Sola en un Colegio de Abogados de sólo hombres


Josefina Escobar fue durante dos décadas fue la única mujer que ejerció la abogacía en la capital, especializada en Derecho de Familia

Josefina Escobar, en el centro. abogado abogados
Josefina Escobar, en el centro. /Foto: LVC

Perteneciente a una familia oriunda de Villaviciosa, Josefina Escobar del Rey nació en la calle Claudio Marcelo y, al igual que todos sus hermanos, sus padres le facilitaron el acceso a una carrera universitaria. Ella escogió Derecho, aunque inició los estudios de Farmacia, y en su clase de la Facultad sólo había dos alumnas, a las que reservaron un banco en la primera fila, recordando que había un murmullo generalizado cada vez que una de ellas salía al estrado.

Josefina Escobar, en el centro.  abogado abogados
Josefina Escobar, en el centro. /Foto: LVC

Josefina Escobar, una vez licenciada en Derecho por la Universidad de Granada, fue la primera mujer colegiada en el Colegio de Abogados de Córdoba, ya que quería ejercer su profesión. Fue en 1958 y al poco entró otra mujer, Lourdes González, pero al mes se marchó a Madrid y durante dos décadas Josefina era la única abogada en ejercicio en Córdoba.

Trabajó en el despacho de Francisco Poyatos y comprobó que su labor encontraba unos escollos que ella, en un principio, no sabía descifrar. Al tiempo comprobó que la causa estaba en que en los membretes y en las tarjetas de visitas figuraba su nombre completo: “Josefina Escobar del Rey”. Lo cambió por “J. Escobar del Rey” y sus cartas comenzaron a ser contestadas. “Algunas veces llamaban al despacho preguntando por don José o don Juan Escobar”, recordaba en una entrevista.

Lo más duro en aquellos tiempos para Josefina Escobar, que falleció el pasado lunes, fue demostrar que ella sabía tanto de Derecho como el resto de sus compañeros, pero el temor al ridículo que tenía le hacía estudiar más que ellos y así triunfaba. En su primer caso, su defendido, acusado por desacato a la autoridad, quedó absuelto.

Esto no le evitó sufrir algunas situaciones desagradables, como que algunos compañeros la mandaran a casa “a zurcir calcetines” o a “cuidar de los niños”. Aún así, tras los años transcurridos, se consideraba pionera, “pero por vocación a mi carrera”, porque “si te propones una meta, tienes que conquistarla”.