El roscón, un clásico que admite innovación


Del tradicional relleno de nata se ha ido pasando al de trufa, crema, incluso, al cabello de ángel

A pocas horas de que lleguen sus Majestades los Reyes Magos a nuestras casas, muchos cordobeses se disponen, si no lo han hecho ya, a hacerse con el típico roscón que reúne a familias enteras y amigos y que endulza este día tan especial.
Bernabé Jiménez, cordobés de 44 años, es uno de los responsables de que se pueda seguir degustando este tradicional dulce en nuestra ciudad. Panadero de profesión, junto a sus tres hermanos, conforma la cuarta generación del popular Horno de la Cruz que en su día fundaron sus bisabuelos allá por 1980.

Roscón Baltasar con cubierta de chocolate
Roscón Baltasar con cubierta de chocolate

Tal es el éxito de sus roscones que en más de una ocasión ha habido alguna que otra riña entre sus clientes por disputarse las últimas unidades el día de Reyes. Y es que los cordobeses, según nos cuenta Bernabé, siguen siendo fieles a comprar este producto hoy día 5 de Enero. “Aunque se venden roscones desde antes de Nochevieja, lo cierto es que a la mayoría les gusta adquirirlos en el día en el que la magia y la ilusión, sobre todo de los más pequeños, están a flor de piel”, señala el artesano.
El Horno de la Cruz elabora sus dulces y demás productos en un local situado en el Parque Empresarial Pedroches, para luego distribuirlos en sus comercios localizados uno en la Plaza San Miguel y el otro en la calle del Conde de Gondomar. Hasta ellos se trasladan cientos de cordobeses en busca del roscón “más rico y artesanal que uno se puede comer”, destaca Bernabé. “La clave del éxito de los nuestros está en que no hay nada prefabricado, es todo casero y con ingredientes de primera calidad, de ahí, que sólo nos de tiempo a elaborar entre 500 y 600 unidades porque respetar el proceso tradicional de fermentación conlleva mucho tiempo”, continúa el panadero. “Me hace gracia escuchar a aquellos que dicen elaborar 15.000 roscones en un día, porque ¡claro! en realidad los llevan haciendo desde el verano y congelándolos, incluso, ya adornados para luego recalentarlos”, añade Bernabé.
roscón
Bandeja con roscones recién hechos

En el Horno de la Cruz, de los tres tamaños que se venden, el pequeño y mediano son los más demandados, y de los tres rellenos que se utilizan; nata, trufa y crema, la nata es la que se lleva la palma. “A la gente le sigue gustando más el roscón clásico de nata, el original, aunque hoy día hay quienes los rellenan incluso de cabello de ángel”, afirma el panadero. “Nuestro roscón más innovador al que bautizamos como ‘Baltasar’ , también muy demandado por la clientela, lleva una cubierta de chocolate y está relleno de nata”, apunta el panadero.
La nota curiosa de estos roscones la pone la ausencia de la haba -a quien le cae le toca pagar el dulce- y el rey de la suerte, pues el Horno de la Cruz apuesta por sorpresas (entre 4 y 7 por cada roscón) basadas en figuritas de cerámica o muñequitos de personajes animados populares entre el público infantil. “Nuestros roscones están plenamente orientados a los niños por eso colocamos sorpresas que a ellos les puedan entusiasmar”, subraya Bernabé.
Estos días el Horno de la Cruz espera vender más o menos los mismos roscones que todos los años porque “esta tradición nunca ha pasado de moda en Córdoba y aunque el día fuerte de venta es hoy, mañana hasta mediodía también se venden muchos”, concluye el artesano.
 

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