Susanadiazlogía

Como a veces hay que buscar concisión e inmediatez, al supuesto intento de nuestra Presidenta autonómica, – A quien Dios guarde mucho años -, de crear e imponer como obligatoria desde Primaria a Bachillerato una asignatura sobre la tan traída y llevada Memoria Histórica y Democrática (-Al parecer será contenido curricular pero no evaluable y no empezaría aún a impartirse en el curso entrante-) lo llamaremos a partir de ahora Susanadiazlogía. Nuestra Presidenta, en los actos de celebración del 132 aniversario del nacimiento de Blas Infante, ha aseverado que “Quien quiera advertir en esto un intento de adoctrinamiento o de reabrir heridas del pasado, se equivocará. Nada más lejos de la intención del Gobierno andaluz”.

Como ya ha advertido también la Junta, se revisarán los textos escolares para que “ofrezcan información rigurosa sobre los acontecimientos ocurridos antes y después de la Guerra Civil” con contenidos basados en la investigación historiográfica. Con buena fe nadie dudaría de la ecuanimidad y cientificidad de esta tarea. Pero para facilitar las cosas – si llegará a ser útil – propondría un servidor una figura que, a buen seguro y siempre en las manos de los maquetadores del futuro libro de texto, bien podría ocupar un recuadro en las coloridas páginas del citado formato (- ya sea en la parte central de la página o en los márgenes de la misma -). A buen seguro, por condiciones que se desgranan a continuación, la figura podría entrar – y con pedigrí – en las figuras a destacar en el marco de la Memoria Histórica y Democrática.

Nuestra figura es de pueblo, de pueblo andaluz; en concreto de Ohanes, un precioso pueblo en plena Alpujarra almeriense. Su padre, herrero del pueblo, tuvo que emigrar a Granada ya que la herrería daba para poco. El mismísimo Alfonso Guerra, como en su día dijo de Juan Barranco, hubiera dicho de nuestra figura que es “hijo de peón de albañil” no en este caso sino de “herrero”. La situación en Granada comenzó no siendo muy buena por lo que nuestra figura en su más tierna infancia y en brazos de su madre, tuvo que vivir de la mendicidad a las puertas de la Basílica de Ntra. Sra. de las Angustias de Granada.

En su época como escolar entra en contacto con Andrés Manjón, fundador de las famosas Escuelas del Ave María en el Albaicín. Como muchos andaluces vivirá su propio Erasmus en la ciudad de Roma – En este punto evito hacer cualquier tipo de comentario, ironía o chiste – donde obtendrá el Doctorado. Su vida profesional -¡¡¡Un docente!!! – trascurrirá al servicio de educación de las clases más desfavorecidas – las precisamente “no casta” – en las Escuelas del Ave María, hasta que por motivos laborales es trasladado a Almería en 1935 donde muere al año siguiente: – ¡Los dramas de la inestabilidad laboral!-.

Hasta aquí seguramente no habría problema. El problema viene cuando, para hacer verdadera investigación historiográfica, se añade que nuestra figura, cuyo nombre era Diego Ventaja Milán, era sacerdote. Que fue nombrado Obispo de Almería y que ejerció como tal únicamente durante 14 meses. Que su primera Misa Solemne como obispo tuvo lugar en aquella misma iglesia en la que su madre con él en sus brazos tuvo que ejercer la mendicidad para poder subsistir. Que tuvo que ver con sus propios ojos como muchos de los padres de los niños a cuya educación dedicó parte de su vida iban a prender fuego a la Colegiata del Sacro Monte en la que vivía. Que su muerte no fue precisamente una muerte natural (fueron 13 los obispos martirizados en el período que va de 1936 a 1939) sino la muerte – y son palabras suyas – de alguien que definía su papel así: -“Quiero seguir la suerte de mis ovejas” y que muere como mártir junto con el que fue su mentor, Manuel Medina Olmos, obispo de Guadix, y otros en un lugar llamado “Barranco del Chisme”, en el término de Vícar (Almería), cuando contaba 56 años de edad. Para restar leña al asunto, se podría decir de Diego Ventaja Milán como de sus 12 compañeros de martirio, lo que Chesterton, en La sabiduría del padre Brown, afirma respecto a uno de sus personajes, el trovador Muscari: “Se conducía como si un trovador tuviese todavía un oficio bien definido en la sociedad, como un obispo. Se paseaba, por este mundo, en cuanto le permitían los usos, como otro don Juan, con espadín y guitarra”.

Dicen que la ironía no funciona en la radio. Del mismo modo imagino que en la prensa escrita – sea en el formato que sea -. Hasta aquí ha sido ironía. Lo cierto y verdad es que si en unos libros de textos como los proyectados no aparecen nombres como el de Diego Ventaja Milán estaremos en puro “adoctrinamiento”. ¡Estaremos en Susanadiazlogía!

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