Ciudad de México, invitada a la Bienal de Patrimonio


Cuauhtémoc Cárdenas explica a Ambrosio los problemas que tienen en México con 1.500 edificios protegidos sin que la ciudad sea Patrimonio de la Humanidad

La alcaldesa de Córdoba, Isabel Ambrosio, se ha reunido hoy con el responsable de Relaciones Internacionales y exalcade de Ciudad de México Cuauhtémoc Cárdenas, para iniciar una agenda conjunta de trabajo entre ambas ciudades en materia de cambio climático, patrimonio y cooperación internacional.
Tanto la alcaldesa como Cárdenas han coincidido en la importancia de que las ciudades sean protagonistas de los cambios sociales y las transformaciones que demandan la resolución de los problemas comunes que les afectan.

Isabel Ambrosio y Cuauhtémoc Cárdenas. México
Isabel Ambrosio y Cuauhtémoc Cárdenas. /Foto: LVC

Problemas como el despoblamiento de los centros históricos y la necesidad de facilitar la vida a los residentes, han sido abordados por Cárdenas y Ambrosio quien ha trasladado a su anfitrión la invitación para que la Ciudad de México participe en la próxima edición de la Bienal Internacional de Patrimonio. Cárdenas ha trasladado a Ambrosio las dificultades a que se enfrenta Ciudad de México en materia de Patrimonio, con más de 1.500 edificios protegidos en el casco histórico, a pesar de que como tal la ciudad no es Patrimonio de la Humanidad.
Respecto de la cooperación internacional, Ambrosio y Cárdenas, han analizado la marcha del proyecto Allas que se está desarrollando en Quito y Ciudad de México con la colaboración de la Fundación Andaluza de Municipios para la Solidaridad Internacional (FAMSI).
Cuauhtémoc Cárdenas ha recordado su última visita a Córdoba, cuando a finales de los años 90 fue invitado para descubrir un busto en homenaje a su padre, Lázaro Cárdenas, presidente de la República de México, en la calle Córdoba de Veracruz. En aquel acto, cuando el entonces alcalde Herminio Trigo y Cuauhtémoc tiraron del mantón de Manila que cubría el busto, descubrieron con sorpresa que no se trataba del de Lázaro Cárdenas, sino el de Benito Juárez. El equívoco se resolvio días después por el Ayuntamiento, no sin que algún asistente al acto, con ánimo de “agradar” al ilustre invitado le aseguró que su hijo, que le acompañaba en aquel viaje, se parecía mucho a aquel abuelo que nunca lo fue.