El vandalismo invade el casco histórico


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Varias muestras de actos de vandalismo en el casco histórico.

El paseo de cualquier turista, recién llegado a Córdoba, bien puede comenzar al bajarse del bus en la Avenida Fray Albino, frente al Hotel Hesperia. El caminar del visitante comenzará con una vista singular, ya que la misma estará marcada por pintadas que se extienden por las luminarias y el mismo pretil del Puente Romano con el Arco del Triunfo y la Calahorra, custodiando un enclave que da la primera muestra de una oleada vandálica que, en definitiva, es parte de la imagen de la ciudad que se ofrece al viajero.


Con la Puerta del Puente marcando la entrada al epicentro del casco histórico, Ronda de Isasa ofrece, junto a unos restos arqueológicos, nuevas firmas de grafiteros sedientos de protagonismo. El visitante dejará atrás un “arte” que por fortuna no hallará en el espacio mejor conservado del casco histórico, el Conjunto Monumental Mezquita-Catedral de Córdoba.

Tras la visita al templo sin parangón, el turista bien puede regresar sobre sus pasos a la Plaza del Triunfo, para enfilar Amador de los Ríos en busca del Alcázar de los Reyes Cristianos. En la vía donde se halla el emblemático edificio de la Biblioteca Provincial, el Seminario Mayor y la Casa Sacerdotal guarda también vestigios de los ataques de desaprensivos que se consideran artistas y quieren contribuir a engalanar un lugar de paso obligado de una zona declarada Patrimonio de la Humanidad. Así el viajero fotografiará la firma del grafitero de moda en los contenedores que se hallan a pie de calzada.

Sin necesidad de alejarse del casco histórico, el foráneo ya habrá sido testigo de actos incívicos. Mientras en su caminar se dirige hacia el Camposanto de los Mártires, otra de las pruebas de vandalismo se le aparecerá frente al aparcamiento de los coches de caballos. Y es que el monumento a los enamorados que preside la plaza presenta sus escalones rotos, desde hace bastante tiempo.

Mientras el bus ahora espera al visitante de un solo día, junto al antiguo Hotel Palace, por Kairouan, uno de los enclaves más atractivos de los aledaños al casco histórico, el turista caminará junto a sus estanques y, si ha estado en días precedentes, habrá comprobado el color profundamente verdoso de uno de ellos. Además, dependiendo de la hora del día, comprobará el uso como “piscina” que se les da. Y con esa imagen se despedirá de Córdoba.

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