Graduaciones y ‘seudograduaciones’

(A Carmen Chávez Caballero)

Hoy, más que nunca, se han generalizado los actos oficiales al final del curso escolar, hasta el punto de que no ha quedado un fin de semana a lo largo del mes de junio en que no se haya realizado una ceremonia de graduación. Sí, un acto que tiene lugar en el momento de recibir un título. Pero claro, esto resulta chocante y contradictorio a la vez, puesto que hay graduaciones al término del primer ciclo de la Educación Infantil, del segundo ciclo de la misma etapa, de la Educación Primaria, de la Educación Secundaria…, y así con la finalización de cualquier etapa educativa, independientemente de la obtención o no de un título.

Por tanto, cuando los universitarios culminan sus estudios, ya llevan a sus espaldas un buen número de celebraciones de este tipo y no alcanzo a saber qué valoración tienen del momento último.

En cualquier caso, mi interés hoy, era fijarme en alguien concreto; rendir un merecido homenaje a una niña (ya una mujer), que sin haberlo tenido fácil, ha logrado dar un paso más hacia su futuro, obteniendo el Grado en Educación Primaria. Sé que en este ejemplo se pueden encontrar reflejados muchos otros alumnos con situaciones complicadas; sirvan para ellos también estas palabras.

Como iba diciendo, hace ahora un mes, pensaba en la corta e intensa vida de la persona a la que me refiero. Hablaba de una niña porque tenía dos años cuando sus padres llegaron a Córdoba buscando un futuro más halagüeño. El Señor va moviendo los hilos y en esa ocasión hizo que Carmen se convirtiera desde el primer día en un miembro más de mi familia. Desde ese punto de vista, desde el cariño más entrañable que nos profesamos, desde mi admiración a tu fortaleza a pesar de tener un aspecto que puede parecer frágil y delicado, es desde el que puedo expresar todo lo que pasó por mi mente al ver las fotos de tu graduación.

Si las niñas son el “ojito derecho” de los padres, tú no ibas a ser menos. Si había un padre protector, ese era él. Pero la enfermedad no le permitió disfrutar de este día ni de tantos otros que a lo largo de estos años lo hubieran hecho sentir más orgulloso todavía de lo que ya estaba de ti. Ahí se fue mi pensamiento y hacia el mismo lugar volaría el de todos los que te acompañaban.

Has alcanzado la meta sin borrar la sonrisa de tu cara, haciendo frente a otras graves dolencias que no han sido impedimento para cumplir lo que te has propuesto.

¿Quién dijo que la vida fuera fácil? Mis mejores deseos para que pronto veas cumplido tu sueño: ser maestra. No pierdas nunca tu sencillez, tu naturalidad, tu bondad, tu dulzura… serán tu mejor carta de presentación.

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