Cisco García, tenista en silla y abogado: “A mí todavía me sigue pareciendo raro ver a gente joven en silla de ruedas”


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Cisco García en un entrenamiento./Foto: Irene Lucena

Hay un antes y un después en la vida de Cisco García (Córdoba, 1982) que se produce el 28 de diciembre de 2015 en la estación de esquí de Mayrhofen, Austria. Se encontraba con sus amigos practicando una de sus pasiones, el snowboard, cuando en una caída fatal, se rompió la espalda. Era un salto que había practicado muchas veces, pero en aquella ocasión, se convirtió en el último. A partir de entonces, la vida iba a ser otra; es otra para Cisco. Pudo quedarse postrado en el dolor, la autoconmiseración y la amargura. Pero decidió salir de esa fase inevitable ante un naipe de tal calibre, una de esas cartas que hay que saber jugar. Cuando acabó su rehabilitación en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo decidió irse a Madrid, a bailar en una discoteca donde pinchaba uno de sus disc-jockeys favoritos. No era la música, no era el ritmo: era el hambre por superarse y vivir. Se aferró al tenis con más fuerza que a la silla que le mantiene compitiendo en la tierra batida y todo apunta a que podremos verlo en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. De momento, hace una semana se proclamó campeón de Andalucía de Tenis en silla, en individual y dobles, por segundo año consecutivo, y sigue entrenando duro, con vehemencia, con disciplina. Da charlas en empresas, y se muestra sonriente y feliz en Instagram, donde mantiene contacto con parte de sus más de 110 mil seguidores, que ven en él un ejemplo de superación y de lucha. Cisco García ha elegido el tenis, los abrazos de su esposa y ser padre. Cisco García ha optado por ser feliz. Y nos lo cuenta hoy en La Voz de Córdoba.

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Cisco García en un entrenamiento./Foto: Irene Lucena

– Decía el psiquiatra Victor Frankl que “el dolor hace al hombre lúcido y al mundo transparente. El dolor abre perspectivas hasta el fondo” ¿Cuánto duele una espalda rota?

– Una espalda rota  duele muchísimo. Ni te lo imaginas. De hecho, lo que yo más recuerdo del accidente es el dolor del impacto, un dolor brutal. Es que la vértebra se me movió dos centímetros. Pero el dolor pasó a un segundo plano en el momento que yo me intenté levantar y no me pude mover. Me tocaba las piernas y no las sentía y pensé “ostras, lo que me ha pasado…” Y resulta curioso porque aunque me dolía muchísimo, no llegué a perder el conocimiento, pero no recuerdo una gran parte de aquello. Por ejemplo, llegaron varios ‘riders’, porque mis amigos estaban por otro sitio. Me cogieron el teléfono para llamar a urgencias y llamaron a mi amigo Pepe, se conoce que porque yo se lo digo, y este amigo mío me dice que yo hablé con él, pero yo no lo recuerdo. El dolor me ‘anestesió’ un poco. Es de las peores cosas que hay, muy desagradable. Creo que vivir con dolor, de manera crónica, debe ser duro.

– ¿Y hace el mundo más transparente, como sostenía Frankl?

– No sé si es más transparente, pero quizá lo veo todo más claro. Pero más que por el dolor, por el sufrimiento que he podido vivir durante un tiempo o esa sensación que desarrolla todo superviviente de ver las cosas con una perspectiva diferente. También es verdad que ahora tengo que disfrutar de otra forma. Antes iba a la playa y me ponía a correr por la orilla y ahora es todo un poco más complicado: me tengo que meter a brazo en el mar, aprovecho mucho estar dentro del agua… Valoras todo de otra manera y quizá ves las cosas más claras y haya quitado paja de otras muchas.

– Más complicado, depende, porque una de las primeras cosas que haces cuando sales del hospital en Toledo es irte a una discoteca a Madrid.

– Sí, de hecho esa es una de las cosas que a mí más me ayudó. Estaba haciendo rehabilitación, y una de las cosas que más cuesta del hospital es salir a la calle. Porque el hospital es una burbuja, todos estamos en silla, entre ellos solo hablan de sillas… pero, claro, la realidad está afuera. Y la noche en silla, y en la calle, es lo más duro. Porque la noche es el aquí y ahora, la frivolidad, y la silla te da una situación de inferioridad al estar más bajo, más incómodo. Y la silla per se, inspira lástima en la gente: eso es algo contra lo que estamos luchando.

Fue como una huida hacia adelante y había que hacerlo a las bravas, y a las bravas fue. Estaba haciendo rehabilitación en el hospital y vi que pichaba un DJ que me gustaba, Marco Carola, en una discoteca muy salvaje donde caben más de mil personas. Llamé a la discoteca y pregunté si estaba adaptada y me dijeron que sí, pero que no me recomendaban que fuera porque iba a haber muchísima gente. Pero fui. Y me lo pasé muy bien porque fue la primera vez que salí del hospital yo solo, porque otras veces había salido pero con mis amigos o mi novia. Esa impresión de ir solo en el tren, camino de Madrid, me dio una sensación de libertad difícil de explicar. Estuve allí hasta las 6 de la mañana. Fue muy divertido, también con momentos duros, pero me enseñó mucho. Yo creo que todo lo he hecho a lo loco, un poco, porque como te pienses mucho las cosas, no las haces.

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Cisco García en un entrenamiento./Foto: Irene Lucena

– De hecho tú defiendes lo que denominas ‘sana locura’ en las cosas que haces.

– Para mí la sana locura es eso: no plantearte si puedes o no hacer una cosa, sino ir y hacerlo. Y luego vas a ver que es más fácil de lo que imaginabas. Estuve en Costa Rica al año y pico de lesionarme y nos fuimos a unas tirolinas de 500 metros donde los operarios me cogían en hombros, me subían por unas escaleras altísimas, montando un follón y ahora me paro a pensarlo y no sé si ahora me metería en ese fregado. Pero lo hice. O tirarte en paracaídas, irte a Sri-Lanka, subir trenes a brazo -que no hay rampa, salto yo y que me suban la silla-. Hablo de esa sana locura, del atrevimiento de hacer las cosas, porque, si no lo intentas, no se hace. La cabeza es nuestro mayor enemigo, incluso para una persona que ande y no tenga problemas de movilidad: tiene una reunión importante el lunes y ya está adelantándola demasiado preocupado. Y luego, no es para tanto.

“Para mí la sana locura es eso: no plantearte si puedes o no hacer una cosa, sino ir y hacerlo. Y luego vas a ver que es más fácil de lo que imaginabas”

.– Has comentado que lucháis contra la imagen de lástima que se pueda tener hacia la gente en silla…

– A día de hoy ya no siento que me miren así, no sé si porque me he hecho una coraza y no lo noto. Pero al principio sí, sobre todo al salir a la calle. Porque si te paras a pensarlo, no es común ver a personas jóvenes en silla de ruedas en la calle, casi toda es gente mayor. En los aeropuertos o en las estaciones de tren, que hay mucha asistencia, casi toda es para personas mayores, y yo mismo cuando veo a alguien joven en silla de ruedas me quedo mirándolo, porque me sorprende. O sea, como no es habitual, pues te ven diferente, te ofrecen ayuda que no necesitas… Cosa que está bien, porque nace de una buena intención, pero yo creo que nadie en una situación difícil quiere que lo ayuden: quiere hacer las cosas él solo. Y a mí, en un principio, era de lo que más me costaba, a mí y a todos los compañeros del hospital con los que hablaba. es luchar contra eso, en el sentido de enseñar la vida útil de un tipo normal. Y estoy convencido que la gente que me sigue en redes sociales, cuando ven a un tío joven, ya no va a tener ese cliché de ‘desgraciado’ ni ‘pobrecillo’. Un tío en silla normal, que le ha pasado una cosa, la ha superado y vive la vida alegre.

 – ¿Sueles recordar el día del accidente?

– En mi día a día, nunca lo pienso, pero como doy muchas conferencias en empresas y siempre dedico unos minutos a hablar de eso, lo recuerdo. Decidí pronto que no iba a darle vueltas, primero porque era un salto que yo había hecho muchas veces, con lo cual podía haberme ocurrido hace tres años, no pasarme nunca o que se produjera dentro de cinco años. Si haces una actividad de riesgo, te puede ocurrir. Y luego, es que no me sirve pensarlo. Cometí dos errores que fueron la velocidad, y que me distraje, pero ya está hecho. Y lo que no puedo cambiar, pues no lo pienso.

– Hay una palabra, un concepto, que está de moda: resiliencia. ¿Cómo la definirías tú?

– Como está muy de moda, pues no me gusta. Pero creo que la resiliencia es la actitud que uno tiene para superar una situación adversa y cómo te rehaces de ella. Creo que sería lo más cercano a la definición de un diccionario. Que te llegue un palo grande en la vida y tú saber salir de eso. Y es verdad que, en la adversidad, es cuando sale lo mejor de nosotros y sí creo, desde luego, que cómo se debe medir a alguien es en la adversidad. Cuando todo va bien, pues todo es fácil. Lo que yo valoro cuando a alguien le va todo bien es cómo trata al que esté en una posición inferior, que sea humilde. Pero cuando te vienen mal dadas es cuando realmente hay que sacar lo mejor de uno mismo. Y está en tus manos la vida que quieras llevar. Cuando a mí me ocurrió esto, estaba muy preocupado pensando que no podría, por ejemplo, viajar, que me encantaba. Me veía haciendo sudokus en el parque, tomado el sol, viviendo con mis padres otra vez… Pero al final te das cuenta que no, que es la vida cómo tú la quieras llevar y cómo te la tomes. Pero es que la gente, en general, no se atreve a hacer cosas. Me llegan muchos mensajes en Instagram preguntándome que cómo vuelo: pues, tío, vas con tu silla y te subes. Poco a poco lo vas descubriendo, es decir, yo te puedo dar unas pautas, pero en vez de planteártelo, ve y lo haces. Y sales del problema.

– Decía Bob Marley que “no sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción que te queda”.

–  Eso me gusta, porque muchas veces me preguntan que cómo lo he superado. Pues lo supero porque no me queda otra. Por mucho que yo llorara en mi sofá, mi situación no iba a cambiar. Y sí, cuando no tienes otra opción tienes que ser fuerte. Lo otro sería bajar los brazos, vivir una vida sombría. Solo tenemos una vida y no la puedes pasar amargado. Yo prefería la vida de antes. Algunos deportistas como yo dicen que prefieren la de ahora, pero yo no voy a decir eso. Claro que prefiero mi vida de antes y ojalá no me hubiera ocurrido el accidente, pero dentro de lo que me ha pasado llevo la vida más feliz que se puede tener, y nunca en mis sueños pensé que en silla podía ser tan feliz.

“Yo prefería la vida de antes. Algunos deportistas en mis circunstancias dicen que prefieren la de ahora, pero yo no voy a decir eso”

– Tú ya eras deportista antes del accidente y el deporte ayuda a tener esa actitud ante la vida ¿no crees?

– Es clave porque el deporte supone sacrificio, trabajo, entrega, superación… y el haber llevado esa vida ayuda a tomártelo de una manera diferente. Luego, aporta objetivos, y es que tener objetivos en la vida es muy importante. En lo que sea. No todo el mundo puede competir a nivel profesional porque no tenga el tiempo o los medios suficientes, pero puedes hacer deporte dos días en semana en tu silla para pasarlo bien.

– ¿Cómo es el tenis en silla?

– Es exactamente igual que el tenis a pie, la diferencia es que tenemos dos botes. O sea, que teniendo las mismas medidas de pista, se permiten dos botes para que haya continuidad de juego. Se juega un poquito más atrás, entras y sales. En el tenis a pie procuran estar más en la línea de fondo, y nosotros atrás para agrandar la pista y llegar a más. Y la bola es muy liftada.

Y estoy seguro que es el deporte adaptado más competitivo que hay ¿por qué? Porque es el único que no te dividen por lesión. Por ejemplo, en natación hay diferentes categorías: no es lo mismo que te falte un pie o una pierna. Mi lesión es paraplejia completa – yo no muevo nada a un nivel bajo- pero hay gente que la tiene a la altura del vientre, y eso afecta al equilibrio. O gente que anda. Mucha gente que veo en silla puede andar, pero hace la vida en silla. Los de arriba en el circuito mundial, casi todos caminan. hay muchísimos jugadores pero con características diferentes. Y eso lo hace más atractivo aún. Quizá si fuera fácil, no me habría gustado.

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Cisco García en un entrenamiento./Foto: Irene Lucena

– ¿ Y cual es tu objetivo en el tenis?

– El objetivo que nos pusimos desde el principio fue Tokio 2020, las paraolimpiadas, que al principio comenzó como una locura, sana locura y atrevimiento. Un club de los imposibles. Parecía imposible, no obstante, estar donde estamos ahora, 61 del mundo y 4 de España, pero dijimos ‘vamos a probar’. Pusimos ese sueño, pero trabajando mucho, no iba a estar en el sofá rascándome la nariz. Y bueno, poco a poco fuimos mejorando, y a día de hoy es una posibilidad importante. Te diría que está al 50 %. O un 60/40: 60 de no ir y 40 de acudir. El corte es junio de 2020, y vamos a ver. Y luego, a raíz de eso, tendría mucho. Mi gran sueño es jugar un ‘Grand Slam, pero actualmente es un cuadro de 8. Y eso lo hace imposible. Estaría engañando a la gente si dijera que voy a jugar un ‘Grand Slam’. Pero, bueno, entiendo que en poco tiempo se podrá abrir a un cuadro de 16 o 32 y ahí sí podríamos estar dentro de dos o tres años.

– Dentro de la adversidad, tienes a tu lado a Raquel, tu esposa. ¿Qué supone para ti ella?

– Desde el principio de la lesión, ella adoptó una actitud muy importante, porque en ningún momento me hizo sentir que estuviera ahí para ayudar o por pena. también me gusta especificar que muchas veces, el lesionado, por lo que yo he visto en el hospital, es el que echa a la gente de su entorno: a su pareja, a sus amigos… porque se vuelve un arisco, enfadado con el mundo, con una pérdida de autoestima importante. Nadie puede estar contigo por obligación. Tú tiene s que darle a la gente alegría. Si eres un tío alegre no debes volverte arisco porque, coño, sería normal que se quieran alejar de ti. Ella siempre estuvo a mi lado. Cuando tuve momentos bajos tiró de mí, y el hecho de que ella sea médico ayudó. Está acostumbrada a ver a muchos enfermos y no lo veía como una desgracia. Una desgracia es que no puedas respirar, o débil postrado en una cama. Puedes hacer todo. Y es la persona más importante de mi vida.

– Siempre se te ve con una sonrisa en la cara. Incluso en esta entrevista casi no has dejado de sonreír. ¿Qué le dirías a esa gente que todos conocemos que son tristes por costumbre o se enfadan con facilidad?

– Todo el mundo tiene derecho a estar triste o enfadado durante un ratito. Yo, de hecho, en muchos momentos de mi vida estoy enfadado, sobre todo en el tenis, que me enfado bastante. O triste y decepcionado: el otro día perdí un partido que tenía que haber ganado y estuve unas horas bastante jodido. Pero la clave es que tiene que durar poco, no se debe estar mucho tiempo amargado o triste. Porque es que al final se te va la vida estando así. Es decir, las situaciones no las podemos controlar: las cosas nos vienen de una manera o de otra, y eso no lo elegimos. Pero sí podemos elegir cómo nos afectan por dentro. Aquí dentro (se toca la cabeza) está nuestro palacio y lo elegimos nosotros. Hay que saber hacerlo y yo entiendo que no es fácil. Pero con buena actitud se puede conseguir

“Las situaciones no las podemos controlar: las cosas nos vienen de una manera o de otra, y eso no lo elegimos. Pero sí podemos elegir cómo nos afectan por dentro”

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Cisco García./Foto: Irene Lucena

– Hablamos con Cisco García, deportista. ¿Qué queda del Cisco García, abogado?

– El Cisco García abogado dejó la profesión. Durante la lesión tuve que trabajar porque no tenía otra en ese momento y a medida que el tenis se fue haciendo más grande, más importante en mi vida, lo he ido echando a un lado. Y a día de hoy ya te diría que apenas me dedico a ello, porque vivo bien de los patrocinios que conseguimos y sobre todo debo estar muy concentrado en los entrenamientos, porque antes, entrenando, miraba el móvil, tenía mensajes y llamadas por el trabajo y ya no entrenaba bien. Además, estoy de 20 a 30 semanas al año fuera. Antes siempre iba con mi ordenador, trabajaba por la mañana o tras los torneos y me gustaba mucho mezclarlo, pero ahora, con las conferencias y los patrocinios, lo he dejado aparcado y veremos en un futuro si vuelvo o no.

– Has dicho que uno de tus retos es Tokio 2020, pero tienes uno mayor, que es ser padre…

– Sí, eso me hace mucha ilusión. Era una de mis grandes preocupaciones al principio de la lesión, porque una lesión así afecta a los espermatozoides. Pero no hemos tenido problema.  

Tengo muchas ganas y sí, creo que va a ser un reto: cambiar pañales, preparar biberones… todo desde la silla. Voy a tener que hacer todo con las dos manos. Pero no lo pienso mucho como antes hemos hablado: estoy convencido que va a ser más fácil de lo que se supone.

– Te puedo asegurar que es más difícil ser padre en su conjunto.

– (Risas) Ya, creo que cada etapa tendrá su dificultad. Pero bueno, tengo muchas ganas y deseamos tener más de uno, si Dios quiere.

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