Un CCF al pairo, ni un día más

Mi enemistad manifiesta con Carlos González es pública, mi opinión sobre la persona se la pueden imaginar. Pero eso me lo guardo para mí. Los años y mis convicciones morales me han permitido perdonar, aunque nunca olvidar, el daño injusto e inane que sufrí en otoño de 2012 y que desencadeno mi dimisión, y la de mi amigo Paco Herrera, del Consejo de Administración del CCF que él presidía. Lo que no quita que seguiré hasta donde mis fuerzas permitan reclamando que en las cuentas del club se reflejen los derechos económicos del Córdoba CF, SA provenientes de la letra “explicita e implícita”, lo mismo que él ahora reclama a Jesús León, del contrato de compraventa de acciones que el empresario madrileño firmó con D. José Romero en mayo de 2.011.

Hoy lo que importa es el sentimiento de miles de cordobesitas, que después de la montaña rusa que ha vivido el club en los últimos años, no acaban de entender que se juegue con el presente y futuro deportivo de su PASIÓN INFINITA, de una manera tan frívola y descarnada.
Como bien conoce González, porque de empresas futbolísticas y de operaciones de venta algo sabe, no hay peor mal para un club de fútbol que la incertidumbre en la sala de mandos, en la propiedad del club. Eso lo aprendimos bien, porque los sufrimos en nuestras carnes, quienes tuvimos que conducir la nave del CCF, con José Miguel Salinas al frente, hasta que PRASA consiguió vender las acciones.
Los errores que cometimos en aquel proceso, sobre todo provocados por su publicidad y momento elegido, obedecieron a una situación financiera límite tanto de la SAD como de su principal accionista. Circunstancias que serían inexplicables ahora, salvo que la arcadia económica que año tras año la familia González nos ha vendido al presentar las cuentas de la sociedad no fuese cierta, cosa impensable. La última vez hace apenas dos semanas.
Por eso, es inexplicable que en la peor situación deportiva del CCF, desde que ascendimos en Huesca, se ponga al pairo la nave con un proceso de venta tan tormentoso, a los cuatro vientos aireado, que sólo puede conducirnos al pozo sin fondo de la maldita segunda B y al desencanto y frustración de una afición de primera.

Sí las garantías de los compradores no eran suficientes o de su agrado que no hubiese entrado en el juego de firmar y, mucho menos, de hacer pública la operación de venta un día 20 de diciembre. En pleno mercado de invierno el Córdoba CF no puede estar sin dueño, esa situación es demoledora para la plantilla. No siempre se encuentran jugadores con un compromiso y dignidad por encima de la cuenta corriente dispuestos a arrimar el hombro frente a cualquier adversidad. Yo tuve la suerte de conocer a algunos como Alberto García, Miguel Ángel Tena, De Coz, Gaspar, Pepe Díaz e incluso los más jóvenes de entonces como Fuentes o Charles. No se sí el CCF actual cuenta con pilares como aquellos, ojalá.

Por el bien de esa afición, que tantas satisfacciones deportivas y económicas le ha dado desde junio de 2011, la familia González debe cerrar la venta cuanto antes o, de lo contrario, coger el timón y salvar los muebles. Ellos pueden hacer con su dinero y acciones lo que les plazca pero el cordobesismo no se merece ni un día más de zozobra y deriva.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *