El carácter revolucionario de las 12 uvas


Una manifestación de auténtica ironía, la clave del origen de esta costumbre española

Cuando se acerca la hora de despedir el año, todos o casi todos procuramos tener preparadas nuestras 12 uvas con o sin pepitas, peladas o sin pelar, en bolsa o en lata… con el fin de cumplir con la tradición de tomarlas al son de las campanadas de un reloj y esperar un próspero año nuevo. Sin embargo, muchos lo hacen sin conocer los orígenes de esta costumbre española extendida a otros muchos países hispanoamericanos como Bolivia, Venezuela, México o Chile.

Uvas y champan para festejar el Año Nuevo
Uvas y champán para festejar el Año Nuevo

En primer lugar, hay que decir que ésto lo venimos haciendo desde finales del siglo XIX. Como suele ocurrir con estas cosas, existen diferentes explicaciones para entender esta tradición, pero la más extendida defiende la teoría de que esta celebración tuvo su origen en diciembre de 1882 cuando en aquella época la aristocracia, influenciada por la alta clase francesa, bebía champán y tomaba uvas durante la cena de esta fecha tan señalada, y al pueblo llano le parecía una muestra exagerada y demasiada exquisita e incluso se burlaban de ello.
Sin embargo, el detonante que realmente provocó el nacimiento de esta popular costumbre fue la implantación de una nueva ley sancionadora en Madrid que prohibía actividades ruidosas y de algarabía en plena calle durante las fiestas navideñas y la noche de fin de año, mientras que la aristocracia sí podía celebrar sus fiestas privadas y formar el jaleo que considerase oportuno. De esta forma, los ciudadanos madrileños notablemente molestos se revelaron contra esta normativa y se echaron a la calle, concretamente a la Puerta del Sol, con su paquete de uvas y en una manifestación de auténtica ironía parodiando los encuentros aristócratas y en medio de gritos de júbilo y entusiasmo despidieron el año, convirtiendo a las uvas en símbolo de alegría, entusiasmo y buena suerte. De ahí, el carácter revolucionario de las 12 uvas. Este ritual de tomarlas a los pies de la puerta del Sol en Madrid, causó tanta expectación que año tras año se fue extendiendo a otros puntos de España, hasta convertirse en una de las tradiciones más consagradas en nuestro país.
Otra teoría remonta la tradición a 1909 cuando una extraordinaria cosecha obligó a los agricultores de Almería, Murcia y Alicante que tenían excedente de uva a repartirla entre la población y así sacarle provecho a la producción promocionándola para reforzar su consumo y por popularizar de paso esta costumbre.
Para la gran mayoría, ambas teorías son válidas y complementarias y vienen a decir que esta costumbre simboliza la abundancia. Además, con el paso de los años se ha extendido la idea de que todo aquel que tome las uvas en Nochevieja debe llevar la lección bien aprendida de que con cada una de ellas hay que pedir un deseo que se cumplirá con un poco de esfuerzo por nuestra parte en el año venidero, lo malo es la rapidez que requiere el momento. Esperemos que a todos nos de tiempo a tomarlas al son de las 12 campanadas mientras pensamos en nuestros nuevos objetivos, intereses y anhelos, ya sea en la Puerta del Sol, en la Plaza de Las Tendillas, bajo el reloj de las Iglesias de nuestros pueblos o con la televisión delante para que el año que entra nos traiga lo mejor.

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