Un guardia civil lucentino salva a un bebé de una parada cardiaca


El agente practicó una reanimación cardiopulmonar a un niño de 18 meses que había dejado de respirar ante el desconcierto de sus padres

Rafael Ramírez es un joven lucentino que presta servicio como agente de la Guardia Civil en el puesto de Palma Nova, en la isla de Mallorca. Allí ha prestado un servicio que no olvidará y que ha sido salvar la vida a un bebé de 18 meses que se encontraba en parada cardiaca y que en su día de descanso se cruzó en su camino y no dudó lo más mínimo en aplicar sus conocimientos en salvamento para devolverlo a la vida.

Puerta del Centro de Salud donde ocurrieron los hechos. bebé
Puerta del Centro de Salud donde ocurrieron los hechos. /Foto: LVC

Como relata el digital Mallorca Diario, los hechos ocurrieron en el barrio de Son Rullán, donde Rafael y su mujer salían en su coche del aparcamiento cuando vieron en la calle un movimiento extraño. Un hombre salía corriendo con un niño en brazos mientras dos mujeres -la madre y la abuela del pequeño- gritaban y lloraban desde la acera. El agente, que estaba fuera de servicio se acercó a preguntar que pasaba y sólo obtuvo una lacónica pero expresiva respuesta: “Mi hijo se muere”. Entonces, persiguió al padre hasta el Centro de Salud, pero no esperaban que estuviera cerrado. Tras aporrear la puerta sin éxito, el lucentino puso en práctica los conocimiento que hacía poco tiempo había recibido en un curso de reanimación cardiopulmonar recibido en la Guardia Civil. Comenta que era la primera vez que se enfrentaba a un caso real y que no tenía nada que ver con el muñeco con el que había realizado las prácticas.
En la puerta del Centro de Salud, en el suelo, puso al bebé y le hizo un masaje cardiaco con sólo tres dedos en vez de con la palma de la mano. En aquel no era consciente de que un movimiento en falso podía haberlo complicado todo. Al poco el niño empezó a llorar, lo que hizo que la madre casi se desmayara y la abuela no parara de dar abrazos al guardia civil.
Aquel día, el pequeño Izan estaba enfermo, con una fiebre muy leve. La familia lo llevó al médico, pero al regresar al domicilio se complicó su estado y la fiebre llegó hasta los 39,5 grados, momento en el que quedó inerte, sin respiración, y fue cuando decidieron llevarlo al Centro de Salud sin saber las complicaciones que se iban a cruzar en el camino.
Resuelto el problema, se avisó a una ambulancia que se hizo cargo del menor con la tranquilidad de sus padres y familiares de que había vuelto a la vida, y con la tranquilidad de conciencia de Rafael Ramírez de haber prestado el servicio más importante de su vida.

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