Un día de caza, minuto a minuto


La sociedad El Pino nos ha permitido pasar un día de montería con ellos en Villaviciosa que además no se dio mal del todo: 27 venados, 10 cochinos y 8 muflones

“Un arte narrativo que recrea, campo y ciudad, sus luces y sus ideas, profundos paisajes minuciosos, vegetaciones, hombres, animales, en el medio, el cazador”. Estos versos de Jorge Guillén, que recoge en su artículo “La caza en la literatura” el mismísimo presidente de la Audiencia Provincial de Córdoba, Francisco de Paula Sánchez Zamorano, no pueden reflejar mejor la experiencia de una montería.

Preparando las migas
Preparando las migas. Fuente: LVC.

Para ir de caza, hay que madrugar. Sobre todo si sales desde la capital. Así es que a las 6 de la mañana el despertador suena. Café rápido porque hay que hacer hueco luego durante el sorteo. Vestimenta verde y botos camperos, a poder ser. Lo normal era abrigarse, pero dado que nos estamos comiendo las gachas con manga corta, pues a gusto del consumidor. Se cargan las escopetas, se echa la licencia de caza, las banquetas para sentarse en el puesto, prismáticos y a correr.
A las siete y poco ya huele a migas, chorizo y café. Un mezcla no apta para estómagos modernos pero mejor que se acostumbren porque la jornada es larga y hay que tener energía. Las cosas de la vida, el sorteo de los puestos se había hecho la noche anterior, pero por la mañana también es buen momento de organizar dónde va cada pareja de monteros. Hay unos 300 aficionados, que han pagado alrededor de 300 euros por barba. Y es que, ojo, que la veintena de socios de esta asociación de cazadores pagan un pastizal por el alquiler anual de la finca y por el pienso que se les echa a los animales. Que no nos engañemos, no comen del campo.
Sobre los animalistas
Los monteros vienen a la sociedad El Pino de Villaviciosa de toda España, Mallorca, Málaga, Granada, Salamanca. Rafael, un cordobés afincado en Mallorca, cuenta que lleva dos años viniendo a esta montería porque le gusta la finca. Se nos acercan más monteros a la grabadora. Sale el tema de la muerte de los animales, era inevitable.
“Los animales de esta finca viven mejor que tú y que yo” apunta un señor que explica que se les echa de comer, se cuida la dehesa, las alambradas, se le pone agua. Y algo impactante: “creo que muchos animalistas no piensan qué pasaría si no echásemos de comer a los animales o si no abatiésemos a los muflones, ¿quedarían cabras montesas autóctonas?”. Al parecer, según estos expertos, hay especies como los conejos que también es necesario controlar sus ejemplares para no perjudicar a cultivos y evitar la trasmisión de enfermedades”.
Además, todos coinciden en que “no se le tira a lo primero que ves”, es decir, se mata a animales viejos, que están enfermos o tienen algún “defecto” -algo que, por ejemplo, en los venados se detecta por la forma de su cornamenta- y además toda la actividad está regulada por la Junta de Andalucía que te indica cuántos animales de cada especie se pueden matar”.
“Que a nadie se le ocurra tirar a una hembra, que se penaliza para la siguiente montería” dice en voz alta Juanma Barrera el capitán de la montería que organiza la salida de los coches al campo. Cuando le preguntamos por qué no caza hembras nos dice que su coto tiene permitida la caza de 30 ejemplares pero que “nos gusta venir en verano a ver las ciervas con sus crías, disfrutar de la berrea”. Lo que traducido resulta a que, al menos en este grupo de cazadores, parece que no es una cacería indiscriminada de ejemplares.
Pero no todos cogen rifle. Hay quienes como la hija de Juanma, Lorena, una joven de 27 años entusiasta de la actividad cinegética prefiere “estar por el campo con las rehalas”. Un total de 15 a unos 25 perros por cada una campean para levantar la caza y que los animales vayan corriendo de un sitio a otro.
Escuchar el campo
Sobre las 10 de la mañana los postores se encargan de que cada pareja ocupe su puesto, a una distancia más que estudiada para evitar accidentes y que cada uno tenga la misma suerte. Aún así, entre ellos comentan “hay puestos más buenos que otros, eso es según lo que te haya tocado”.
Antonio Serna, en su puesto, muy concentrado
Antonio Serna, en su puesto, muy concentrado

Para los inexpertos en la materia la mañana empieza lenta. ¡No es complicado ver a un venado! Pero siguiendo el consejo de un experto montero, afincado en Granada por amor pero amante del campo cordobés que conoce como la palma de su mano, Antonio Serna, con su sombrero de copa ancha no abandona su puesto ni un solo instante. “Mira por dónde vienen los perros” dice. Mientras tanto, sus indicaciones son “observa, siente, huele”. Huele a encina, suena a pájaros, de fondo el jaleo de las mujeres preparando la comida, se ven saltamontes entre las ramas. Se escuchan las ramas moverse.
Si se hace un ejercicio de Mindfulness o conciencia plena, tan de moda ahora, puede ser la experiencia más maravillosa para todo amante de la naturaleza solo rota por los disparos sueltos de algún montero a quien se le ha cruzado un bicho. Mil hectáreas de naturaleza viva.
¿Ya son las tres? Empiezan a llegar los primeros monteros mientras otros se reparte para recoger las piezas abatidas. “¡No ha cambiado la cosa, antes ni móviles ni nada, los sonidos de las caracolas de los perreros, los disparos y los ladridos!” comentaban los más mayores.
Los monteros comentando el día
Los monteros comentando el día

Cuando los 27 venados, 10 cochinos y 8 muflones estaban expuestos en fila, llegaron los veterinarios para analizar uno a uno, medir, tomar muestras. Tras ellos, los carniceros. Esa escena sí que no es demasiado apta para estómagos sensibles; hay que sacar y enterrar las vísceras para que la carne no se eche a perder. El olor es indescriptible, huele a muerte, ni más ni menos. La carne se vende, todo el proceso está controlado. Y por cierto, ni una hembra, solo ejemplares bastante ancianos.
Tras las fotos y felicitaciones a los triunfadores, a comer tranquilamente el exquisito almuerzo preparado por las mujeres de los socios.
La actividad cinegética en la provincia de Córdoba, una de las mayores por superficie de cotos de caza, se prolonga para animales grandes hasta el 12 de febrero.