Por lo que dicen el tamaño importa

Llevo dándole muchas, muchas vueltas, a esta afirmación que políticos e instituciones no se cansan de decir, en todos sus discursos, como algo de prioridad  económica.
Según afirman el tamaño de nuestras empresas es importante.
Parece ser que es ilógico, por ejemplo, que dos o más almazaras convivan en un mismo pueblo, hay que unirlas y crear una única. Según comentan, esa unión hace posible el ser más fuertes y crecer.
Las palabras monopolio y falta de competencia no se mencionan porque… ¿hemos sobrepasado la barrera de esas poderosas palabras?.

Reflexionando, me pregunto, si hemos sido unos valientes y decidido ser empresarios, entiendo que somos SOLO nosotros los que debemos preguntarnos si queremos crecer, por qué queremos hacerlo y si con un tamaño mayor estaríamos mejor. Y no vernos administrativamente amenazados por no querer unirnos o cambiar el tipo de sociedad empresarial que queremos ser.
Ante toda esta maraña de opiniones sería importantísimo, a mi parecer, frenarnos y analizar que nos piden nuestros clientes, que está haciendo la competencia y los mercados hacia donde se dirigen. Sin lugar a dudas, si hablar de tamaño supone que los retos son fundamentales para crecer en talento y nunca acomodarnos, estaría totalmente a favor, pues el gran peligro de toda organización empresarial o institucional es éste y SOLO éste.
Y aquí es donde nacen mis afirmaciones.
Hay dos tipos de crecimientos que la mayoría de los políticos e instituciones desconocen porque no tienen ni idea de lo que es el mundo empresarial. La estructura puede crecer pero a costa de qué, por muchas subvenciones que nos den, el desgaste del equipo humano es brutal, quien se queda, quien se marcha, quien es corruptible, quien no… porque en una unión sobra siempre gente.
Y, por otro lado, no podemos dudar que el crecimiento pausado, seguro, con una accionario profesional que habla de re-invertir y crecer, promocionando a su gente y creando mayores responsabilidades desde la exquisita humildad de la vanidad, es un éxito frente a la firma apoteósica de una unión que sale en todos los medios como la solución a los problemas mientras ves alrededor a los miembros, de esas empresas, blancos como la pared esperando saber qué va a ocurrir con sus vidas y si será una oportunidad o todo lo contrario. Eso sí, con el afán de intentar ser algo objetiva, ciertamente en épocas de crisis, todos afirman que existe una mayor vulnerabilidad en las empresas nacidas como microempresas frente a otras de mayores dimensiones.
Y cierto es, que no son inusuales estas empresas en España. No olvidemos que las pequeñas y medianas compañías son mayoría en la estructura empresarial española, representando más del 90 por cien del tejido empresarial.
Pero aunque se nos machaque diciendo que no tenemos capacidad de autofinanciación, comercialización, ni capacidad productiva ni de innovación y, menos aún, de internalización. Permítanme que les muestre mi visión.
Muchos agoreros han profetizado el que sólo quedarían esas grandes y poderosas empresas y les planteo las siguientes cuestiones.

Con nuestra estructura, pequeña o mediana, no necesitamos acudir a un gran mercado. Por un lado, estos mercados están dominados generalmente por grandes empresas, bien establecidas y que llevan mucho tiempo operando. Por otro lado, no puedo también negar que hay actividades económicas solo para los grandes.
Pero eso no son inconvenientes, las pequeñas y medianas empresas nos centramos en aquellos nichos, de menor volumen, donde los perfiles son consumidores que tienen unas necesidades específicas, y ahí vamos bien. Que unida a esa atención directa hace que fidelicemos esos mercados y clientes, quienes tienden a relajarse y trabajar entre “amigos”.
Por ello, en una empresa de menor estructura es todo más sencillo. Todo el personal ve una visión global del negocio, la información fluye con rapidez, los equipos de trabajo son fuertes y muy consolidados y los conflictos o errores interiores producen un crecimiento brutal para la organización.
Por ello las empresas pequeñas somos más flexibles, el cambio de estrategia es posible, nos adaptamos muy rápido al cambio, a las necesidades que sobrevienen. ¿Realmente esas épocas de crisis son tan dañinas?
No todo está en ser el que más factura, las grandes están vendiendo vinos, cereales, aceites, aceitunas y hasta a “la vecina del cuarto”, ¿por sus grandes conocimientos o por otras causas?.
Ni por la facturación ni por menor estructura, estoy de acuerdo se destruya empleo, lo que ocurre que gente buena no hay tanta que se entusiasme por un proyecto estable, prima más la peseta y la vanidad de algunos y, por supuesto, que en una pyme están expuestas las debilidades del profesional, cosa que en una empresa de otra dimensión el equipo padece, sufre a ese profesional y suele salir inmune su ineptitud. Y no encubramos empresas que por el cambio de mercados no atendidos a tiempo, una mala gestión, u otras miles de causas, han hecho que sólo el unirse a otras sea su solución. Realidad muy diferente a la de un negocio empresarial competitivo, profesional, internacional, flexible y de cercanía que ayuda a la internalización y al crecimiento de la compañía en tamaño, perdurabilidad y equipos excelentes de personas e inversiones. Donde su fin, nuestro fin, debe estar en seguir haciendo posible que nuestros productos cordobeses traspasen fronteras y la marca CORDOBA se respire y se conozca por todo el mundo y, como no podría ser de otra forma, también llegue al cordobés con la frescura y cercanía que nos caracteriza.
Así que señores, para mí el tamaño importa pero no como algunos ven y promocionan.

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