Il telefonino

El pasado miércoles 8 de noviembre tuve oportunidad de asistir, en vivo y en directo, a la audiencia pública del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro en el Vaticano. En un momento, el Papa, “dejando los papeles a un lado”, advertía: “[…] a mi me da mucha pena cuando celebro aquí en la plaza o en la basílica y veo muchos teléfonos levantados, no solo de los fieles, también de algunos sacerdotes y también obispos. ¡Pero por favor! La misa no es un espectáculo: es ir a encontrar la pasión y la resurrección del Señor. […] Recordadlo: nada de teléfonos – Niente telefonini”.

En mi modesta opinión, la cuestión no solamente se tendría que referir a un mínimo de urbanidad litúrgica como la que indica el Papa sino que tendría que llevarnos a una serie de reflexiones en las que, sin tener que estigmatizar al “telefonino”, se haga posible una “cierta autocrítica” por parte de todo usuario de “telefonino” y sus “aplicaciones”.

Ya el sin par Chesterton, al narrar la llamada telefónica al padre Brown de su curioso amigo francés, Flambeau, “ladrón y atrapador de ladrones”, en El problema insoluble, advertía también: “El padre Brown se mostró muy complacido de oír la voz de su viejo amigo, hasta por teléfono, pero en general y especialmente en ese preciso momento el padre Brown no estaba muy prendado del teléfono. Era una de esas personas que prefieren observar la cara de las gentes y percatarse de la atmósfera social en que se mueven, y sabía bien que sin estas cosas los mensajes verbales son muy propensos a desorientar, especialmente cuando proceden de desconocidos […] El teléfono parecía estar poseído por el demonio de la trivialidad”.

Un personaje también curioso como es el filósofo y apologista francés, Fabrice Hadjadj, al intentar responder a la pregunta con la que titula uno de esos libros ¿Qué es una familia?, filosofa – pero creo que con mucho acierto – en los siguientes términos: “Los teóricos de la cognición han constatado que un libro favorece el desarrollo del pensamiento causal; la pantalla, por el contrario, el de la visión fractal. La lectura de un libro es lineal y requiere concentración: una cosa viene tras otra, el orden de la prosa supone, si no la “subordinación”, al menos la coordinación. La visión de una pantalla es fragmentaria y lleva a la dispersión: se abren simultáneamente varias ventanas, el orden de su imaginería se basa en la “yuxtaposición”, una “yuxtaposición” sin relación de causa y efecto, sin antes ni después. La pantalla tiende, por lo tanto, a sustituir la búsqueda de las causas por la acumulación de informaciones” (70).

También Hadjadj, y también respondiendo a la pregunta con la que titula otro de sus libros ¿Cómo hablar de Dios hoy?, propone la siguiente perorata – creo que también bastante acertada – como respuesta a una pregunta – tan escatológica diríase hoy – como la que sigue a continuación: “¿Para qué aspirar a la larga duración cuando el tiempo parece obstaculizado por la destrucción inminente? Pues bien, responde así: “Quedan los artículos de consumo, las novedades desechables, el listo-para-consumir cerca del cubo de basura. La multiplicación de los medios de almacenamiento de datos no arregla nada. Todo el mundo, en nuestra época, ‘salva’ y ‘pega’ las trepidantes insignificancias con las que intenta dorar su inanidad, los clichés de sus vacaciones en Ibiza, el video de su buldog que ha conseguido la hazaña de andar hacia atrás, la logorrea de su blog o las “composiciones” de su Myspace. Pero esas conservas numéricas son la consagración del derecho. El esfuerzo desesperado por dejar huellas a todos los niveles es exactamente lo contrario de la atención que se requiere para perfeccionar una obra. Porque la obra no es el resto de una vida difunta. Es, más bien, la semilla de una gloria venidera” (144).

En cualquier caso – y a modo de italiano para principiantes – dígase con Francisco: “il sacerdote che preside la celebrazione dice: ‘In alto i nostri cuori!’. Non dice: ‘¡In alto i nostri telefonini per fare la fotografía!’”

1 respuesta a “Il telefonino”

  1. EN ESO SI LLEVA TODA LA RAZON SU SANTIDAD EL PAPA, PORQUE AQUI EN CORDOBA ASISTIR A LA MISA DE DON DEMETRIO SI ES UN GRAN ESPECTACULO, Y MAS TODAVIA CUANDO LLEGA LA HORA DE LA HOMILIA. ¡¡¡TODA UNA ESPECTACION!!!, MAS DE UNA VEZ LA TALLA

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