Córdoba cierra cinco siglos de historia


En 2021 se cumplirán 500 años de la apertura del monasterio de la Inmaculada Concepción, donde venían realizando observancia las monjas cistercienses. Éstas, según fuentes cercanas a la Orden, han abandonado en la mañana de este Lunes de Pasión el convento para ser trasladadas a otro de la orden que se encuentra en Toledo. Con su marcha del monasterio, Córdoba cierra casi cinco siglos de historia, si bien en la diócesis quedarían aun dos donde se desarrolla vida monacal: el de la Encarnación y el de las Escalonias.

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La reina de los Ángeles, entrando en el convento del Císter./Foto: LVC

A expensas de que se decida el futuro del inmueble entre las diferentes partes implicadas, en el recuerdo más reciente del mismo queda el regreso para la festividad de la Inmaculada que realizó la hermandad de la Sangre para celebrar, en su antigua sede canónica, el besamanos de la Reina de los Ángeles. Y es que la historia del edificio sagrado se halla muy vinculado a la religiosidad popular. De hecho, en aquella fecha el monasterio de la Inmaculada Concepción acogía, con motivo de los cultos a la Virgen de Álvarez Duarte tres grandes devociones como la inmaculista, la profesada a la Virgen de Villaviciosa y la que se aglutina en torno a la antedicha Reina de los Ángeles. La defensa de la ausencia de pecado original en la Santísima Virgen tuvo en Córdoba uno de sus gérmenes, durantes las centurias renacentista y barroca. Siglos a partir de los que proliferaron intensas devociones que han llegado hasta nuestros días, como es el caso de la Virgen de Villaviciosa. De hecho, su advocación se halla representada en la conventual cisterciense desde finales del siglo XVII.
La imagen fue entregada por el rector de Santa Marina, Fernando Dávila, quien le otorgó el titulo de Nuestra Señora de Villaviciosa, al recién fundado monasterio del Cister. Según narra la leyenda recogida por Ramírez de Arellano, el 9 de octubre de 1680, padeció la provincia un notable terremoto. A la hora del movimiento sísmico se encontraba en la sierra al pie del cerro de las ermitas, también llamado de la cárcel, un muchacho de siete años, Bartolomé Pedrosa. A éste le salió al encuentro una horrible culebra y huyendo se subió a un peñasco. Al girarse para comprobar si le seguía el reptil, vio una pequeña imagen de la Santísima Virgen, que llevó a casa del antedicho Dávila. Una vez que éste entrega la Virgen al monasterio permanece en su altar hasta 1976, cuando la imagen es trasladada a la clausura del convento.
El lugar de Nuestra Señora lo va a ocupar la primitiva imagen de la naciente hermandad del Císter, hasta que en 1997 se cierra el monasterio por unas obras, que ya no van a ver el regreso de la corporación radicada ahora en Capuchinos. Al término de los trabajos, la Virgen de Villaviciosa va a ocupar de nuevo su histórico emplazamiento, el mismo en que durante tres jornadas ha compartido con la Reina de los Ángeles, en una estampa que ha rememorado parte de la mejor historia de la ciudad, a través de tres devociones.

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