La Virgen de la Sierra baja a Cabra entre una multitud


El santuario de María Santísima de la Sierra era un clamor cuando, a las 16:00, la archicofradía se disponía a iniciar la bajada de la Virgen a Cabra. Fue un 4 de septiembre más caluroso de lo habitual para una bajada, la de 2016, que estuvo marcada por una temperatura que no impidió que la multitud de fieles se diera cita en torno a la alcaldesa perpetua de los egabrenses, que la disfrutarán en la localidad durante el próximo mes.

Fieles ante la Virgen de la Sierra./Foto: Fernando Castro
Fieles ante la Virgen de la Sierra./Foto: Fernando Castro

La Virgen lucía un aspecto dieciochesco que evocaba romerías antiguas, que ya caminan por encima de los 620 años de una devoción que, más que perderse en la noche de los tiempos, hace de éste la compresión certera de un pueblo que orbita alrededor de su propia historia, entre los vivas de sus cofrades, costaleros, devotos y curiosos que se postran ante la fe colectiva que supone y da sentido a la procesión que se torna en peregrinación de cada individuo, cuando alcanza la compresión de que, el peregrinaje, no es el de la imagen sola, sino el suyo interior junto a ella.
Triste y sola queda la ermita, cuando deja su trono la Serranita. Puntual a la cita llegó la Virgen de la Sierra a su primer destino y parada en la Viñuela, donde se reportan fuerzas y agua bajo un sol de justicia. Tras los colchones llegaría a la casilla de la Salve, donde se entonaron los tradicionales cánticos y la Señora era portada por mujeres. Apresurada en su camino porque un pueblo entero la espera a la altura del paso a nivel, donde no faltó un ligero saludo y un guiño a las personas que se encuentran en el Hospital Infanta Margarita.
Lágrimas de ancianos y de personas que, llegadas de diferentes puntos geográficos, gritaban vivas al redoble de un tambor en la misma barriada que lleva su nombre. Una misa, un cambio de manto y, al igual que todos vuelven limpios para su entrada triunfal, la Virgen más bella que nunca acompañada de jinetes, caballos y carrozas, se detenía en los arcos de la antigua calle Baena, donde el alcalde pondría la vara a quien es patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad que la venera.
El 4 de septiembre cayó en domingo y el rigor del astro rey no fue obstáculo para disfrutarla, para colmarla de vítores, para quien hubo de pedirle otra luz, distinta a la estival, en los días difíciles de los que cada devoto guarda para sí y comparte con la Santísima Virgen una plegaria que, por esperada, no deja de ser necesaria e imparte un consuelo tan antiguo como la fragilidad del ser humano. Como escribía Fernando Castro, ya está María Santísima de la Sierra en Cabra ¡Viva el orgullo de los egabrenses!

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