Nada nuevo bajo el sol

Un dicho patrio asegura que los españoles, cuando no vamos detrás de los curas, son ellos quienes van a nuestra zaga. Desde principios del siglo XIX esta realidad se ha venido repitiendo con cadencia pendular. Coincidiendo con la alternancia en los gobiernos decimonónicos a períodos desamortizadores sucedían otros de restitución de bienes, pasando del anticlericalismo más cerval al clericalismo más servil, constituyendo las dos caras de la misma moneda nacional. Ya en el siglo XX pasamos de la persecución más despiadada del Frente Popular al nacionalcatolicismo tridentino.

Portada del folleto editado por la TVM anunciando las retransmisiones programadas para la Semana Santa de 1987 (Archivo Paco Román).
Portada del folleto editado por la TVM anunciando las retransmisiones
programadas para la Semana Santa de 1987 (Archivo Paco Román).

Con la consolidación de la democracia, los españoles entramos en un evidente ciclo anticlerical, aunque con excepciones dignas de resaltar: en nuestra ciudad, con mayoría absoluta comunista, fue un concejal de este grupo municipal, gran amante de la Semana Santa, hermano del Huerto y de la Santa Faz, Lucas León, quien introdujo en la programación de la TVM las primeras retransmisiones de la Semana Santa cordobesa, al principio en diferido y luego en directo, corría el año 1978 y contaron con un reconocido elenco de comentaristas cofrades, entre los que se encontraban Antonio Capdevila, Francisco José Mellado, Fernando Morillo, Ángel María Varo o su hermano Antonio.

Coincidiendo con el estallido de la crisis económica, de nuevo han resurgido las viejas consignas anticlericales ampliadas y corregidas: “Arderéis como en el 36”, “la iglesia que luce es la que arde”, “Ni Dios ni amo”, “Curas no”, “+ cultura y – religión”, “ = ignorancia”, “Iglesia facha” o “Muerte al clero”. También estamos asistiendo en los últimos tiempos al asalto de templos y capillas por elementos de la ultraizquierda populista más rancia, ultramontana, decimonónica, trasnochada, indocumentada y analfabeta funcional que sólo se mueve por prejuicios y lugares comunes, que se repiten de forma mántrica, siguiendo el modelo göbbeliano. La última es conocida por todos: la propuesta de suprimir la misa dominical de la 2 de TVE y la virulenta reacción de las redes contra quienes públicamente se han declarado creyentes y observantes del precepto dominical.

Como no podía ser menos, nuestra desdichada Córdoba cuenta con una amplia representación de esta suerte de neoinquisidores, dispuestos a arrasar con todo lo que huela a clero, sotana o incienso. En una columna anterior aludíamos a los numeritos que vienen protagonizando estos demócratas de salón, cuando se trata de atacar a los católicos. Ahí está la famosa lucha por “democratizar” la gestión de la Mezquita-Catedral, la fijación con las presuntamente fraudulentas inmatriculaciones de bienes eclesiásticos, la reapertura de la segunda puerta para el tránsito de las cofradías en Semana Santa, o el traslado de la carrera oficial a las inmediaciones del primer templo de la Diócesis. Resulta cuanto menos sintomático que, después de que se haya seguido un proceso exhaustivo y exquisito en materia de seguridad y movilidad. Después de que los representantes de todos los sectores implicados competentes se hayan reunido hasta la saciedad, dando cumplida cuenta a la ciudadanía de los avances que se iban logrando, ahora resulta que todo está mal. Y todo está mal porque para quienes están en contra de todo esto, para quienes nos niegan el pan y la sal a los católicos, ante la impotencia experimentada al no poder detener el proceso, recurren al consabido “esto no porque lo digo yo”. Si hubieran podido, habrían preferido que todo esto se hubiera quedado anclado en un limbo de debates interminables que acabaran conduciendo a la inacción. De todos es sabido que esta ciudad sobrevive, básicamente, de un sector nada boyante como es el de los servicios, sufriendo tasas de paro estratosféricas. También es conocido el impacto tan favorable que genera la Semana Santa a las arcas de la ciudad. Pero no, esto tampoco vale. Por si fuera poco, ahora recurren a sus fuerzas auxiliares, llámese movimiento ciudadano y partidos testimoniales, para amenazar con movilizaciones si no se cede a su presión. Ahora se trata de diseñar un modelo que se mueve en una nebulosa buenista y meliflua, que pretende salvaguardar los derechos de la población que se ve afectada de forma directa por “los festejos religiosos” con independencia del sentir y la voluntad del movimiento ciudadano de mayor calado de la ciudad, que no es otro que el de las hermandades y cofradías. Desde luego no hay quien los entienda. Cómo es posible que en ciudades que participan de nuestra misma cultura y tradición asuman con serenidad y estoicismo las molestias que, evidentemente, genera la Semana Santa a ciertos sectores de la ciudadanía, pues consideran, con buen criterio, que se trata del peaje que se ha de abonar para que la ciudad brille, atraiga al turismo y genere ingresos y nuevos puestos de trabajo. Al final, como siempre, nada nuevo bajo el sol.

1 respuesta a “Nada nuevo bajo el sol”

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