¿Diversidad o desigualdad y falta de solidaridad?

Hay una frase en el saber popular que dice que “el dinero es muy miedoso”, lo cual es una verdad absoluta. De esta manera, hay un nexo común en la economía de cualquier persona o empresa sea cual sea su nivel, y es que si no tiene seguridad del lugar donde tiene sus euros, se lo lleva a otro lugar a la primera oportunidad tenga.
Pues eso, que es tan sencillo, es lo que hemos visto de forma meridiana en Cataluña en los últimos tiempos por el disparate independentista, con los miles de empresas que han cambiado su domicilio social hacia otros lugares de España.
Pero eso mismo, y sin que nos demos cuenta, está ocurriendo en algunas Comunidades Autónomas desde hace mucho tiempo en beneficio de otras por motivos de las disparidad normativa que tenemos en nuestra España según el lugar donde se resida. Unos le llaman diversidad, pero lo que realmente es desigualdad y falta de solidaridad.
¿Por qué un español, según el lugar donde resida, tiene diferentes impuestos, diferente educación, diferente sanidad, diferentes normativas para las empresas, los autónomos, las pymes, la agricultura, etc.?
No es razonable, ni justo, ni democrático. Hay cada vez un mayor sentir social de que esto no debe ni puede seguir así. Lo que ha ocurrido en Cataluña es la mayor expresión de esta situación y nos debe llevar a una profunda reflexión para reconducir un sistema que, de seguir así, hará que en pocos años volvamos a estar como hemos estado o incluso peor.
De ello, se han aprovechado, en esta ocasión, los llamados independentistas en nuestra querida Cataluña, que han llevado, lamentablemente, al borde del abismo a esa región tan española. De no ser por la magnífica, fría, templada y mesurada gestión que ha realizado el Presidente Rajoy con la aplicación del artículo 155 de nuestra Constitución Española, y el apoyo de los partidos políticos llamados constitucionalistas, hoy España no sería la España que hemos conocido hasta ahora.
Era necesario el cumplimiento estricto de la Ley y la firmeza del Estado de Derecho y del Gobierno ante aquellos que han delinquido y dividido a nuestra gran y antigua Nación, y ahora les toca pagar lo que han hecho con multas, inhabilitaciones y cárcel conforme dictaminen los jueces. Aprovecho estás líneas para destacar el buen hacer que han tenido la Policía Nacional y la Guardia Civil, a los cuales sólo se puede mostrar el reconocimiento, solidaridad, ánimo y apoyo de cualquier español de bien.
Pero una vez hecho eso, y muy bien hecho en esta situación límite, ahora toca con frialdad pero sin pausa, replantarse el modelo de Estado que queremos y corregir todas las disfunciones y desigualdades a las que nos han llevado las continuas cesiones de competencias del Gobierno Central en las CCAA, aunque sea políticamente incorrecto decirlo. Creo que de ello estamos hartos los ciudadanos, que vemos que mientras la UE va uniformando la legislación, aquí en España tenemos diferentes derechos y modelos de gestión según la región en que se viva.
Como decía anteriormente, una cosa es la diversidad, que todos queremos y respetamos y hace a España como es desde hace siglos, y otra la desigualdad y la falta de solidaridad, que sólo interesa a los que se benefician de ello o quieren romper España.

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