Lepanto, el triángulo del ruido


Los vecinos de la calle Sagunto y de Veintiocho de Febrero no tienen tregua; entre el colegio de los Franciscanos y las clases con música y "speeker" del gimnasio Aira no descansan nunca

La Policía Local confirma a este periódico que desde las 7.00 hasta las 23.00 horas, gimnasios, colegios y demás centros de ocio, educativos o sociales, pueden hacer el ruido que les venga en gana siempre que no superen los decibelios permitidos por la ordenanza municipal reguladora. Muy bien, pero, ¿ni siquiera se puede descansar durante los fines de semana?

Imagen cedida por un vecino del patio del colegio de los Franciscanos. Fuente: LVC.
Imagen cedida por un vecino del patio del colegio de los Franciscanos. Fuente: LVC.

El triángulo que conforman las calles Veintiocho de Febrero con la calle Sagunto vive el siguiente panorama: todos los días de curso escolar el timbrazo del colegio de los Franciscanos, a cuyo patio dan tres bloques de vecinos, es el despertador de enfermeros que han estado de guardia por la noche, madres que han pasado una noche curiosa con sus bebés, ancianos, enfermos y todas las particularidades vecinales que conforman un bloque de pisos en un barrio obrero como es Lepanto. Pero no acaba aquí la cosa, el recreo de cole es una auténtica jauría de grillos, algo que es inevitable, es el descanso de los niños. Lo que no quiere decir que sea insoportable para los vecinos. Eso sin contar los días que toca Educación Física a primera hora. Insufrible.
Pero es que, entre clase y clase, el gimnasio Aira tiene clases de Zumba, Spinning y demás con su monitor dando indicaciones con el micro a grito “pelao” y la musiquita discotequera. Pero las clases con música a tope también prosiguen por la siesta, por la tarde, así hasta las 22.00 de la noche. Los 365 días al año. Bueno, en verano es peor porque … ¡las hacen al aire libre! Mortal.
El colegio de los Franciscanos y justo detrás, el gimnasio Aira. Fuente: LVC.
El colegio de los Franciscanos y justo detrás, el gimnasio Aira. Fuente: LVC.

Bueno, llega la hora de salida y tregua. Nada más lejos de la realidad, a la prudente hora de las 16.00 balonazos por las actividades extraescolares de Baloncesto donde la monitora prefiere sentarse cómodamente en un banco y llamar a los niños a gritos para que practiquen los saques. Sin importarle el descanso de los cerca de 3.000 vecinos de su alrededor.
Los fines de semana, el gimnasio sigue con su actividad musical, pero es que en el cole, cuando no hay partido a las 8.00 de la mañana hay convivencia con misa con altavoces y “La Gozadera”. La misa está entretenida, por lo menos para los católicos parroquianos y señoras mayores que se sientan en sus terrazas a escuchar la Palabra de Dios. Pero las fiestecitas pasadas las 00.00 horas no son tan agradables.
Llega el domingo. ¿Descanso? Bueno, depende; lo mismo vuelve a haber clase en el gimnasio y cualquier historia en el patio del cole. Hoy por el momento, no hay nada pero ¿quién sabe? Lo mismo se pone a ensayar una banda musical.
Este particular “triángulo del ruido”, que no de Las Vermudas, es un auténtico calvario para los vecinos. Y no importa que se manden correos al centro pidiendo, por favor, que modulen la música, da igual, el descanso está sobrevalorado.
¿Qué pueden hacer los vecinos? Manuel, un jubilado del bloque número 4 de la calle Sagunto cuenta: “pues peor era cuando los militares hacían prácticas de tiro”. En el antiguo patio del Cuartel de Lepanto, hacían los militares las maniobras: “mis hijos crecieron con pánico a los disparos” recuerda. Él cuida de su mujer enferma  y cuenta que “es muy duro después de una noche sin dormir que por la mañana ni siquiera podamos descansar”. Pero se resigna: este barrio no tiene nada que hacer, no somos del Centro así es que nos jorobamos y punto.
Pues eso, “no nos queda otra”. Además, casi todas las familias tienen a sus hijos en el colegio de los Franciscanos, “no nos vamos a enemistar con quienes dan clase a nuestros hijos” cuenta una madre que tiene a sus tres niños en el cole, del que habla maravillas, tanto de los docentes, como del ambiente educativo del centro, pero que también sufre el ruido por vivir en uno de los bloques cuyas terrazas y tres habitaciones dan al patio del colegio.
En un paseo por los bares del barrio, el tema sale solo: “me tienen la cabeza loca con la música” cuenta una señora a la entrada de un colmado cercano, “es que desde las 9 de la mañana un sábado es demasiado, ¿no pueden poner la música un poquito más bajito?”. Ella misma es usuaria del gimnasio Aira pero reconoce que es muy molesto que pongan tan alto el sonido de las clases. “¿Y en verano, qué me dices?” Cuando llegan las vacaciones escolares, se abre la piscina al aire libre con clases matinales a las 9.00 horas todos los días. “Eso ya si que no se puede aguantar, mis hijos y yo dormimos todo el verano con tapones en los oídos”.

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