momento que creamos la escuela de teatro fuimos pioneros porque hasta entonces existía la Escuela Superior de Arte Dramático, que tiene un carácter profesional, pero no había existido en la historia, nunca, ninguna escuela o institución formativa que tratase el teatro. De carácter continuo, porque a lo mejor sí hay un centro cívico, asociación o colectivo que hace un taller momentáneo en el tiempo, pero no de forma continuada. En eso sí que hemos sido pioneros y nos alegra. No tiene un carácter profesional esta escuela y sirve para satisfacer un hobby, una aventura de querer adentrarse en el ámbito de las artes escénicas – teatro, música o danza-, pero sí que le damos, sobre todo al público juvenil, pautas por si algún día quieren adentrarse más en el terreno profesional. Porque lo que falta muchísimo, en cualquier escuela de arte, de teatro, música y danza, es la gestión. No se habla de gestión, no se habla de producción escénica, de creación de productos, y eso en un error muy grave. No concibo que un chico o una chica que estudia durante 14 años música -¡14 años!, no lo olvidemos- no se le hable ni en cinco minutos de producción escénica, de gestión, de creación de producto… Eso es un gravísimo error. No olvidemos el tiempo que ha empleado en sacarse el título superior de música. Y estamos hablando de escuelas profesionales; ocurre lo mismo en la escuela de danza y en la de arte dramático. En la Universidad de Córdoba hay un grado de Gestión Cultural que le ocurre tres cuartos de lo mismo. No se les habla a los alumnos de la parte práctica. Por temarios, me meto en Google y saco todos los del mundo sobre gestión cultural, pero no se imparte esa parte práctica que conlleva esto. Con lo cual, los chicos y las chicas, una vez que salen, pues se sienten defraudados – esa es mi conclusión- y a lo único que pueden recurir es a un trabajo en la administración.

En la formación artística profesional no se habla de gestión, no se habla de producción escénica, de creación de productos, y eso en un error muy grave.

– Es usted por tanto un actor- gestor, que no revolucionario…

– He tenido que aprender de la gestión (risas). Empecé de actor, pero hay cosas que son importantes y otras que son imprescindibles. La gestión ahora, para cualquier estudiante, es imprescindible. Y por eso me molesta muchísimo que a los jóvenes no se les hable de lo que es imprescindible para su futuro. Y entonces hay que aprenderlo por tu cuenta, y yo, pues nada, me ha tocado estudiar y leer mucho, aprender de otros ejemplos – que no en esta ciudad- y salir fuera a conocerlos. Aquí los expongo y los llevo a la práctica.

Julián Molina./Foto: Irene Lucena

-¿ Puede ocurrir eso porque se crece más pensando más en el calor y amparo de la administración pública que en los proyectos privados?

– Evidentemente. No olvidemos que la administración no es creadora de producto pero sí la compradora. Existe esa diferencia con la cual siempre tienes que recurrir a la administración para que te compre el producto. Nosotros vamos a muchos municipios y nuestro producto escénico lo compran las administraciones. Y me da mucha pena haber observado durante muchos años que las personas que acuden a nuestros espectáculos no hayan pagado ni un solo céntimo por verlos.  Entonces, lo que no  pagamos, no lo queremos. Como lo das por hecho, se minusvalora el producto. Quiero matizar que nosotros, siendo una sala privada, hemos llegado de mil maneras a personas o colectivos que nos han dicho que no tenían el suficiente dinero para pagar la entrada. Hemos llegado a acuerdos de diferente carácter y que el dinero no sea obstáculo para acercarse a la cultura. Pero de ahí, a que sea gratis… eso no puede ser.

– Trabajan con material sensible: niños por un lado, y actores por otro. Qué es más difícil, ¿trabajar para niños o manejar el ego de los actores?

– A ver… la vanidad está ahí. Uno siempre tiene que creerse algo. En mi vida he conocido muchos egos, o bastantes. A título personal, no sé si por mi educación o lo que he visto en mi casa, nunca he sentido eso, el ego. Pero sí concibo que algo se debe de tener, porque uno se tiene que creer el mejor cuando se sube a un escenario, y eso se transmite. Ahora bien, cuando se baja del escenario, hay que ser humilde, como cualquier otra persona, por que no somos ni más ni menos que cualquiera.

Cuando nuestro proyecto era solo papel, llamamos a muchas puertas, y en aquel momento, a tres instituciones: Ayuntamiento, Junta de Andalucía y Universidad de Córdoba. Ninguna nos abrió la puerta.

– No han dejado durante estos años su labor como ‘Médicos de la Risa’. Háblenos de eso.

– Cuando antes decía que el mundo cambia, y lo hace mucho y muy rápido, no es que sea ahora en 2019, ya empezó hace tiempo ¿Dónde expones tu producto escénico? En aquel momento, otro compañero y yo, con Los Güilson, -ese de grupo de payasos tan emblemático y que tanto ha recorrido Córdoba, Andalucía y España (risas) durante tantos años,- viendo otras experiencias que se hacían en EEUU o en Alemania, empezamos a hablar con otros compañeros precisamente de eso. Y era llevar el ámbito de los payasos a los niños hospitalizados. Hicimos algunas incursiones y a aprender, porque tiene sus características especiales, las trabajamos y las pusimos en marcha. Al principio fue como algo esporádico que iba al Hospital Universitario Reina Sofía, al servicio materno infantil,  y aquello gustó. Gustó tanto que ya se nos habló de hacerlo más a menudo . Pero eran tantos los agradecimientos y el bienestar que percibían sobre todo las familias en sus propios hijos, que nos seguían demandando más. Hasta que se convirtió en un servicio más del propio hospital. Y, uf, casi no recuerdo ya, estoy muy mayor (risas)… Pueden haber pasado casi 20 años.

Julián Molina./Foto: Irene Lucena

– La recompensa es mucho más que profesional ¿no?

– La recompensa es mucho más que profesional. El otro día, por ejemplo, vino una señora con su nieto, un niño de dos o tres años, y su hija. Nos dijo que ya nos conocía de cuando su hija estuvo ingresada en el hospital. Y a veces no puedes evitar que alguna lágrima te salga. Los agradecimientos son muchísimos, y no debemos olvidar que trabajamos en un ámbito que es el sanitario, con momentos muy buenos y, desgraciadamente,  otros no tan buenos. Allí no se muestran: los agradeces o los sufres en la intimidad de casa.

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