El barrio de los Olivos Borrachos cumple cien años

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Un programa de actos conmemora el siglo de una barriada de nombre singular que surgió como viviendas de los trabajadores del tren y de La Letro

El próximo 30 de noviembre se celebrará una fiesta de cumpleaños muy especial, ya que el barrio de los Olivos Borrachos alcanza nada menos que el siglo de vida. Por tal motivo, la asociación de vecinos ha elaborado un programa de actos que se desarrollará entre las 18:30 y la media noche con actuaciones para todos los públicos que tendrán lugar en La Gamba de Oro, un establecimiento que se ha convertido en un emblema de la barriada.

Camino viejo de Almodóvar en los Olivos Borrachos.
Camino viejo de Almodóvar en los Olivos Borrachos. /Foto. LVC

Las referencias más antiguas sobre este suelo lo sitúan como propiedad del duque de Rivas, con la peculiaridad de estar encajado entre las vías del ferrocarril y del camino viejo de Almodóvar o la carretera de Sevilla, ahora conocida administrativamente como la A-431 o carretera de Palma del Río. El nacimiento del barrio, hace ahora un siglo, está directamente ligado a la actividad industrial de la ciudad. La reciente implantación, en aquel momento de la Sociedad Española de Construcciones Electromecánicas (Secem), conocida como la Letro, en sus inmediaciones así como la cercanía de los muelles y de los talleres del ferrocarril hizo que muchos de sus trabajadores buscaran un lugar donde vivir más cercano a sus puestos de trabajo, para no tener que cruzar andando a muy tempranas horas de la madrugada una ciudad de punta a rabo, con un buen trecho de huertas, ya que en aquella época no se sabía siquiera lo que iba a ser Ciudad Jardín en el futuro.
Las primeras viviendas fueron muy precarias, construidas de cualquier manera, con la carbonilla de los trenes, como ocurriría más tarde con en Campo de la Verdad o Cañero. Otras eran de barro y paja prensada, como las que había en el Zumbacón o en el barrio del Naranjo. Aquellas circunstancias no impidieron que los Olivos Borrachos fuera un barrio que cobrara vida aunque nadie, a ciencia cierta, supiera el origen del topónimo. Unos lo achacan al alto volumen de vino que consumían quienes iban allí a pasar el día, mientras otros señalan que el origen del nombre está en que los olivos se sembraron de mala manera, sin guías maestras, y cada uno tenía el tronco simulando los andares de una persona ebria. Lo único cierto es que durante el franquismo no gustaba el nombre tradicional y se sustituyó por el de barriada de Occidente, pero el cambio duró poco al perdurar en la memoria de la ciudad su denominación original.

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