Ha muerto un caballero


Ayer falleció, a la edad de 56 años, Manuel Martínez Lagares. Cordobés de ascendencia onubense, se formó en las aulas del colegio Cervantes, de la mano de los maristas

caballero
Manuel Martínez Lagares./Foto: José I. Aguilera

(Joaquín de Velasco). Ayer falleció, a la edad de 56 años, Manuel Martínez Lagares. Cordobés de ascendencia onubense, se formó en las aulas del colegio Cervantes, de la mano de los maristas. Persona de sólidos principios, se caracterizó por su ágil capacidad de argumentación, amplia cultura, exquisita educación, defensa de las tradiciones y poderosa voz. Como le gustaba decir a sus hermanos Tafur, Cabrera y Benítez, respondía al prototipo cervantino de “cristiano viejo e hidalgo pobre”. Y algo de quijotesco tenía, sin duda, ya que no rehusaba la defensa de causas perdidas si estaba convencido de su bondad.
Sorprendentemente, son numerosos los amigos y conocidos de Martínez Lagares que no recuerdan que fue concejal del ayuntamiento de Córdoba en su tercera corporación del periodo democrático. Era entonces alcalde Herminio Trigo, y Manuel estaba, como en tantas otras cosas, en la oposición. Para ejemplo de políticos actuales, no se sirvió de su cargo, y marchó de la política algo asqueado y sin hacer ruido, para reincorporarse a la actividad de administrador de fincas.
Católico comprometido, encontró en la piedad popular un modo de vivir su fe. Defendió a las cofradías cuando éstas atravesaban momentos de dificultad, y colaboró con ellas en todo lo que le solicitaron. Desde un artículo para un boletín, a una presentación, un pregón, o incluso a subirse a los pasos para ayudar a su exorno floral. Hermano, sobre todo, de la hermandad del Sepulcro de Córdoba y de la del Rocío de Almonte, presidió la Asociación de Caballeros y Damas de la Virgen de la Salud, y colaboró en revitalizar la casi olvidada imagen que dio nombre a la feria cordobesa.
Devoto y admirador de la figura del santo rey Fernando III, la reivindicación de su figura para Córdoba fue otra de sus banderas. Pronunció su exaltación el año 2016, así como el pregón de la Virgen de Linares el 2017. Fue autor de numerosas publicaciones que glosaron su persona y su obra en esta ciudad. Estos méritos le llevaron al reconocimiento de la orden de Caballeros de San Fernando, en la que había ingresado en fechas recientes.
Manuel era un profundo conocedor de la historia local y un gran defensor de sus tradiciones. Como buen conversador, sabía salpicar de datos interesantes cualquier tertulia sin caer en la pedantería, lo que unido a su voz grave y dicción perfecta le llevó a participar en numerosos programas radiofónicos, sobre todo en la cadena COPE, que consideró siempre su casa. Desde el principio, colaboró activamente en la retransmisión del paso de las cofradías por la catedral cordobesa, a través inicialmente de Canal Diócesis, y después mediante la televisión del Cabildo. Posteriormente su labor allí se amplió a la retransmisión de la eucaristía dominical, presentación de conciertos y otros actos. Para el cabildo también fue director y coguionista del documental La Catedral de Córdoba, Pasión y Gloria, así como del elaborado por la celebración del Rocío de la Fe, ya que la Blanca Paloma era otra de sus grandes devociones, herencia quizás de sus ancestros onubenses. Fundó la revista digital El Azogue, y colaboraba activamente en el periódico digital La Voz de Córdoba, y en su programa de radio-blog La Voz de las Cofradías.
Esposo. Padre. Compañero y amigo. La Voz de la Catedral. Ha muerto un caballero. Brille para él la Luz perpetua.