Cuando IU homenajeó a Cañero con una plaza


La propuesta del nombre fue aprobada en un Pleno de enero de 1989 atendiendo una petición de la Asociación de Vecinos San Vicente Ferrer

El exalcalde Herminio Trigo no podía imaginar que quitarle el nombre a un obispo, en este caso Manuel Fernández-Conde, en una plaza y poner el de Cañero, “por ser el apelativo con que es conocida por los vecinos del barrio” iba a levantar tanta polvareda casi 30 años después. Y la polémica no es por suprimir del callejero a un obispo, ni mucho menos, sino porque así lo ha considerado una comisión municipal.

Plaza de Cañero.
Plaza de Cañero. /Foto. LVC

En el Pleno de aquel 12 de enero de 1989 se aprobó un buen paquete de nombres de calles, aunque casi todas era para las que no lo tenían aún, como una zona de la sierra en la que se pusieron nombres de pueblos de la provincia. Los cambios correspondieron a la plaza de Cañero, al pasaje Juan de Tellería, autor de la música del Cara al Sol, que se rotuló como pasaje Córdoba, y a una calle en la sierra, junto a la carretera de Alba, que también levantó su polémica en la sesión plenaria. Resulta que tenía el nombre de calle de los Perolistas y a propuesta del concejal del CDS, Antonio Moral, se le dedicó al Doctor Manuel Concha Ruiz, no sin tiras y aflojas.
Por las Constanillas se rotularon calles con nombres de piconeros, como El Tinte, Cuatro Reales y El Chiqui; y en Las Moreras se hizo lo propio con sus patios, dedicándolos a pintores como Joan Miró o a poetas tan dispares como Gabriel Celaya o Luis Rosales. En el debate hubo enfrentamiento cuando llegó el turno de las calles de San Rafael de la Albaida. La propuesta de los vecinos no gustó al grupo de Alianza Popular, cuyo portavoz, Manuel García Nieto, llegó a afirmar que “no era excesivamente acertado este tipo de nomenclatura”, como calles Consejo de Distrito, Asamblea, Reivindicación, Movimiento Vecinal, Manifestación o Democracia que habían propuesto los vecinos. “Así no se puede esperar que nos den la capitalidad cultural”, remató el concejal aliancista.
En el caso de la plaza de Cañero no hubo el más mínimo reparo a atender la solicitud al Ayuntamiento de la Asociación de Vecinos San Vicente Ferrer, que así se denominaba en aquel entonces, con el argumento tan contundente de que “así es conocida por los vecinos del barrio” y por los del resto de la ciudad, cabría añadir ahora. Precisamente es esa identificación entre los vecinos y el barrio donde surge el malestar en el mismo cuando han conocido la posibilidad de que se le cambie el nombre. La perjudicada, en este caso sería la plaza, ya que al barrio no se le puede cambiar, como intentó hacer hace unos años el entonces director general de Memoria Democrática, Luis Naranjo, quien ha participado en el reciente dictamen de la Comisión Municipal para la Memoria Histórica.
En aquel momento, hace casi 30 años, en el que los cordobeses estaban más interesados en el inminente nacimiento de Canal Sur, en los problemas que el gobernador civil ponía a los vídeos comunitarios o en cómo iba a ser la reforma de la plaza de Colón, nadie sospechaba que un asunto tan inocente iba a generar tanta tensión no sólo en la clase política sino también entre los vecinos.

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