Negritos, chinitos y panchitos

Llegar el mes de octubre y evocar con el Domund a “negritos”, “chinitos” y “panchitos” es cosa buena a todas luces. Es más, con San Juan Pablo ha de recordase una y otra vez – véase Redemptoris Missio – que “la misión de Cristo redentor, confiada a la Iglesia, está todavía muy lejos de su cumplimiento” y que “en la historia de la Iglesia el impulso misionero ha sido siempre signo de vitalidad, como su disminución es signo de una crisis de fe”.

Sin embargo, hablar de Domund y Evangelización, de misiones y misioneros ha de ir unido, más si cabe desde el año 1985 – ya ha llovido – al “palabro” Nueva Evangelización. Por aquellas fechas y por vez primera proponía San Juan Pablo II un compromiso “para toda la Iglesia, a nivel cósmico, proyectada hacia una nueva evangelización misionera, según el impulso que le ha sido otorgado, ad intra y ad extra, por las consignas del Vaticano II, retomadas e irradiadas por el sínodo de los Obispos”; “una evangelización nueva: nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”.

El envite no está exento de numerosas dificultades si nos atenemos a hechos como los descritos a continuación: “[…] hay alguien aún más sordo que el descristianizado. Es el mismo cristiano. Quiero decir, el que se adorna con ese nombre, el que cree en sí mismo por creer en Dios y se suficientemente humilde. Ese cristiano, de nombre pero no de alma, es el que seguramente se imaginará que hubo un tiempo en que era más fácil hablar de Dios” (F. Hadjadj, ¿Cómo hablar de Dios hoy? Anti-Manual de Evangelización, 30). Y el envite, también, suele conducir a aquello de “cualquier época pasada fue mejor”: “¿Voy yo a blasfemar contra la providencia que me ha puesto en este momento de la historia? ¿No debería reconocer que, si he nacido en esta época, en ella se encuentra mi misión, por enredada que sea, y que no debería esperar la vuelta de condiciones más favorables para comenzar a ser testigo?” (Mismo autor y misma obra en la página 133). Esta misma música en la partitura del Papa Francisco – coge aquí prestada una cita de Bernanos – suena así: “Se desarrolla la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como ‘el más preciado de los elixires del demonio’”.

De modo que para despertar conciencias dormidas y abrir un poco la mente ahí van un par de preguntas (-véase el citado Hadjadj): “[…] somos católicos una buena parte del domingo por la mañana, ¿no? Es decir, al menos cuatro o cinco minutos durante la misa”; “¿Puede confundirse la vocación del discípulo con el mutismo de los muertos? ¿La santificación con la secularización?”.

Para no quedarnos en negritos, chinitos y panchitos y ahora ya de la mano del Papa Francisco – véase Evangelii Gaudium – conviene recordar sus consejos:

Lo importante que sería “abandonar el cómodo criterio pastoral del ‘siempre se ha hecho así’”.

Que alguien nos ayudara a discernir como en muchas ocasiones “la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora”.

Poder cambiar el “chip” de “expertos en diagnósticos apocalípticos u oscuros jueces que se afanan en detectar todo peligro o desviación”, para que pudieran vernos “como alegres mensajeros de propuestas superadoras, custodios del bien y la belleza que resplandecen en una vida fiel al Evangelio”.

Es urgente “una pedagogía que lleve a las personas, paso a paso, a la plena asimilación del misterio. Para llegar a un punto de madurez, es decir, para que las personas sean capaces de decisiones verdaderamente libres y responsables, es preciso dar tiempo, con una inmensa paciencia. Como decía el beato Pedro Fabro: ‘El tiempo es el mensajero de Dios’”.

Conviene no divagar mucho y aprender a tener “los pies en la tierra” para poder reconocer que “[…] si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe también a la existencia de unas estructuras y a un clima poco acogedores en algunas de nuestras parroquias y comunidades, o a una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos. En muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización”.

1 respuesta a “Negritos, chinitos y panchitos”

  1. Y TODO ESTO DEL DOMUMD ENTRA EN EL FAMOSO CUARTO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS SEGUN TU JEFE EL DEMETRIO

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