Un paseo por el barrio de Las Palmeras

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Humedades que hacen desplomarse tabiques, ratas correteando, ventanas que se caen a trozos, inundaciones por arquetas de fosas sépticas destrozadas, explosiones en cuadros de luz, y un largo etcétera

La semana pasada, la consejera de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía, Josefa Vioque, presentó a bombo y platillo la inversión de un millón de euros para las primeras obras de mejora de las zonas comunes de los vecinos de Las Palmeras, actuación comenzaría a ejecutar esta semana, aunque aún no hay un andamio en las cinco manzanas del barrio.

Lasa Palmeras
Antonio y Eugenio, en la cocina de la casa de una vecina

“¡Qué cansados estamos de los señores de las carpetitas que vienen, piden subvenciones, las empiezan y cuando se acaba el dinero, se olvidan del barrio!” cuenta Eugenio Rosa, vocal de asuntos sociales de la asociación Unión y Esperanza en el barrio. Él nació en San Lorenzo pero lleva cincuenta años luchando por “dar dignidad” a la gente de Las Palmeras, algo complejo por la losa del estigma social que pesa históricamente sobre ellos. Pero la solución, vista por los propios vecinos es simple: “un plan integral para el barrio y no más chapuzas que no solucionan el verdadero problema”.

Tan simple como que inicialmente, el proyecto de rehabilitación que se ha anunciado, contemplaba ascensores en los bloques: “¿cómo nos van a poner ascensores si no tenemos ni para pagar la luz?” ironiza Eugenio con un simple ejemplo de la falta de planificación y desconocimiento real de la situación de sus vecinos: más de 2.500 familias, una media de edad situada en torno a los 30 años, un 85 por ciento de desempleo. “Resultado de una política asistencialista que nos ha convertido en clientes de las administraciones”, reflexiona.

Las Palmeras
Contador de luz que explotó hace unas semanas, sin arreglar

Con Eugenio y otro de los agentes sociales, por carisma y por su dedicación, Antonio Fernández “Chache” vicepresidente de la asociación Unión y Esperanza, paseamos por el patio Pico Mulhacén donde supuestamente iban a empezar las últimas obras anunciadas por la Junta. Y ni un andamio. Es cierto que las zonas comunes, donde los vecinos pasan buena parte de su tiempo, necesitan el arreglo que contemplan las actuaciones de intervención de la Agencia de Vivienda y Rehabilitación de Andalucía porque los escalones están destrozados, las fachadas necesitan un arreglo, así como las cubiertas y escaleras pero, ¿alguien se ha preguntado cómo se vive dentro de las casas? Parece ser que no.

En el bajo del bloque número doce vive un joven con su familia y la rotura de la arqueta de la fosa séptica hace que suban aguas residuales por su wáter, por la bañera, “dando un olor insoportable y llenando la casa de moscas”. La cocina no está mucho mejor, la humedad debido a la rotura de la canalización de las aguas del bloque provoca humedades que están haciendo un efecto dominó en los azulejos, que se caen nada más tocarlos. Antonio, da la explicación a esto: “los pisos se construyeron con materiales de muy mala calidad, hace ya 30 años, y a pesar de que Avra nos exige el pago del alquiler, los desperfectos los tienen que arreglar las familias”. El 85 por ciento de los vecinos de Las Palmeras está en paro, la denominada “exclusión social” campa a sus anchas por el barrio.

Las Palmeras
Los patios de luz, se inundan por el agua residual

En el bloque 13, acaba de entrar a vivir una joven formada en estética de 22 años con su marido, su hijo pequeño y su barriga de embarazada. El piso es inhumano: todas las ventanas rotas, paredes destrozadas, humedades, cuarto de baño inservible… “¿cómo vamos a vivir aquí?” Con ayuda de algunos familiares, intentan adecuarlo, pintándolo, limpiándolo porque pertenece al parque de viviendas públicas de la Junta gestionado por Avra que, según cuentan los propios vecinos, no rehabilita los pisos con la entrada de un nuevo inquilino, que, además, debe correr con las deudas del anterior, hacer un seguro a nombre de la empresa, gastos inasumibles para las personas que viven en el barrio.

Pero la historia sigue en el bloque número doce. Aquí vive una señora que no cobra ninguna prestación con sus 8 hijos y sus respectivas familias “recogidos”. El cuarto de baño bien podría ser el de cualquier asentamiento chabolista; montones de ropa en el suelo porque se le desplomó el techo, se inundaron todos los sanitarios, se le estropeó la lavadora y ella no tiene medios para arreglarlo. Las humedades acabaron con su cocina que ha podido rehabilitar poco a poco como buenamente ha podido.

Las Palmeras
Parte del techo de un baño, venido abajo por humedad

“Se ha pedido por activa y por pasiva, con montones de escritos que arreglen el problema de las humedades, de los pisos inhabitables pero nada” cuenta Antonio que, a pesar de toda una vida luchando por su barrio, ya jubilado, no solo no se rinde sino que él mismo se encarga de ayudar a todos los vecinos que se lo piden. Durante el paseo por Las Palmeras, constantemente se le acercaban o para pedirle un cigarrillo -acabó con el paquete vacío- o para que fuese a arreglarle cualquier “papeleo”.

¡Claro que les hace falta arreglar las zonas comunes! Es más, están esperanzados en las obras anunciadas por la Junta, pero, ¿algún técnico se ha metido en las casas de sus vecinos? Comentan tanto Antonio como Eugenio que tienen claro que lo que hace falta es un censo real, establecer las necesidades de cada familia y en función a eso adaptar los recursos.

Patio Pico Mulhacén del barrio Las Palmeras
Patio Pico Mulhacén del barrio Las Palmeras

Para ello, los propios vecinos han articulado un plan integral que ya han presentado a las instituciones, a las asociaciones de vecinos y agentes sociales. “Porque el problema de Las Palmeras va mucho más allá que obras de fachadas, que hacen falta, pero también hay dignificar a las personas, proveerles de unas condiciones de vida adecuadas y poner en marcha programas con agentes del propio barrio que se queden vean el desarrollo y la evolución de los proyectos”.

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