Nazareno

Foto: Víctor Olivencia

La fotografía a un nazareno o la paradoja de hacerle un retrato, a quien va con el rostro cubierto. De eso se trata, como en buena parte de la temática cofrade, de fotografiar cosas que son a menudo, invisibles, como el rostro de los penitentes en una procesión.

Foto: Rafa Pérez

Afortunadamente lo que se conoce como “el reflejo del alma”, queda a la vista y es a una de las pocas cosas donde nos tenemos que agarrar cuando pretendemos captar a una persona que está cumpliendo una penitencia, sus ojos. En los casos donde van descalzos, sus pies, y sus manos, sobre todo cuando no lleven guantes.

Foto: Valentín Moyano

La penitencia es un concepto no exento de complicación cuando se trata de plasmarlo en un fotograma. No tiene nada que ver con fotografiar las imágenes, donde la expresividad de las mismas es evidente, con luz y un poco de técnica se puede conseguir fotografías de indudable belleza. Acercarse a un nazareno, enfocarlo y disparar es una tarea muy simple, pero que en ese fotograma quede retratada la penitencia que va cumpliendo, eso no está al alcance sólo con la técnica. Ni la máquina, ni unos formidables conocimientos fotográficos te permitirán plasmar la esencia de una estación de penitencia, necesitarás algo más.

Foto: Rafa Montenegro

El fotógrafo cofrade, no puede ser más fotógrafo que cofrade. Sería más correcto hablar del cofrade fotógrafo, donde el sentimiento y la capacidad para comprender y sintonizar con esas personas cubiertas, a las que trata de fotografiar, le permita traspasar la tela y meterse en la piel de quien camina, a veces descalzo, en silencio, con un cirio o una cruz.

Foto: Óscar Corredera

Se establece una conexión entre el penitente retratado y el fotógrafo, de otro modo sería imposible traspasar los límites físicos de una simple fotografía a una persona cubierta de los pies a la cabeza, inexpresiva, desconocida. Si quieres retratar su penitencia tienes que sentirla tú también, tienes que notar el frío suelo aunque lleves zapatos, tienes que percibir el peso de la cruz que porta.

Foto: Lionel Díaz

Luego, necesitarás luz, es evidente. Resulta más fácil fotografiar a un nazareno blanco que negro cuando cae la noche. No todas las hermandades son capaces de mantener en la calle la misma compostura, por desgracia. Es difícil cuando no imposible tratar de fotografiar la penitencia si el nazareno sólo va disfrazado. Por eso no se trata sólo de acercarse a una procesión y ponerse a fotografiar cualquier cosa, de cualquier manera.

Foto: Francisco Javier Calderón

Y para finalizar, tener en cuenta unos detalles técnicos mínimos, no olvidemos que son personas, no podemos hacer exposiciones demasiado largas, tendremos que tener en cuenta el capirote, sacarlo entero o cortado por sitios que no estropeen la composición. Sus ojos, su cirio, importante que esté encendido.

Pero por encima de todo, la fotografía tiene que expresar por si sola el sentido que tiene el acto que el nazareno está llevando a cabo, de otro modo no se puede distinguir si estamos contemplando la fotografía de un penitente, o se trata de cualquier otra cosa.

Víctor Olivencia

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