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Antonio Llamas: “Jesucristo no es un Dios mudo, sino que habla a través de la Escritura”

El biblista y canónigo acaba de ver publicado el primer volumen del "Diccionario Bíblico. Y dijo Dios, hágase la luz", obra sobre la que reflexiona en la siguiente entrevista

Publicado por Blas Muñoz el 19/5/2017 a las 11:57
Antonio Llamas./Foto: José I. Aguilera

Antonio Llamas es licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, Doctor en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Comillas, Doctor en Filología Bíblica Trilingüe por la Universidad Pontificia de Salamanca y Doctor en Filosofía y Letras, Sección Humanidades por la misma universidad. Es profesor del Estudio Teológico San Pelagio, del I.S.C.C.R.R. Beata Victoria Díez y director del Centro Bíblico María Madre de la Iglesia, de Córdoba. Entre sus últimas publicaciones detaca Lectura orante del Audi, filia de San Juan de Ávila, Aproximación al Nuevo Testamento (primera, segunda y tercera parte). Ahora ha realizado el primer volumen del Diccionario Bíblico. Y dijo Dios, hágase la luz, obra sobre la que reflexiona en la siguiente entrevista.

-¿Cuál es el fundamento de esta obra?

-Es una petición del Cabildo Catedral. Los hermanos capitulares me pidieron que pusiera por escrito un diccionario. Soy biblista de vocación y muy enamorado del Dios de la Palabra. Diccionarios hay muchos en todo el espectro mundial. Continuamente están saliendo. Alabo a quienes realizan esos trabajos, pero el problema radica en quién lee esos “tochos” tan grandes. Por eso, prefiero ir escribiéndolos poco a poco, por volúmenes, que no pasen de las 200 páginas, que tengan una buena letra y que digan. Si estamos hablando de la Biblia hay que tener presente que es el mayor tesoro que tiene la Iglesia.

-En qué ha consistido su trabajo.

-Llevo 40 años en esto -cuando era joven y a través de una serie de personas, entre ellos mis padres, que me ayudaron a reflexionar, me enamoré del Dios de la Palabra y sentí una vocación-, por eso prefiero decir que la Biblia está inspirada por la acción del Espíritu Santo. Y tiene que ser interpretada en el mismo espíritu en que fue escrita. Partiendo de ahí, los hombres y mujeres que la escribieron tuvieron que explicar el decir de Dios en la historia. Eso es un misterio. Desbrozar las palabras es como un literato que tiene que hacer una novela y entra en juego el elemento sustancial, que es la palabra. En la Biblia es literaria, pero es la Palabra de Dios en virtud de su inspiración. Lo que he hecho es tomar los cinco primeros libros de la Biblia y ver cuáles son los términos que abren cada uno de ellos. He trabajado sobre el significado y el significante, pero siempre con el aditamento del Espíritu. Él es el que hace toda la realidad en los autores sagrados. De tal forma que, sin perder su libertad, pusieron por escrito lo que Dios quería, en orden a la salvación.

-¿Esta obra tiene algún precedente en la diócesis de Córdoba?

Antonio Llamas./Foto: José I. Aguilera

-No lo sé porque aquí siempre ha habido muy buenos biblistas. Maestro mío fue Juan Francisco Hernández Martín, salmantino de nacimiento y cordobés hasta el final de sus días. Este canónigo, junto a otros que ya están en el reino de la vida, como Antonio González Lamadrid, Evaristo Martín Nieto, Gabriel Pérez y Felipe Fernández Ramos hicieron algo digno de alabanza. Y fue fundar en España la Casa de la Biblia. En esa década de 1960 fueron por toda la península dando cursos bíblicos. Después pusieron por escrito una traducción de la Biblia y alguno de ellos se atrevió a hacer vocabularios. Recuerdo que tuve la suerte de traerlos un año a Córdoba y fue una auténtica gozada. Los capitaneaba Antonio González Lamadrid, que era un biblista que, en España y Europa, resplandecía con luz propia. Como suelo decir, soy de pueblo, pobre y perdido en la gran ciudad y no llego a esta persona. Aporto mi granito de arena, pero siempre teniendo en cuenta a las personas que me han impartido las ciencias bíblicas. Tuve la suerte en Roma de tener como profesores a los mejores biblistas del último tercio del siglo XX. Eran hombres de oro.

-¿Qué sentido y qué significado alcanzará su obra en la Iglesia de hoy en día en Córdoba?

-Al menos para quienes se acercan al Centro Bíblico María Madre de la Iglesia, se van a enriquecer, además del bagaje que ya tienen con 24 años ininterrumpidos estudiando la Biblia. Para muchos sacerdotes de la diócesis, sobre todo los más jóvenes, han sido personas que han escuchado mis clases. Sé que ellos ahora van a disfrutar porque no es lo mismo estudiar un diccionario que ha sufrido una retrotraducción que, en la misma lengua española. Se trata de 40 términos -un número de plenitud-, escritos en un lenguaje directo y llano para que la gente los pueda comprender.

-¿Hay que tener un mínimo de formación bíblica para leerlo?

-Un poco hay que tener, pero se entiende. Es una buena ocasión para decir a la gente que, donde haya un creyente católico allí está la Iglesia, y que Jesucristo no es un Dios mudo, sino que habla a través de la Escritura.

-¿Es un proyecto con vocación de continuidad?

-Continuidad siempre hay, pero tenemos que buscar el tiempo y los tiempos. Tego también otros encargos sobre los que también estoy trabajando. Creo que con la ayuda de Dios podremos seguir adelante. Poco a poco, no se trata de correr o establecer unas velocidades, para eso están las carreras de los vehículos. Tenemos que ir paso a paso, sopesando cada una de las palabras y explicándolas bien. Vosotros sabéis lo importante que es comunicar para que, cuando hable, la persona que escucha me entienda.


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