Soñar otras vidas, otros mundos… pero a tu lado


Miles de cordobeses cantaron al atardecer en el inigualable entorno de la Axerquía, un bello repertorio de Los Secretos

Magia. Eso se sintió en el Teatro de la Axerquía anoche, donde miles de cordobeses de todas las generaciones se unieron a Los Secretos y a la Orquesta de Córdoba dentro del Festival de la Guitarra, para hacer que los sentimientos y las emociones reinaran como un as de corazones.  Un Teatro que mostró sus Ojos de Gata e hizo  que se cantara al piano del anochecer todo  un bello repertorio, un cancionero  que forma parte de la banda sonora de tantas y tantas vidas.

Sí, anoche, soñamos otras vidas, otros mundos, pero al lado de Los Secretos. Un concierto sentido, con una extraordinaria Orquesta de Córdoba  que hacía confluir la música clásica con el pop rock de una manera tan natural como poética.

Sí, bulevard de sueños cumplidos, porque las amarguras  no son tan amargas,  si las cantan Los Secretos o  Chavela Vargas.

Sí,  sobre el vidrio de la noche escribimos su nombre, la nostalgia y la tristeza no coincidieron, ni siquiera por la calle del olvido. Le dijimos adiós a la tristeza, y fuimos culpables de quererlos, en este mundo raro.

Sonido impecable, Alvaro Urquijo y compañía cercanos, sencillos, honestos, pero grandes como su música. Melodías y Letras de nuestras vidas. Y en un bello momento el corazón en un puño recordando a su hermano Enrique. Como dijo Alvaro, la  historia de Los Secretos no se entiende sin él, ni sin nosotros, su público. Son 40 años a nuestro lado y con la esperanza que sigamos amaneciendo con ellos. El café de la mañana y una canción de Los Secretos seguro que nos llevará a un día mejor. Porque se trata de eso, la vida,  de sensibilidad.

Sí, Volvimos a ser un Niño. Inocencia tan graciosa que cambia el nombre de las cosas.

Un concierto que se abrió en acústico, con una Agárrate a mi María que trasciende todos los sentidos, y  con una bella versión de échame a mi la culpa de lo que pase, o el quiero beber hasta perder el control,  para transmutar con elegancia a una gran parte sinfónica y terminar levantando a  todo el público de las butacas con una parte más eléctrica con los himnos Déjame o Ojos de Perdida.

Sí, Nadie se quería ir.  Inventamos mareas, tripulábamos barcos y encendimos  con besos el mar de los  labios.Porque escuchar, aunque tú no lo sepas, junto a la Orquesta, le da un sentido especial para todos los que creemos en el amor.

Sí, nos dieron las diez, y las once, y las doce… para acabar bailando con la luna.
Corazones  bailando con la luna, al otro lado de la ternura.

No se pretendía otra cosa que hacer sentir, quizá no había más propósito…porque no hay propósito mejor.

Desde La Voz de Córdoba, agradecemos a Carlos Serra que nos haya enviado esta magnífica crónica que más que eso, es una experiencia personal vivida ayer que ha sido capaz de trasladarnos hasta el punto de hacernos sentir y soñar a todos. GRACIAS

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