"El día que me muera, que no me lleven flores"


La celebración de Todos los Santos tiene su eje central en el tributo a los familiares y amigos que ya no están, y las flores cobran un especial protagonismo

Cementerio de San Miguel de Villanueva de Córdoba./Foto: LVC

Flores naturales y artificiales, con el color blanco, malva y morado, de forma predominante, son la ofrenda que miles de cordobeses llevan estos días a sus difuntos. Una tradición ancestral, puesto que la percepción de trascendencia se remota al origen de la especie humana. Pero no a todos los vivos les gusta -o les gustó en su día- este rito. Así, en el cementerio de San Miguel de Villanueva de Córdoba, Marta Cantador, lleva este uno de noviembre flores a la tumba de sus abuelos y de su tío. “Los tres comparten nicho”, explica; para proseguir confesando que a uno de ellos, a su abuelo, no le gustaba este ritual.
“Él no quería flores y siempre pedía que se les llevaran en vida, para que pudiera disfrutarlas”. Se le escapa una sonrisa cuando se le pregunta por el motivo en que “desobedece” este deseó de su abuelo José. “No puedo evitarlo. Aunque a él no le gustaba, es mi forma de recordarlo”. Y es que Marta opina que este gesto “es una forma de acordarnos verdaderamente de ellos, los Santos de nuestras vidas”. La emoción se ve en sus ojos y deja de hablar. Toma un cubo con agua y una esponja y se dispone a limpiar la lápida.
Marta va una vez al mes “a verlos y a contarle mis cosas. Supongo que esto lo hará mucha gente”, pero lo que tiene de especial es que ella va expresamente desde Córdoba. “Es una forma, más que de no olvidar, de mantener un vínculo material de una parte muy importante de mi vida”. Y asevera que “no sé si la gente me entenderá, pero mientras pueda no voy a dejar de hacerlo”. Nos despedimos, mientras ella se dispone a colocar, con sumo cuidado, las flores que su abuelo no quería que le llevara.

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