Calle Dolores Ibarruri

Sita para más señas en las inmediaciones de una de la grandes superficies comerciales de la ciudad de Córdoba, la calle Dolores Ibarruri no tendría, en principio, por qué tener un mayor protagonismo que la nomenclatura de otras barriadas, avenidas, plazas y calles de la ciudad de Córdoba, como de otras muchas ciudades. Dolores Ibarruri, la Pasionaria, fue junto con José Díaz una de las figuras más destacadas del Partido Comunista de España durante parte de la vigésima centuria. Si bien Díaz fue el máximo dirigente (secretario general) e Ibarruri una fogosa oradora y agitadora, llegando a convertirse en vicepresidente de las Cortes en 1937.

Es precisamente en el Parlamento donde José Díaz llega a afirmar con respecto al político y, a la sazón, jefe de la oposición José María Gil-Robles: “Esta es una Cámara de cuellos flojos y de puños fuertes […] Yo no sé cómo va a morir Gil-Robles […] pero si puedo afirmar que si se cumple la justicia del pueblo morirá con los zapatos puestos”. A la citada “definición dogmática” siguió el consiguiente escándalo y el Presidente de las Cortes ordenó borrar la frase del Diario de Sesiones. Pero la Pasionaria la repitió con escarnio: “Si os molesta, le quitaremos los zapatos y le pondremos las botas”. Muchos años después, el 25 de julio de 1981, en una entrevista a El País, Dolores Ibarruri explicaba: “Pude haberle dicho [a Calvo Sotelo] muchas cosas, es usted un vividor, un sinvergüenza, pero nunca le dije que moriría con los zapatos puestos: yo no podía hacer una amenaza de esta naturaleza. Ahí está el Diario de Sesiones”. La amenaza no fue, en efecto, contra Calvo Sotelo (como se ha dicho a menudo por un error ya que éste si “murió con los zapatos puestos”) sino contra Gil-Robles (a quien al parecer fueron a buscar para que “muriese con los zapatos puestos” pero al estar pasando unos días fuera de Madrid pudo verse librado de semejante trance), y no está en el Diario de Sesiones, pero fue reproducida en Mundo Obrero al día siguiente. Ello aparte, la Pasionaria exigía constantemente el encarcelamiento de Gil-Robles, Calvo Sotelo y demás líderes conservadores, y en alguna ocasión, su “arrastramiento”. La cuestión con respecto a Gil-Robles adquirió tal cariz que Azaña llego a describir del siguiente modo la situación del dirigente de la CEDA: “Tienen un miedo horrible. Ahora quieren pacificar, para que las gentes irritadas se calmen y no les hagan pupa […] La Pasionaria le ha cubierto de insultos [a Gil-Robles]. No sabe dónde meterse, del miedo que tiene”.

Aún así, y todo, tuvo Gil-Robles el “miedoso” y “vituperado” la osadía de denunciar en las Cortes las “cifras hasta el momento”: 269 muertos, 1287 heridos, 160 iglesias destruidas y 251 dañadas, 69 centros políticos y particulares destruidos y 312 asaltados, 10 periódicos totalmente destruidos y asaltos y destrozos en otros 33, 146 explosiones de bomba, 113 huelgas generales y 228 parciales, 138 atracos (Si bien estudios como los de E. Malefakis, R. Cibrian y J. Linz dan un número algo inferior de muertos).

Dicho lo cual y retornando a la cordobesa calle de Dolores Ibarruri, cabría formular una serie de preguntas: ¿La rotulación de la citada calle responde a sus buenas maneras democráticas y tacto político?. Sin afear lo que wikipedia denomina como “lucha por los derechos de las mujeres”, ¿realmente luchó “la merecedora de tan digna rotulación” por los derechos de todas las mujeres independientemente de su credo religioso o político (a saber, ya fuesen monjas o libertarias)? ¿Cómo interpretar los conceptos “arrastramiento”, “zapatos puestos” o “botas puestas”? ¿Hubiera superado nuestra “digna rotulada” el juicio de nuestro presente Tribunal de la Corrección Política? ¿Cabría imaginarse a Vallellano o a alguna de las generaciones Cruz Conde ejerciendo la función pública desde semejantes principios y con tan personal estilo? Si como dice el genial Chesterton: “Los hombres se mueven en estos temas por algo superior y más santo que la política: el Odio”; ¿dónde parecen encontrarse mayores dosis del singular elixir?

Post data: A estas alturas quizá lo único sensato en esta Arcadia de las orillas de Guadalquivir sería como José Tomás – el grandísimo Diestro de Galapagar – devolver la Medalla.

1 respuesta a “Calle Dolores Ibarruri”

  1. LE PODRIAMOS PONER EL NOMBRE DE UNA CALLA AL SEÑOR ASESINO DE ANDALUCIA, GONZALO QUEIPO DE LLANO, O SI USTED QUIERE AL BRUNO IBAÑEZ, JEFE DEL ORDEN PUBLICO DE CORDOBA. EL SOLITO ASESINÓ A 5.000 CORDOBESES. TOTAL ESO FUE UN CAPRICHO CON EL BENEPLACITO DE SU OBISPO PEREZ MUÑOZ Y DE SU QUEREDISIMO FRAY ALBINO, AMIGO PERSONAL DE SU SAN FRANCISCO FRANCO, Y ASI LO DEJAMOS A USTED CONTENTO. ¿LE PARECE BIEN?

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