¿Se mueren las dehesas?


Es por tanto un sistema de explotación de la tierra creado por el hombre, que desbroza el monte y deja lo que luego será el árbol. La crea por tanto el hombre, pero también puede destruirla

Antes de explicar las causas por las que las dehesas se encuentran en peligro de desaparición, hay que saber antes qué es la dehesa. Una dehesa es, básicamente, según distintos expertos consultados, una extensión de arbolado, fundamentalmente del género quercus que surge de la apuesta por los pies de árbol y donde se ha retirado todo el estrato arbustivo. Es por tanto un sistema de explotación de la tierra creado por el hombre, que desbroza el monte y deja lo que luego será el árbol.

Pared de piedra en una dehesa
Pared de piedra en una dehesa

Esa es la grandeza y la tragedia de la dehesa: la crea el hombre, pero también puede destruirla.  De hecho, la mayor parte de las dehesas peninsulares, entre ellas las grandes extensiones que existen en la Vega del Guadalquivir, el Alto Guadalquivir, el Valle del Guadiato y Los Pedroches sufren un proceso de decaimiento muy importante, según alertan en distintas obras autores como el catedrático de Geografía de la Universidad de Córdoba Bartolomé Valle Buenestado, uno de los mayores expertos en la materia, quien afirma con frecuencia que es urgente actuar contra los fenómenos que llevan  la dehesa a una gran crisis. El decaimiento del arbolado, que se puede asimilar a lo que se denomina en términos no académicos La Seca, se produce por un conjunto de factores que están definidos por la sobreexplotación ganadera y agraria, con prácticas agresivas sobre el suelo y sobre el arbolado, las plagas y el envejecimiento de los árboles por culpa de la falta de regeneración –una encina necesita un si siglo para ser un árbol de porte elevado- son algunas de las causas que expone la organización WWF/Adena en su documento Dehesas para el futuro, recomendaciones para una gestión integral.
Un ejemplo de sobrexplotación de la dehesa
Un ejemplo de sobreexplotación de la dehesa

La Junta de Andalucía ha puesto en marcha distintos mecanismos para apoyar la sostenibilidad de la dehesa: planes directores, ley de la dehesa, programa Life Biodehesa, entre otras iniciativas. De hecho, la consejera de Agricultura, Carmen Ortiz, ha anunciado esta semana distintas partidas de ayudas por una cuantía de 100 millones de euros para apoyar distintos aspectos de este sistema de explotación. Sin embargo, el problema de la dehesa es de dimensión, pues es enorme y todos los procesos que ocurren en ella son lentos, casi inapreciables.
Fernando Ortiz, ganadero y propietario de dehesas, afirma que “la dehesa siempre ha sido equilibrio, y es equilibrio porque siempre fue rentable. La crisis de rentabilidad actual es la que está provocando los problemas”. Ortiz se refiere a que en tiempos de su padre se alternaban producciones de corderos, cerdos, ibéricos o vacuno de carne en su justa medida. Sin embargo, desde los  años 70, se impuso una importante sobrecarga para poder alcanzar rentabilidades óptimas. “ Si no, no hay manera, y claro, si a una misma finca le metes en un mismo año, ovejas, aprovechas la montanera y encimas tiene una punta de vacas, pues el suelo se degrada y no pueden retoñar nuevos árboles”, explica el ganadero, quien afirma que las ayudas son insuficientes. Un cordero, por ejemplo, vale hoy en el campo lo mismo que hace 20 años, los insumos ganaderos son 20 veces más caros y eso, al final, lo sufre la dehesa porque el ganadero va a volumen de producción.
De todos modos, la conciencia sobre la protección de la dehesa ha ido a más y la mayor parte de los propietarios de fincas han tomado medidas, aunque sean muy básicas, si no para plantar nuevos árboles, que también, sí para proteger los existentes. Se reservan espacios de la dehesa, se vigilan las podas, se labra de forma poco agresiva…
Pronto comenzará una nueva montanera. La montanera es la entrada de los cerdos ibéricos de bellota en la dehesa. Técnicos, ganaderos, instituciones e industrias se han puesto de acuerdo para generar un sistema de etiquetado que identifique claramente cuáles son los cerdos que han tomado bellota como base alimenticia principal y cuales han sido engordados con pienso. Además, la norma impone severas medidas para fijar un etiquetado acorde con la procedencia del animal. Si el cerdo no es de bellota, en su marca y en su etiqueta no pueden aparecer encinas ni palabras como dehesa, por ejemplo.
Gonzalo Torres es ingeniero agrónomo en Huelva, pero lleva algunas fincas de dehesa en la Sierra de Córdoba. Torres expresa que el problema de la seca del encinar es menos agresivo en Córdoba que en determinadas zonas de la Sierra de Huelva, donde han desaparecido cientos de hectáreas en los últimos años. “Urge tomar medidas”, afirma Gonzalo, quien cree que se deben incrementar las ayudas a los propietarios de dehesa y añade que se deben subvencionar tratamientos porque “cualquier acción en la dehesa es muy costosa, y si queremos que los propietarios tengan herramientas de conservación tenemos que ayudarles porque estas fincas tienen unos umbrales de rentabilidad muy ajustados”.
Encinar sometido a una tala abusiva en el pasado.
Encinar sometido a una tala abusiva en el pasado.

Un problema de gran dimensión territorial.
La economía de comarcas como Los Pedroches gira en torno a la dehesa. Esta comarca cuenta con la extensión continua de encinar más importante del mundo. Sólo en su zona centro oriental hay unas 220.000 hectáreas de dehesa, aproximadamente el diez por ciento de toda la superficie de dehesa pura de España. Si sumamos todas las dehesas del norte del provincial ese porcentaje podría alcanzar el 15 por ciento, aunque estas dimensiones varían según qué tipo de dehesas consideremos y si se incluyen aquellas que, siendo dehesas, cuentan con parte de su terreno con importantes áreas de matorral.
Si la dehesa desaparece la economía de estas comarcas correría un grave riesgo porque además la dehesa es una importante fuente de fijación de población al territorio. Donde hay dehesa, pese a ser territorios apartados, la despoblación ha sido menor. No en vano, la dehesa provee al hombre no sólo de ganadería, sino que cuenta con muchas producciones de corte forestal asociadas a este paisaje: miel, setas y hongos, caza, leña, entre otras.

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