La festividad del Corpus Christi

Corpus
Tarasca de Santiago de Compostela./Foto: David Simón Pinto Sáez

A fines del siglo XIII surge en Lieja, Bélgica, un movimiento eucarístico alrededor de la Abadía cisterciense de Cornillón, donde destacaba la celebración de la fiesta del Corpus Christi. Santa Juliana de Mont Cornillón (1193-1258), muy devota de la Eucaristía, que por aquellos años se encontraba al frente de la Abadía, dice haber tenido una visión en la que la Iglesia se presentaba con la apariencia de la luna llena con una mancha negra, lo que venía a significar la ausencia de esta solemnidad. Juliana comunicó estas visiones al obispo de Lieja quien invocó un sínodo en 1246, del que salió la orden de celebrar la fiesta, de aquí pasará a Roma y, más tarde, se expandirá por la actual Alemania.

Unos años más tarde, en 1263 ó 1264, en Bolsena, cerca de Orvieto, un sacerdote originario de Bohemia, mientras celebraba la Eucaristía en el lugar de la tumba de Santa Cristina, tuvo dudas de que la consagración fuera algo real. Al momento de partir la hostia, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. El Papa Urbano IV movido por el prodigio, envió al obispo Giacomo para recoger pruebas, producto de cuya investigación, el Papa promulgó la celebración de la fiesta del Corpus Domini o Corpus Christi, por medio de la bula “Transiturus” del 8 septiembre de 1264, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés. Posteriormente, será el Papa Clemente V quien, en el concilio general de Viena (1311), ordene una vez más la adopción de esta fiesta. En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia.

Llama la atención el hecho de que ninguno de los decretos papales habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración. Sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV. Finalmente, el Concilio de Trento ordena que todos los años se celebre esta festividad con veneración y solemnidad, y que reverente y honoríficamente se celebre la procesión por las calles y lugares públicos.

De aquellas celebraciones y fastos, poco o muy poco ha llegado hasta nuestros días. Centrándonos en el caso español, con toda seguridad, la celebración del Corpus toledano es, sin duda, la que reviste mayor relieve con una amplísima participación de la sociedad de la ciudad imperial, aunque no es la única, así en Peñalsordo (Badajoz) en la noche del sábado siguiente al Corpus, el sargento de la Hermandad del Santísimo Sacramento recorre el pueblo a caballo mientras se le unen los otros hermanos portando teas o jopos encendidos. Después de este recorrido todos se dirigen a la plaza, donde suben al balcón del Ayuntamiento para dar las “mojigangas”, poemas satíricos y jocosos en los que relatan los hechos más llamativos que han sucedido en el pueblo a lo largo del año. Al día siguiente, domingo, concluida la ceremonia religiosa, los cofrades forman delante de la iglesia una torre humana, sobre la que el abanderado ondea la bandera como exaltación de la conquista del castillo a los moros y cristianos.

En Béjar (Salamanca) la procesión se celebra el domingo después de la celebración del Jueves de Corpus y en ella se recuerdan dos tradiciones muy importantes: La primera de ellas es la leyenda de “los hombres de musgo” que data de mediados del siglo XII y cuenta cómo la ciudad volvió a manos de Alfonso VII de Castilla, reconquistada a los musulmanes por un grupo de hombres disfrazados de esta guisa. La otra tradición de esta fiesta es la de recubrir la calles con tomillo haciendo una auténtica alfombra por donde pasa la procesión, quedando todo este tomillo bendecido al paso del Santísimo.

La fiesta del Corpus Christi de Laguna de Negrillos, destaca por su peculiar procesión que hunde sus raíces entre los siglos XVI y XVII, siendo organizada a partir de 1648 por la Cofradía del Señor Sacramentado. Su origen como representación en un día festivo de una “moralidad” o “auto sacramental” hace que esta procesión sea una huella viva de lo que fueran los primeros pasos de teatro español, en la que San Sebastián, es el personaje protagonista de la procesión.

Procesión de la Tarasca

La Tarasca es una figura de sierpe monstruosa que se saca en numerosas ciudades durante la procesión del Corpus Christi, en la que se representa la lucha de Santa Marta con el malvado dragón de la localidad francesa de Tarascón. La Tarasca ofrece numerosas variantes según las ciudades o las villas: Famosa es la representación que realizan en Granada, donde sale acompañada de cabezudos y gigantes. Se trata de una procesión en la que un maniquí vestido por un diseñador de moda, que cada año luce un diseño distinto, “cabalga” sobre un dragón alado.

Grupo de cabezudos acompañando a la Tarasca de Granada en la procesión del Corpus de 1923./Foto: Archivo David Simón Pinto Sáez

En Valencia, una de las figuras (llamadas “rocas”) de la Procesión del Corpus Christi representa La Tarasca de Santa Marta o dragón de grandes fauces. Las Rocas son carros monumentales que desfilan en la procesión del Corpus, en la que se incorporan 300 personajes bíblicos, hasta llegar a su fin con la custodia.

En Cataluña reviste la forma del Drach en Villafranca del Penedés (Barcelona); la Mulassa, en Reus (Tarragona); la Patum, en Berga (Barcelona), etc. Esta última se encuentra documentada desde el año 1525. La celebración consiste en diversas representaciones de figuras místicas y simbólicas, que bailan al ritmo de la música y los tambores.

Recuperada a principios de 1980, en Toledo, en la víspera de la Procesión del Corpus Christi, se vive con gran expectación el cortejo de gigantes y cabezudos del s. XVIII, que acompañan a la Tarasca. En Galicia permanece viva en Santiago de Compostela y en la localidad pontevedresa de Redondela, bajo el nombre de Coca. En Torrejoncillo del Rey (Cuenca), se celebra en la noche de San Blas. En Tudela, sale delante de la cruz que abre la procesión católica, de esta forma “burla” la Real Cédula de Carlos III, que prohibió que este tipo de manifestaciones dentro de la procesión, acompaña a la figura unos 20 “tarasqueros” y una niña de unos 8 años, vestida de blanco y llevando a la tarasca con una cinta blanca, junto con la comparsa de gigantes “perrinche”, la agrupación de banderas que las lanzan y las “bailan” y músicos todos ellos ataviados con vistosos colores y reproduciendo trajes del S.XVI. Por fin, en Zamora procesiona junto a los gigantes y las gigantillas. La tarasca actual fue realizada en 1885.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *