Yo me lo pensaría antes

Vivimos una época convulsa a muchos niveles, sociales, económicos, políticos y hasta deportivos. Momentos en los que nos lanzamos a dar nuestra opinión más contundente, a efectuar la crítica más atroz o a tomar partido por una idea sin plantearnos las consecuencias o el por qué de su origen. Y creo que en el fondo lo que nos falta es pararnos, parar un poco y reflexionar. Lo que me dijeron mis sabios maestros, que cada noche, al acostarme, empleara unos pocos minutos en recapacitar sobre lo que había hecho, sobre lo que había dejado de hacer y sobre los problemas surgidos a lo largo del día. Y esa recomendación me vino bien, la seguí cada noche, y, como me sirvió, la trasladé después a mis alumnos. Reflexionar, recapacitar un poco sobre las cosas más simples y ver si mi opinión cambiaba o no de lo hecho o dicho del momento en que ocurrió, a ese otro del fin de la jornada en que daba un repaso a mi día.

La reflexión también ocupó el tiempo del deporte, la actividad que ha ido llenando el resto de esa vida que me quedaba tras mi familia, mi trabajo y mi ocio. Conseguí ver las cosas de diversas formas, buscarle a los problemas varías posibles soluciones para conseguir quedarme con la más correcta y considerar las críticas y los halagos desde distinto prisma. Sólo así llegué a la conclusión de que lo que en principio vemos claro no lo es tanto, de que la primera impresión no siempre es la válida y de que lo que criticamos y catalogamos como error puede tener su sentido o es la realidad.

El fútbol es el mejor vivero para esa reflexión de la que les hablaba. Asisto a la controversia que se instala en el cordobesismo sobre la situación actual del equipo en la tabla clasificatoria. Un entrenador que iba recibiendo ruidosas pitadas cada vez que su nombre se anunciaba por la megafonía del Estadio, jugadores silbados a las primeras de cambio, al primer fallo en un control o en una entrega, críticas a la plantilla a la que se tacha de limitada, poco ambiciosa y apática…Por favor, paren y reflexionen. Los dardos están siendo lanzados sobre la diana equivocada. Yo no voy a decirles quién o quienes deben ser considerados los culpables de esta situación. Solo les pido que reflexionen unos minutos, en algún momento del día que tengan libre. Ustedes mismos encontrarán dónde están los culpables de esta temporada ruinosa y esperpéntica.

Nací aquí y llevo toda la vida detrás del equipo de mi tierra, desde que tengo uso de razón y me llevaba mi padre al viejo Arcángel. Desde los años 50, la década del nacimiento de este Córdoba Club de Fútbol del que he visto todo. Aunque eso no quita que además sea seguidor del Atco. de Madrid, por la fuerte relación desde hace muchos años entre ese Club y una parte de mi familia. Soy accionista y abonado nº 122 del Córdoba, más de 40 años ininterrumpidos ya. Y también lo soy del Atlético al que voy a ver a Madrid cuando hay un buen partido en la cumbre liguera o una noche de Champions en ese espectacular Wanda Metropolitano. Pues bien, también allí yo aconsejaría reflexión. Ahora que las cosas no van tan bien como estos cinco años pasados se empiezan a oír críticas a un grupo de jugadores, a su juego y a su entrenador. Todos queremos caviar a precio de foie-gras pero habrá que reflexionar sobre lo que ese técnico ha conseguido y sobre el presupuesto que maneja este Atlético que es menos de la mitad de sus grandes rivales Real y Barça. Y pensar que esta plantilla es la misma del año pasado y que volvía loca con su juego a la afición del Calderón…El crecimiento social de ese club es increíble, el futuro más que interesante, pero muchos no recuerdan que hace sólo 15 temporadas el equipo jugaba en Segunda y que el Club a punto estuvo de ser devorado por sus propios hijos. Todo se arreglaría reflexionando unos minutos.

Yo les diría que siguieran los consejos de parar y reflexionar. A los colchoneros y a los cordobesistas, a éstos les digo que no sólo los recibí de mis maestros del Colegio sino de quienes han sido santo y seña del cordobesismo. Esos que también fueron criticados en diversas etapas pero que ni cobraban sueldos del Córdoba, ni dietas, ni partían y repartían dividendos. Y ya saben aquello que se dice del que parte y reparte…aunque mejor no hablar de dinero que es una ordinariez.

Lo dicho, yo antes de hablar me lo pensaría.

 

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