Pilar Jurado, psicopedagoga: “Hay que ofrecer otros modelos a los niños para que no vean que los adultos dependemos del teléfono móvil”


Pilar Jurado./Foto: Irene Lucena

 

 

Pilar Jurado./Foto: Irene Lucena

La vocación de Pilar Jurado Ortiz (Córdoba, 1977) ha sido empresarial. Ella se imaginaba, desde adolescente, dirigiendo su propio centro. Pero no podía ser otro que no se dedicase a la educación, a la enseñanza, a ayudar a los pequeños en su desarrollo y crecimiento. Es hija de maestra, esposa de maestro, y eso se nota. Es madre de dos niños también, y sabe perfectamente que los hijos llegan sin manual de instrucciones. Desde hace años atiende a padres y a hijos que más allá del desconocimiento de cómo educar, padecen problemas que les afectan en su vida escolar y familiar: psicología educativa y sanitaria, prevención de conductas de riesgo en la adolescencia, trastornos de lectura y escritura, alteraciones del neurodesarrollo… son solo algunos de los servicios que ofrece en ‘Aprender pensando’, fruto de la experiencia pero sobre todo del amor a su profesión y a los niños.

Los retos educativos hoy en día son mayores en una sociedad marcada por el uso y abuso de tecnologías, por la inmediatez de las cosas, por el ritmo vertiginoso del tiempo, por  el consumo desaforado y la prisa, por la competitividad. Hay que hacer una parada, respirar y atender a esos pequeños proyectos humanos que tenemos en casa, rodeados de artilugios pero en muchos casos, escasos de atención y afecto. Y saber que no es fácil, que no nos sirve lo que nosotros aprendimos de nuestros padres. Y que a veces, la vida, nos saca un naipe con nuestros hijos difícil de jugar.

Afortunadamente podemos contar con ayuda. Y Pilar es una de esas profesionales que acompañan desde el conocimiento y sobre todo, desde la honestidad.

Pertenecemos a una generación que, entre otras cosas, ha crecido jugando en la calle ¿hemos sido niños más felices que los de ahora?

– No lo sé. Creo que cada generación, cada sociedad, tiene sus características, y las personas se desenvuelven y pueden ser felices en el ambiente en el que están. Lo que pasa es que tendemos a comparar escenarios y creo que eso se convierte un poco en una trampa. El otro día escuchaba unos estudios que se han hecho en relación a cómo pasamos el tiempo, cómo los niños juegan y se relacionan unos y otros… y es verdad que la tecnología nos condiciona en todo lo que hacemos. Y claro, las formas de juego de los niños están condicionadas por la tecnología. Pero no creo que eso los haga más infelices. Sus pautas de comportamiento son diferentes y pienso que los adultos que gestionamos a los niños, tenemos que aprender a hacerlo de manera distinta. Y a enseñarles a hacer otras cosas. Antes, de forma natural, jugábamos a la comba, y ahora a ellos no se les ocurre con esa naturalidad, porque no es, digámoslo así, su ‘hábitat’. Su entorno natural ahora mismo es un entorno tecnológico. Con lo cual, si queremos que nuestros hijos tengan otras apetencias, más físicas, a lo mejor tenemos que proporcionárselo e incluso, a veces, hasta ponérselo como algo obligatorio, porque consideramos que eso es algo bueno para ellos.

Este verano nos ha pasado a nosotros: en mi casa hay poca tecnología, pero se le saca mucho partido. Los niños querían jugar con la tablet, y ver la tele. Teníamos que crear momentos de ‘juego físico’, porque de forma natural a ellos no les sale. No han vivido en eso. Desde que nacieron, desde el útero materno, está rodeados de tecnología, con lo cual, lo natural para ellos es eso. pero no sé si  los hace más infelices o no. Pienso que no. Que si el ambiente es agradable, tranquilo y amoroso, pues los niños pueden ser también felices.

– Sobre eso último que comentas, recuerdo que el médico y conferenciante Mario Alonso Puig sostiene que “la clave de la educación consiste en querer a los niños”.

–  Bueno, es que creo que esto siempre se ha dado. A ti, ¿qué asignatura te gustaba más, o qué aprendías con más facilidad?. Pues aquello que la persona que te lo enseñaba te lo hacía agradable y te hacía quererlo porque le gustaba lo que transmitía y empatizabas con él. Yo recuerdo, ya de mayor, en la carrera, que las asignaturas que más me gustaban no sé si han sido las más útiles para el ejercicio profesional que estoy desempeñando ahora, pero sí aquellas en las que, la persona que las impartía a mí me llevó y empaticé con ella. Sin querer a veces, estableces un vínculo afectivo. Pues con lo niños pasa igual. Y creo, volviendo un poco a lo de antes, que estamos en un mundo en el que corremos demasiado, que toda la excelencia lo basamos en lo tecnológico, y se está perdiendo el contacto humano – o se está transformando-, y creo que es bueno que echemos todos el freno y nos paremos a dedicar el tiempo, el que tengamos, poco o mucho, de una manera más ‘humana’.

Pilar Jurado./Foto: Irene Lucena

– ¿Cómo se ha notado ese incremento del uso de la tecnología en los casos que atendéis en tu centro?

– Está todo muy mediatizado y existe una adicción a la tecnología brutal. Tenemos hijos, y adultos, creo que adictos a la tecnología. En el momento en el que nosotros le quitamos a nuestro hijo el móvil, o le decimos que durante un rato no puede estar con él y el niño está enfadado, pienso que eso es algo para tener en cuenta y para plantearnos que tenemos que hacer las cosas de otra manera con ellos. Todo gira en torno a eso, y si ya nos metemos en el tema de las videoconsolas y ciertos videojuegos, encontramos a adolescentes adictos a la tecnología. Genera muchos conflictos en casa el uso del videojuego y del aparato audiovisual.

 

Los adultos que gestionamos a los niños, tenemos que aprender a hacerlo de manera distinta. Y a enseñarles a hacer otras cosas

– ¿El reto de los padres, entonces, es educarlos alejados de esa tecnología?

– Yo diría que tienen que enseñarles a utilizarla. Enseñar a los hijos a usarla, porque lejos no pueden estar de los aparatos. Esta época es así. También pasa que vamos a toda pastilla. Y la culpa de esto no la tiene nadie, es que nos hemos montado el mundo así. Vamos corriendo porque nos lo exige el trabajo, la dinámica en la que estamos metidos. Hay momentos en los que tenemos que hacer cosas y los niños están por el medio. Y entiendo que es más cómodo darles el móvil e incluso un recurso al que no nos podemos negar para tener un rato de silencio en casa. Pero debemos saber cuál es el efecto de eso. Habría que dedicar días enteros a que los niños estén sin uso tecnológico. Tenemos que cuidar el modelo, y que conste que a mí me pasa: busco información a través del teléfono móvil, estoy siempre con el ordenador, trabajo, leo y me comunico. Y estoy segura de que la apreciación de mis hijos es que estoy utilizando mucho el teléfono. A lo mejor tenemos que volver a coger libros, a ofrecer otros modelos a los hijos para que ellos vean que el adulto no depende del móvil y que se pueden hacer las cosas de otra manera.

-Eres madre y empresaria…¿en qué momento del día te entran ganas de tirarte de los pelos?

– (Risas), ¡Mira, el pelo se me cae solo..! No me tiro de los pelos demasiado, pero sí es verdad que hay momentos de agobio y creo que eso lo vivimos todos. Es bueno contar con apoyos y a mí eso me pasa, tengo esa suerte. Eso ayuda.

Pilar Jurado./Foto: Irene Lucena

– La vocación es primordial para ser empresario, y tú esa vocación la tienes desde muy joven.

– Es que soy un poco testaruda y me gusta hacer las cosas de una determinada manera. La única forma que he encontrado para hacer el trabajo como a mí me gusta ha sido crearlo yo. Por eso existe este centro.

La única forma que he encontrado para hacer el trabajo como a mí me gusta ha sido crearlo yo.

Pilar Jurado./Foto: Irene Lucena

– ¿Y se está haciendo lo que tú pretendías desde un principio?

– Creo que sí. Empecé a trabajar hace muchos años, incluso antes de comenzar a estudiar.  Yo recuerdo, cuando estudiaba la carrera, que tenía un letrerito en mi mesa con el nombre del centro. La vida evoluciona, y tener una idea de futuro que se cree y haga tal y como uno lo piensa en la adolescencia, pues a lo mejor no es igual. Entre otras cosas porque las personas vamos cambiando, las oportunidades de la vida te ofrece unas opciones y otras no. ¿Cuál es mi centro ideal? Puede que los recursos de los que dispongo no son los que me permiten llegar a eso, pero lo que se hace hoy en ‘Aprender pensando’ responde a lo que yo siempre he pensado que había que hacer.

Creo que es bueno que echemos todos el freno y nos paremos a dedicar el tiempo, el que tengamos, poco o mucho, de una manera más ‘humana’

– Trabajar con niños y padres. ¿Cuáles son los momentos más difíciles cuando uno tiene ese material tan sensible entre manos?

– Para mí es muy difícil transmitir una realidad profesional sin hacer daño. Trabajamos con dificultades del desarrollo de los hijos y, claro, existen momentos duros. Tener que explicar a unos padres lo que le sucede a un hijo que no es lo que ellos esperaban que ocurriera; decirles a ellos, como agentes activos en la vida de su hijo, lo que ponen en esa situación – y eso puede ser complicado- . Y a veces, aunque las evoluciones suelen ser favorables porque el trabajo está bien organizado y es muy eficaz, cuenta lo que yo llamo la ‘condición biológica’: el trastorno que tiene la persona es biológico y entonces eso no lo podemos cambiar. la evolución de ese trastorno, por naturaleza, no es la que nos gustaría. Eso es difícil de abordar y explicar a unos padres cómo, a pesar del trabajo y el esfuerzo,  va a ir evolucionando.  Creo que eso es lo más duro.

– ¿Cuáles son los problemas más habituales que os encontráis en los niños?

– Nosotros trabajamos trastornos del desarrollo. Cuando los niños están en etapa infantil, desde que nacen hasta los 6 años, el desarrollo lleva un camino, y a veces, ese camino natural toma otros derroteros, como una vía paralela, y entonces el desarrollo es diferente. Y no se ajusta a los cánones de autonomía del resto. Espectro autista, deficiencia mental… trabajamos mucho con eso. Últimamente veo una incidencia bastante elevada de este tipo de desarrollos en la población infantil, que no sé a qué se deben porque no me dedico a la investigación. Algo pasa en la sociedad, en el ambiente o en la forma de vida, que está favoreciendo que haya una incidencia de trastornos del desarrollo ahora más que en otras épocas. También trabajamos mucho con problemas de conducta en la adolescencia, pues porque los hijos nos nacen con un temperamento fuerte, o nos encargamos de hacerlos independientes, con carácter, desde que son pequeñitos, y porque se nos va un poco de las manos. Y cuando llega la adolescencia, existe mucho conflicto, sobre todo en casa. Porque claro, pretendemos educar como lo hacían nuestros padres sin tener las características personales, sociales y familiares de ellos, con lo cual eso no funciona. Y ocasiona adolescentes con problemas de autogestión, de autonomía. A las familias les cuesta trabajo encajar y entender cómo está la adolescencia hoy en día y cómo hay que hacerlo.

Algo pasa en la sociedad, en el ambiente o en la forma de vida, que está favoreciendo que haya una incidencia de trastornos del desarrollo ahora más que en otras épocas.

Y fruto de los años de mi formación y de la experiencia de los pacientes que he tenido en los años anteriores, vienen a buscarme porque soy experta en dificultades del aprendizaje – lectura, escritura, cálculo-. Hay otros servicios complementarios, como psicología de adultos, o  asesoramiento educativo a padres, precisamente para abordar todos estos problemas de gestión de conducta, sean provocados por el contexto familiar, por temperamento, o porque haya un trastorno del desarrollo, que las familias tienen que aprender a gestionar. Y fuera del centro también tenemos servicios para escuelas infantiles. Donde me llaman, allá que voy.

Pilar Jurado./Foto: Irene Lucena

– Pues te llamaron de la Universidad de Córdoba para hablar sobre la gestión del duelo.

– Sí. Este es un proyecto muy bonito que iniciamos hace ya unos años con una profesora del departamento de psicología, del Área de la Personalidad. Las dos tenemos intereses comunes en relación a la pedagogía del duelo: cómo hablar de la muerte a los niños. Hicimos un programa formativo hace algunos años, salió bien y este año lo hemos retomado. Vamos a hacer varias ediciones a lo largo del curso para ofrecer a los maestros estrategias para abordar el tema de la muerte en la vida de los niños. Porque la muerte existe, está con nosotros. Y nos podemos encontrar en un aula la realidad de que se muera un alumno o a alguno se le muera algún familiar.

La idea de la pedagogía del duelo no es solamente conocer recursos para abordar esa situaciones tan duras, sino tenerlos para enseñar a los niños en el día a día que la muerte está en la vida. Y creo que como padres deberíamos aprenderlos, y como maestros, también.

 

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