A Nuestro Son, al son de Córdoba, al son del flamenco


El flamenco y sus vertientes gustan y mucho en Córdoba. Prueba de ello es la proliferación de grupos que han surgido en las últimas décadas en la ciudad

A mediados de los años 20 Córdoba sonaba a toque de palmas y compases en viejas tabernas. Grandes cantaores de barrio aprovechaban cualquier ocasión para reunirse en torno a una mesa con una copa de fino y una buena tapa de jamón y, así, interpretar viejas coplillas, muchas de ellas de artistas ya reconocidos del flamenco como El Chiclanita, La Niña de los Peines, Dolores y Alonso del Cepillo, José de los Reyes o El Negro del Puerto, entre otros. Fueron años en los que, además, se popularizaron las clásicas operas flamencas en las plazas de toros.

Antonia Pavón, Niña de los Peines.
Antonia Pavón, Niña de los Peines. /Foto: LVC

Autores como Federico García Lorca y Manuel de Falla impulsaban este arte para que no perdiera su esencia, un hecho que a día de hoy sigue vigente. Era otra forma de divertirse. Con el paso de los años y el cambio generacional, el cordobés sigue llevando implícito, como una marca personal, de la que dificilmente puede desprenderse, el sello flamenco de sus antepasados.  Ya en 1956, surge en la capital el primer Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, que hoy en día, aunque tras un parón, se sigue celebrando en la ciudad.
Ni la movida de los años 80 pudo con el flamenco. El surgir de nuevas melodías y estilos musicales no fue un impedimento para los flamencos de la época que, aprovechando la ocasión, mezclaron el estilo más popular de esta música tradicional con el rock, pop o, incluso, con estilos caribeños y norteamericanos, como el jazz. De esta forma, bares como El Billar, en Ciudad Jardín, Tendido 7 o la Peña Egabrense acogían a los nuevos cantautores y a artistas, como el cordobés Ramón Medina. Tampoco se puede dejar atrás al grupo Medina Azahara, claro ejemplo del flamenco Rock cordobés de la época.
Pues bien, el flamenco sobrevive en Córdoba y de qué manera. Pocas fiestas en la ciudad no cuentan ya con un grupo de este estilo que amenice el compás de los asistentes. Además de ser un plus en la celebración de cualquier evento, el contratar a un “grupo flamenquito” asegura el éxito absoluto de la organización. La esencia no se ha perdido. La buena mesa, el buen compás y la buena compañía sigue estando presente.
De esta forma, parece ser que la esencia flamenca, anteriormente mencionada, está haciendo de las suyas en Córdoba y prueba de ello es la proliferación de grupos de este estilo en las últimas décadas en la ciudad. Así, se pueden encontrar varios conjuntos musicales que se dedican a la expansión de la rumbas, sevillanas y compases, mezclados con su buena presencia en el escenario y el arte de saber animar al público. A Nuestro Son, son ejemplo de esto.
Grupo A Nuestro Son.
Grupo A Nuestro Son. /Foto: LVC

El Grupo A Nuestro Son, surge de la idea de tres o cuatro amigos, que decidieron en su día juntarse para hacer lo que más les gustaba: cantar  y disfrutar de buenos momentos con su gente. Así, en 2012, deciden montar el grupo pero no fue hasta octubre del mismo año cuando se perfila ya una idea común de lo que realmente querían hacer. En cuanto al nombre del grupo, su representante y miembro del conjunto, Juan Magaña, explica que “somos cofrades, y tres de nosotros somos costaleros, y, tal y como se dice en el argot cofrade y repiten muchos capataces en gran parte de Andalucía, una expresión muy típica delante de los pasos  ‘este es el son’, ‘así, así na má’, ‘a nuestro son siempre’, y de ahí surgió el nombre”. Sus cinco miembros son: Inma Camacho, Francisco José Toribio, Adrián Moreno, Juan Magaña y Rafael López. Todos del mismo barrio, crecieron escuchando rumbas, carnaval, sevillanas y buen flamenco.
En cuanto a su estilo, “si hubiese  que enmarcar su música en algún estilo generalizado, sería el flamenco”, pero realmente no ofrecen flamenco como tal. Conocido popularmente como flamenquito, su repertorio se nutre de “rumbas, sevillanas y alguna que otra versión de canciones de los años 70 y 80, al igual que versiones de música actual”, apunta Magaña. A Nuestro Son no se establece con el objetivo final de sacar un disco, aunque tampoco lo descartan, “el principal fin de nuestro grupo es hacer disfrutar a la gente y que disfrutemos nosotros también con ellos, y a partir de ahí, si viene, pues bienvenido sea”.
Como todos los grupos, más bien, como todas las personas, ellos también guardan en su memoria momentos especiales. Así,
Grupo a Nuestro Son.
Grupo a Nuestro Son. /Foto: LVC

Magaña explica uno de estos momentos para el recuerdo: “nuestro primer concierto en Mercantil, en el Vial Norte. Ese día supuso nuestro estreno en lo alto de un escenario, y con un local a rebosar, de hecho, había muchísima gente fuera que no podían pasar porque ya estaba lleno. En aquel momento confiaron en nosotros ciegamente; ya que nunca antes habíamos actuado en directo y con esta entrevista nos gustaría agradecer tanto a Ignacio Serrano, a Curro Gómez y, al desaparecido, Simeón la confianza que depositaron en nosotros para la inauguración de las Noches Flamencas. Nos conmocionó muchísimo la perdida de uno de ellos, nuestro amigo Simeón. Desgraciadamente, el día previo a la segunda actuación, nos dejó por culpa de un fatídico accidente de trafico, y lo llevamos siempre en el recuerdo.”
Por supuesto, a parte de interpretar otros temas, también tienen música propia. En total son 4 rumbas propias, tres de ellas, escritas por nuestro el compositor Miguel González Bonilla, Nene, tituladas: Se me escapa el alma, Los labios rojos y Ella no tiene abuela; y la otra rumba es A la orilla de una playa, que fue escrita por Inmaculada Camacho, vocalista del grupo. En su repertorio también cuentan con sevillanas de su propia autoría como La Sevillana del Barrio, que rinde un homenaje al barrio del que proceden, San Lorenzo.
A Nuestro Son es sólo un ejemplo de los cientos de grupos que rescatan hoy en día la esencia flamenca que guarda la ciudad. Claros ejemplos, también son Sefardí, Al Compás del Paladar, Menta y Limón o Al Son del Sur, entre otros. Es gente de Córdoba que rescatan para su ciudad la esencia de lo que fue es y será y que a los cordobeses les vuelve locos: El Flamenco.

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