El mayor enemigo del Asperger: la ignorancia


Lucía es una niña de catorce años que fue diagnosticada de Síndrome de Asperger. La adolescente es scout y asegura que esta etapa “ha marcado un antes y un después en la manera de socializarme"

Lucía es una niña de catorce años, diagnosticada de Síndrome de Asperger, con un 49 por ciento de discapacidad y tercer grado de dependencia. Sin embargo, este trastorno no la ha limitado. La joven, muy madura para su edad, es un modelo de superación. Defensora de los animales y apasionada de la naturaleza, Lucía sueña con tener su propia granja o cooperativa ganadera y ya tiene claro qué pasos debe seguir para conseguirlo.

La adolescente tiene inquietudes de un futuro a largo plazo, “algo que el resto de mis compañeros de clase aún ni se plantean” porque “me preocupo por tener un futuro asegurado”, subraya. “Tengo que tener un seis de nota media en el instituto para poder estudiar un grado medio de Agropecuaria y uno superior de Ganadería y Bienestar Animal”, afirma la joven.

Lucía es scout desde hace cinco años y asegura que esta etapa “ha marcado un antes y un después  en la manera de abrirme y socializarme con otros adolescentes”. La niña, natural de Madrid pero afincada en Córdoba, resalta que “cuando estoy en el campo de acampada, disfrutando en convivencia con mis amigos, me siento segura y me muestro tal y como soy”. De hecho, Lucía reconoce que “mi mayor ilusión es no perder mi relación con mis amigos scouts, que aunque pase el tiempo todo sea como siempre”. 

Lucía, acompañada de Marina y Antonio, sus padres. Foto: LVC
Lucía, acompañada de Marina y Antonio, sus padres. Foto: LVC

Marina, madre de la menor, reconoce que el mayor obstáculo que ha vivido desde que su hija fue diagnosticada “han sido las personas y el desconocimiento sobre el trastorno”. Y explica que “a lo largo del camino conoces a personas que no se esfuerzan por comprender su situación, o algunas incluso que ni siquiera lo ven”, comenta su madre. Y es que “ella vive su historia de manera invisible, ya que la gente cuando la conoce no se imagina que es Asperger y pasan por alto sus necesidades”, subraya. 

“Es muy fácil olvidarse de que tiene una discapacidad, me olvido hasta yo, que soy su madre. Sólo la conozco así y no me la imagino de otra manera. Para mí es perfecta tal y como es”, señala su madre. Marina afirma que, “desgraciadamente, hoy en día no existe ningún tipo de sensibilización entre la comunidad Asperger y el resto de la sociedad porque la gente no está informada, algo que hace que no comprendan los síntomas ni los comportamientos de un asperger”.

Marina escribe en su propio blog, Es cuestión de perspectiva, para “liberar mis demonios y volcar mi experiencia como madre para ayudar a otras tantas, y que recuerden que no están solas en la lucha”, comenta. Asimismo, recuerda el momento en el que su hija fue diagnosticada como “un alivio”, ya que, “después de tantos años, necesitaba una respuesta inmediata de lo que le ocurría a mi hija, los psicólogos pensaban que estábamos locos, que necesitábamos nosotros tratamiento antes de verla a ella”, confiesa. 

Antonio, padre de Lucía, explica que Lucía tuvo un diagnóstico tardío, a los ocho años, porque “a pesar de que la Psicología había avanzado mucho, los profesionales no eran competentes y no sabían qué problema tenía”. Marina cuenta que “descubrimos que nuestra hija era Asperger cuando no le gustaba jugar con las muñecas, una similitud que se asocia a las relaciones humanas inconscientemente”, resalta. Sin embargo, “vimos que su hermano interactuaba con sus juguetes con total normalidad, ahí fue cuando nos dimos cuenta de que algo ocurría, después se confirmó con el diagnóstico”.

Marina, orgullosa, confiesa que Lucía “ha evolucionado muchísimo en estos últimos años gracias a su trabajo constante y a las ganas de superarse a sí misma, gracias a las terapias que ha seguido en la asociación de Autismo Córdoba”. Y destaca que “cada vez veo mejor a Lucía, más independiente, capaz de valerse por sí misma, e integrada con las personas de su clase y de su tropa”. Además, “ya va familiarizándose con el contacto humano con personas que no son de su entorno familiar”, añade. Y es que Lucía “ha entendido lo importante que es aprender a vivir en sociedad para tener un futuro mejor”.

1 Comentario

  1. Hola, que bueno saber que pueden llegar a tener una vida normal, a mi tambien me alivio saber que mi hijo tenía algo porque pensé que era malcriadeces cada berrinche que formaba y su rechazo a comidas de cierto color, es cierto que la falta de sencibilizacion a las personas sobre este tema hace que los tilden, como groseros o irrespetuosos, más cuando son tan crudos al manifestar lo que piensan

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