Adiós al bar El Cerrillo


Este modesto establecimiento fue referencia para varias generaciones de cordobeses que disfrutaron de su amplia terraza al aire libre

Imagen de archivo del bar El Cerrillo.
Imagen de archivo del bar El Cerrillo. /Foto: LVC

El bar El Cerrillo ya es historia. Nunca fue pretencioso, ni lo intentó, pero cubrió con creces las necesidades de ocio de varias generaciones de cordobeses para quienes subir a la Sierra a tomar un café en un soleada tarde de invierno era lo más parecido a un lujo. Su época de esplendor llegó en los años del desarrollismo, cuando en la explanada se aparcaban las Vespas, Lambrettas y Seat 600 de las parejas y familias que luego presumían de haber estado en la terraza de El Cerrillo. Tras varios años de cierre, desde este jueves es sólo un montón de escombros.
Sus cuatro paredes, cubiertas de uralita, y sus cristaleras pintadas de verde no serían nada sin el desvaído cartel de Coca Cola -todo un símbolo de una época- que coronaba el modesto edificio y en el que se podía leer en grandes letras negras el nombre del bar con el mismo orgullo y dignidad que si estuviera ubicado en una gran avenida o en una espaciosa plaza de cualquier ciudad del mundo.
El Cerrillo era una de esas ventas de carretera que jalonaban el camino de El Brillante desde poco más allá de las vías del tren, en ese punto exacto en el que comenzaba el campo para los cordobeses de hace sólo medio siglo. Estaban La Primera, El Granito de Oro y El Cerrillo, coronando la Sierra antes de que la carretera se adentrara por las umbrías de Quitapesares camino del Lagar de la Cruz, en lo que oficialmente se denomina kilómetro 4 de la CO-3405 Córdoba-Villaviciosa. Pasada la Huerta Segovia, en la explanada donde aún persiste la Hacienda El Cerrillo anunciada en unos bellísimos azulejos de color azul y blanco, estaba este bar como árbitro de caminos entre los que iban a La Aduana, a la Casa de Espiritualidad San Antonio, al Hospital de los Morales, a la Huerta de Las Antas o a los que se adentran en la fragosidad de la sierra a través de la Cuesta de la Traición, tan frecuentada en la actualidad por los practicantes del senderismo.
El bar El Cerrillo, en la actualidad. /Foto: LVC
El bar El Cerrillo, en la actualidad. /Foto: LVC

Por si fuera poco, el bar El Cerrillo también ha sido testigo de una parte importante de la historia educativa de la capital. Muy cerca de sus paredes echó a andar en octubre de 1963 el colegio Ahlzahir, antes de que se trasladara a un espacio más amplio en El Tablero. Ahora, es el colegio Alauda el que sigue en sus inmediaciones. Además, a escasos metros de este bar se le apareció en 1991 la Virgen de Lourdes a Maruja, lo que convirtió este lugar en un foco de peregrinaciones, cada vez más menguadas, los sábados por la tarde.
Aunque siga en pie la Hacienda El Cerrillo y la parada de la línea 10 de Aucorsa, el bar del mismo nombre ha caído víctima de la piqueta. Se le recordará en aquel lugar por muchos años que pasen, y seguirá en la memoria sentimental de los cordobeses como pasó con el bar Costa Sol, Fuentes Guerra o el bar Playa.