El día que descubrimos el teatro romano

Carreras como Historia del Arte son comparables a esas amantes que te brindan las mejores veladas de tu vida pero con las que sabes que es poco probable que termines casándote. Pero tú les eres fiel. Por lo agradable de esas veladas. Y por si al final suena la flauta, claro.

Una prueba de ello es que, de los cuatro aplicados alumnos que asistimos a la última clase de la asignatura Introducción a la Arqueología del curso 2000-01, hoy en día solamente dos nos dedicamos a algo relacionado con las Humanidades. La lección tuvo lugar a las 12:00 horas de un viernes y consistió en una visita al Museo Arqueológico, que por aquel entonces se encontraba en proceso de ampliación.

Teatro romano de Córdoba.
Teatro romano de Córdoba. /Foto. LVC

Fue una clase voluntaria, por lo que nuestra presencia se tuvo en cuenta en las calificaciones finales. Y Carlos Márquez, el profesor, aprovechó tan reducido público para mostrarnos, en la distancia, algo de la excavación en curso de los restos del teatro romano. Fue la primera vez que contemplé un yacimiento a medio excavar; yacimiento que en aquel momento nos resultaba initeligible.

Y ocurrió algo curioso: Antonio Monterroso, arqueólogo que estaba “a pie de obra”, nos saludó y mostró a Carlos un pequeño fragmento de relieve arquitectónico que acababan de encontrar y que cabía en su mano. Carlos, gran conocedor de la decoración arquitectónica romana, lo examinó y respondió de forma rotunda y con un tono levemente sorpendido: “Esto es augusteo, esto es augusteo”. Es decir, de le época del emperador Augusto.

En mi trabajo como divulgador del patrimonio histórico-artístico he comprobado que existe a menudo una confusión que tiene cierta lógica: Pensar que César fue el primer emperador romano. Sin embargo, Cayo (nombre) Julio (“apellido”) César (algo así como el apodo) fue dictador en el siglo I a.c. tras su victoria contra Pompeyo.

Sería su hijo adoptivo Octavio (Cayo Julio César Octaviano) el que se proclamaría Imperator, titulo que tenía su origen en el poder militar. Además, el Senado le concederia el de Augusto, que señalaba su respetabilidad en un sentido religioso, conformando Imperator Caesar Augusto. Ambos títulos, así como Caesar, se perpetuarían en sus sucesores, pero sería él quien pasaría a la historia con uno de ellos: Octavio Augusto o simplemente Augusto.

Su gobierno, a caballo entre dos eras (antes de Cristo y después de Cristo), sería el más largo de todos los emperadores romanos: es decir, se dio el curiso hecho de que ningún otro duraría tanto en el poder como el primero.

Algunas veces, años después, he bromeado recordando al propio Carlos que yo estuve allí el día que él fechó el teatro romano: el día que él dedujo que era augusteo. Y siempre me responde con la obviedad: el método arqueológico es mucho más complejo, una datación no se realiza con un elemento aislado y toda conclusión fiable nace de un trabajo de equipo. Era de esa época, sí, pero ello se supo por más motivos.

No es el teatro la única gran obra vinculada a Augusto de nuestra ciudad, pues el propio Carlos Márquez diferenció el Forum adiectum (llamado el “foro nuevo”). Si bien fue levantado en época del segundo emperador (Tiberio), tuvo importantes influencias del que había construido en Roma su predecesor. De este foro nuevo puede contemplarse un pequeño resto bajo el Colegio de Abogados.

Un resto, al igual que los del teatro, de aquella Córdoba romana que era capital de la provincia Bética, paría a Séneca y Lucano, traía mármol de las canteras imperiales y edificaba algunos de los mayores edificios de espectáculos de la Antigüedad. Una Colonia Patricia hoy eclipsada (tan lógica como desgraciadamente) por la esplendorosa y exótica Qurtuba andalusí.

2 respuesta a “El día que descubrimos el teatro romano”

  1. Afortunadamente y a pesar de que lo desconozcan los propios cordobeses, Córdoba es más romana que mora.
    Córduba, cápital de la Bética Romana!!

  2. Estimado amigo Teo:
    No sabía yo las múltiples facetas a las que te dedicas. Es muy interesante el artículo con tus comentarios del “teatro romano”, cuando yo fui a verlo, la verdad es que me decepcionó porque hay muy pocos restos.
    Te ruego, por favor, me sigas remitiendo todos los comentarios que te parezcan oportunos.
    Gracias, saludos y buenas tardes. Luis.

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