Mañana se cumplen 25 ferias en El Arenal


La Feria de la Salud estrenó en 1994 un nuevo recinto que supuso un cambio de concepto en la celebración que cierra el mayo festivo

El Paseo de la Victoria no daba más de sí. Durante años se barajaba la posibilidad del traslado de la Feria de Nuestra Señora de la Salud por múltiples razones: la más evidente de todas era el deterioro que se ocasionaba a unos jardines en plena primavera así como la afectación al tráfico, con República Argentina cortada durante semanas y la Victoria reducida a un par de carriles solamente. Además había que añadir las condiciones insalubres, la proliferación de pozos negros y las molestias a los vecinos. Tras barajar diversos espacios, entre ellos las inmediaciones de la Letro, el Ayuntamiento se decantó por El Arenal gracias a una operación urbanística que acabó en los tribunales y que daría para un libro.
La primera intención era la de inaugurar el recinto ferial en 1993, pero hubo de posponerse al año siguiente. Entre las causas estaba la propia naturaleza del terreno, un antiguo vertedero que dio varios problemas y que actualmente es la causa de que los árboles no crezcan como debieran. Al fin, el 22 de mayo de 1994 se procedió a la inauguración del nuevo recinto, alejando del centro de la ciudad y en el que había espacio de sobra tanto para las casetas como para las atracciones. Si en la última Feria de la Victoria hubo 80 casetas, en el primer año de El Arenal se llegó a las 174. Las 27 hectáreas de terreno ahora disponible dieron para satisfacer la demanda de todos los colectivos que querían estar presentes en la fiesta que cierra el mayo festivo cordobés. El concepto de Feria había cambiado en la ciudad y El Arenal tenía que concentrar toda la actividad, hasta el punto de que el Ayuntamiento llegó a prohibir a los bares la celebración de la Feria de Día en el centro de Córdoba.

Feria de la Salud 1994.
Feria de la Salud 1994. /Foto. Archivo Municipal

El Ayuntamiento tuvo que hacer una potente inversión para materializar este sueño que, desde un principio, contó con más partidarios que detractores. El coste de la urbanización del terreno ascendió a la nada despreciable cantidad de 2.000 millones de pesetas y se movilizó más de medio millón de metros cúbicos de tierra. Al frente de toda la operación estuvo el ingeniero Antonio Rodríguez-Carretero, quien recibió el nombramiento de comisionado especial para el traslado de la Feria. A su cargo estuvo la plantación de 1.848 árboles, por importe de 30 millones de pesetas; la pavimentación con taquete de hormigón de 54.000 metros cuadrados o el reparto de albero en más de 200.000 metros cuadrados. Más datos: 328 farolas, 4.280 metros de tuberías para agua o 17.527 metros lineales de bordillos.
¿Cómo fue la primera portada en la Feria de El Arenal? Pues poco o nada tenía que ver con la actual. Costó cinco millones de pesetas, tuvo 15 metros de altura y consistía en cuatro torretas entre las que había tres arcos -trilobulados, por supuesto- en una estructura hecha de paneles de madera pintados de colores. Como todavía no habían llegado las bombillas led se usaron las incandescentes de toda la vida tanto para la portada como para el resto del recinto en número de 150.000. Las luces se encendían en aquella época a las 22:00 y no a las 00:00 como ahora y los días de fiesta eran sólo cinco y no ocho como ahora.
El cartel de la Feria de la Salud de 1994 lo pintó Luis Celorio y el alcalde, Herminio Trigo, señalaba que, por primera vez, estaba deseando de que llegara la Feria, cuando en años anteriores lo que deseaba era que terminara para evitar los problemas que ocasionaba. Una vez puesta en marcha comenzaron los retoques y mejoras, una labor que se prevé no tiene fin.
Feria de Ganado 1994.
Feria de Ganado 1994.

A lo largo de estos años, el recinto de El Arenal ha ido mejorando algunos aspectos, aunque su estructura principal y su filosofía originaria se mantiene tal cual. El único elemento que se ha quedado atrás en todo este tiempo es la Feria de Ganado, que en aquel 1994 se celebró en lo que ahora es el Balcón del Guadalquivir y que luego se trasladó al otro lado de la autovía, hasta que languideció y desapareció sin que nadie prácticamente se diera cuenta.
 

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